Sobre losetas de olvido

Hay una canción que me hacía sentir, que detonaba en mí rosarios de emociones, ansias y deseos. Esa canción hacía que me dolieran las distancias, que celebrara cada abrazo y perdiera la cabeza en cada beso.

Hoy esa canción no tiene significado para mí, simplemente me deja insensible.

Cuando mis emociones despertaban gracias a esa canción, yo creía en muchas cosas, el futuro lucía amplio, como el cielo y el mar, y el presente perpetuo como una película sin fin. La juventud es un cierto tipo de ceguera y la vejez trae consigo, cuando no el desencanto, un cinismo llamado realismo, que es como torear para sobrellevar la vida, sin necesidad de lastimar animales.

Había un rostro que yo solía añorar imagino que el tiempo habrá hecho de él una cara irreconocible o una caricatura del que conocí. De aquel rostro no puedo empalmar las facciones, ahora es como una nebulosa en la licuadora de mi mente.

Esos “para siempre” no duran ni lo que una vida y en realidad el “nunca” ocurre todos los días.

La historia con ella prometía, sonaba bien como melodía desencadenada o sinfonía que transporta; fue ese tipo de amor tan bonito como un cuento que quisieras fuera cierto. Pero las hadas no existen y una zapatilla de cristal se rompería al primer cha cha chá.

Además, el tiempo termina borrándolo todo. Yo aún puedo escuchar la canción que te dije, pero imagino que la insensibilidad siempre antecede a la nada.

El cartero siempre llama dos veces, y yo llamé hasta siete veces siete a esa puerta.

Hoy no quedan ni ruinas de aquello, quizás un vago recuerdo.

Norma Desmond y Valentino bailan tango sobre losetas de olvido.

tango

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Soñé contigo

Soñé contigo, y como siempre terminé despertando.

Soñé contigo, con fiestas y vino, pero luego no tuve nada que celebrar.

Soñé contigo, y te llamé para contarte mi sueño,

pero sólo conseguí el vacío repetido.

Sigo soñando contigo,

las más de las noches y casi todos los días.

Sueño contigo con amor y con respeto,

con cariño compartido,

sin afectar al interfecto que sigue vivo en tu olvido y en mi recuerdo.

Soñé contigo anoche,

y te pensé a la luz del día.

Me la vivo esperando revivir con tu persona

un pasado real y también el imaginado.

Sueño contigo, te deseo,

pero respecto a ti no puedo hacer nada más que soñar.

Se supone que debe ser bello

Cuando tu nombre es magia, tu presencia parece serlo todo.

Tu ausencia, como es lógico, significa la nada.

Invocar tu nombre es alterar el ritmo del corazón,

Estar contigo es perder la lógica, olvidar los malos momentos.

Lo único malo es que pareciera que en dicho enamoramiento yo dejo de ser,

Como si únicamente existiera en función de tu persona.

De ahí que cada separación sea siempre un suplicio,

Mayor cuanto más grande es la distancia.

Es bonito quererte, pero no es grato sufrir tanto,

Lo que más quisiera es amarte en la independencia.

Ojalá no necesitara altas dosis de ti a cada rato.

Que tu nombre fuera algo grato siempre,

Y no sólo cuando estás conmigo.

Eso quisiera, pero cuando manda el corazón,

Difícilmente hay razón, aunque ésta se incluya en su nombre.

¿Y a ti te amaba yo tanto?

Cierro los párpados y de tu rostro recuerdo vagamente dos ojos, una nariz y una boca.

Tus rasgos ya no están en mi cabeza como antes.

¿Y a ti te amaba yo tanto?

He olvidado completamente el tono de tu voz, la suavidad de tu piel y el aroma de tu pelo.

No recuerdo tus gustos, tus ideas ni tus opiniones.

Olvidé también todo aquello que debilitaba las murallas de tu corazón.

¿Qué pasaría si volviera a verte? A ti, a quien tanto creí amar.

De seguro te reconoceré, pero…

¿Se alterarán mis latidos?

¿Se dilatarán mis pupilas?

¿Me temblarán las manos?

¿Se acelerará mi respiración?

No lo sé, pero espero no verte otra vez.

Por lo menos no verte hasta el día en que yo haya olvidado por completo que…

Tu rostro tenía dos ojos, una nariz y una boca.

El tiempo no cura, sólo va acabando con nuestra memoria.

Vida

Laberinto con paredes de espejo, atiborrado como el tren subterráneo en hora pico. Ratones en insensata carrera y minotauros con furia o diarra. Así es la vida en la ciudad.

Despedidas de gente que quisieras que no se fuera, permanencias insistentes de personas cuya cercanía ya no deseas. He visto mucho, igual no demasiado aún, pero he notado que a pesar de los cambios aparentes, todo en el fondo es igual. Así es la vida en general.

Cinco mueren mientras otros diez nacen, quinientos mienten mientras uno dice media verdad. Nos quejamos de los gobernantes, pero en el fondo casi todos diríamos que sí si se nos ofreciera el poder, y con algarabía nos corromperíamos en mil pedazos. Así es la vida en nuestro interior.

Los viajeros cansados dejan empolvar sus maletas y los sedentarios se ufanan de haber viajado por todo el mundo desde su computadora o su televisión. La gente es la misma aquí y en China, sólo varían las complexiones y los colores. Nadie es superior, nadie inferior en tanto a razas, todos somos la misma moneda de cara sublime y cara jodida echada a suertes en la vida.

Las conductas y las ilusiones sólo cambian de apariencia, en tanto que el tiempo es circular. Ya olvidé quién dije que sería yo, tampoco recuerdo las personas que fui. He visto rostros lozanos ajarse con los años y también los he visto volver a nacer. Aunque nada cambie y me diga a mí mismo en momentos que todo es igual, descubro que todas las cosas son variaciones mágicas de una sola maravilla y sólo por eso vuelvo a respirar.

Lejos (desde un lugar del “primer mundo”)

El deseo arde como la leña en el fuego, pero la fogata está a gran distancia. Te encuentras en donde está mi hogar, mi pertenencia, y yo ajeno en el extranjero.

Aquí se respira destrucción bajo el orden obligado, sólo por hacer dinero me desterré. Los muertos son como raíces podridas y el fruto aquí es el oro a crédito y todo lo que se puede comprar con él, lo demás es lo de menos.

La pureza presumida es una mezcla engañada, la princesa dormida no despierta con un simple beso.

El tiempo se hace odioso, pasa lento en apariencia, pero deja su carga de decadencia en mi cuerpo. Enfermo con salud, así me siento.

Vacío en la abundancia. Que triste lamento.

Lo perdido no podrá recuperarse, el destino seguro nos tiene guardado un final macabro y sigo pensando que de habérnoslo propuesto lo pudimos cambiar.

Los caminos llegaron todos no a Roma, sino a un callejón sin salida.

La próxima parada puede que sea otro infierno.

Identidad

Enamoramientos unilaterales y monógamos.
Ilusión, un truco nada por aquí, nada por allá, el espejismo en el desierto para el que se muere de sed, todo en un teatro vacío.
Corazones estrujados, son el pavimento de nuestras calles.
Obra de sombras y música que en nada se asemeja a la de Tailandia. Demasiada Disneylandia, demasiado aislamiento de la realidad.
Enamoramiento del avestruz que tiene la cabeza cadavéricamente blanca de tanto conservarla bajo tierra.
Y creí que eso es amor…
Ideales inalcanzables que revolotean entre el Olimpo y las más melosas comedias de Hollywood.
Werther se cortó las venas con las páginas de una novela rosa.
El primer choque con la realidad fueron unos senos bien formados en una película y una revista guarra titulada “La noche de bodas”, vil pornografía de secundaria.
En el lugar de donde vengo no hay suficientes escuelas y sólo hay como tres maestros… con vocación.
Pasan los años y la pieza no encaja, pero el hombre es un ser social por naturaleza. Lo dicta la especie, lo lleva en la sangre.
Sin embargo en las ciudades todos estamos aislados, parecemos náufragos desesperados por asirnos a algo que flote. Cualquier cosa.
Creer que tus manos vacías tienen algo que ofrecer es sólo un sueño, en ellas nada más que aire y falsa ilusión.
Una vez que despiertas y mientras te alejas te cantan la barca de oro y si estás a la distancia no falta quien llore por la canción Mixteca y extrañe los tamales dulces y salados.
El mundo es grande, hay mucha gente, pero el que no encaja nomás no encajará, por más vueltas que dé, hasta que se entere que es como los demás, y entonces, si no se fija, pierde la identidad y empieza a brincar como los borregos, a ver salmones nadar, en sentido contrario, corriendo en la dirección corriente.
Llega un momento en que no puedes ser más que tú mismo, no importa qué camino hayas tomado, ya no hay marcha atrás.
Fundido en vida con el todo o esperar a ser parte del todo hasta después de morir.
El ángel que cayó más bajo se ríe desde su trono subterráneo, al menos él ya está acostumbrado.
Dizque más vale ser rey en el infierno que uno más en el cielo.