El artista que vive más de la cuenta

Triste

el tiempo nos va deslavando, descarando, descarapelando, y nos hace víctimas de la decadencia

el artísta se repite, se desespera por recuperar sus glorias añejas, recurre a la fórmula ante la imposibilidad de reinventarse

los seguidores comienzan a malbaratar y regalar las obras de aquel que ayer admiraban

esos tesoros que realmente no valían mucho más que un sentimiento, ahora valen menos que un grano de arroz quemado

los aplausos se apagan, los clubes de fans van cerrando poco a poco, a las presentaciones del artista sólo acuden algunos vejetes calvos que también buscan en el pasado algo que valga más que su jodido presente

así se va poniendo todo gris

así hasta el día de la muerte del artista, antes tan admirado, cuando llega su deceso verdadero (no el primero, ese que experimentó mientras seguía respirando y fue olvidado) es que empezarán los homenajes

el último adiós que le hacen muchos como para expiar las culpas de la desmemoria

un minuto de silencio, el primer instante que es una muestra de lo callado que será el resto del porvenir

Todo pasa, todo se olvida

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¿Y a ti te amaba yo tanto?

Cierro los párpados y de tu rostro recuerdo vagamente dos ojos, una nariz y una boca.

Tus rasgos ya no están en mi cabeza como antes.

¿Y a ti te amaba yo tanto?

He olvidado completamente el tono de tu voz, la suavidad de tu piel y el aroma de tu pelo.

No recuerdo tus gustos, tus ideas ni tus opiniones.

Olvidé también todo aquello que debilitaba las murallas de tu corazón.

¿Qué pasaría si volviera a verte? A ti, a quien tanto creí amar.

De seguro te reconoceré, pero…

¿Se alterarán mis latidos?

¿Se dilatarán mis pupilas?

¿Me temblarán las manos?

¿Se acelerará mi respiración?

No lo sé, pero espero no verte otra vez.

Por lo menos no verte hasta el día en que yo haya olvidado por completo que…

Tu rostro tenía dos ojos, una nariz y una boca.

El tiempo no cura, sólo va acabando con nuestra memoria.

Letras y palabras

Letras.

Como si hubiera necesidad de presumir una nueva combinación de ellas.

Como si de verdad pudieran reflejar los sentimientos, acercar a la persona que más se quiere y alejar a quien ya no se desea ver más.

A veces funcionan y son el conjuro correcto, pero no parecen ser efectivas para los inseguros, para los testarudos y para los que dudan (más allá que para comprobar que existen).

Una correspondencia no correspondida e interrumpida porque ya no me importan las respuestas que se me puedan dar por la relación irreverente y totalmente carcomida.

Olvidemos las palabras cuyo sentido está hoy extraviado.

Palabras.

Como si hubiera necesidad de enterarse de vidas ajenas, de las imaginaciones de otras personas, de los sueños de otros dueños o de las ideas distintas a las de uno mismo.

Palabras, sólo palabras.

Se habla y se las lleva el viento, se escribe y se cubren de olvido; así como les pasa a algunos sentimientos.

Letras que no quedarán grabadas para siempre, ni las de mi lápida, ni en la tuya, ni en la tumba de nadie; al final todo está escrito en arena.

Sin embargo nos empeñamos en hablar, en escribir, en presumir lo que pensamos, el mundo no cambia y este mal no tiene cura (ni sacerdote).

Yo por eso te doy estas letras de cambio, para que cambiemos nuestras vidas, no por otras, sino que tomemos los rumbos que nos corresponden y que cada quien siga su destino, ya que juntos los caminos no hacen uno, debido a la incompatibilidad inherente e incoherente.

Otra despedida, sin adiós, para nadie.

Me quedo con las letras para describir fantasías privadas y exhibirlas en un aparador electrónico, como en una casa de cristal en la que no se revela nada realmente.

Cierro las cartas abiertas y reabro la mezcla mágica de sonidos silenciosos en papel (o en pantalla).

Besos de verano, lágrimas de invierno

El salón de la parroquia católica, donde de lunes a viernes a partir de las 9 de la noche los alcohólicos usan su anonimato para tratar de curarse ese mal progresivo y mortal que hace reír tanto a Baco y a los sobrios; y donde los sábados por la mañana se imparte el catecismo hueco a niños que comulgarán automáticamente tras su Primera Comunión.

Un salón mediano, con pisos de plástico y lámparas alargadas de neón, una de las cuales parpadea con tics de marinero retirado. Hoy no hay niños, ni borrachos en intento de recuperación, sino una celebración de ancianos en su tarde libre del asilo.

Tarde de karaoke, presentada por una mujer de 52 que se siente un chica, una rosa lozana y fragrante en medio de tanto olor y apariencias añejas. La “chica” interpreta grandes éxitos de hace 60 o 70 años, que traen recuerdos a las honorables personas de blancas cabezas.

Algunos de ellos sienten que las canciones de Bill Haley siguen siendo tan vigentes como las de Elvis. Y en realidad lo son, simplemente dejaron de estar de moda hace muchos otoños. Otros recuerdan viejos romances en pistas de baile, donde había muchas connotaciones sexuales que nadie les creería haber vivido hoy en día. Un anciano tiene pensamientos que ni el Viagra puede hacer realidad, el “Blues de la erección” sería la canción si pudiéramos rimar lo que el señor piensa. Algunos se paran a bailar, es curioso que la ancianidad sea alcanzada más por las mujeres que por los hombres, quién sabe, quizá con el avance del feminismo también en ese rubro habrá igualdad pronto. Así que muchas bailan solas, como solían hacerlo las Madres de la Plaza de Mayo, sólo que estas lo hacen a ritmo de Chuck Berry.

Sin levantarse de una silla, una mujer de saco rojo, que está más cercana a los 85 que a los 79, mira a sus compañeras un momento y siente que se abre una nueva grieta en su corazón. No le gusta esta caricatura de vida, esta amarga memoria de lo que fue, no entiende por qué son felices ni por qué no rompen a llorar. Ella aguanta sus lágrimas trabajosamente, mira con envidia a la “chica” cincuentona que canta, pero no con tanta, pues sabe que no es tan joven y que ya cruzó el umbral de la decadencia. La venerable del saco rojo añora la vida, los tiempos de independencia, cuando los errores no costaban tan caro, los tiempos previos al momento de haber sido botada en la casa de desechos humanos, donde la única cosa que se puede llamar esperanza es la muerte, y a veces esta tarda demasiado en llegar.

La mujer del saco rojo tiene gran fuerza de voluntad, no llora, además la mejor prueba de su voluntad es que ha llegado a acumular todos estos años, sin embargo hoy se pregunta “para qué”, con más intensidad que en otras ocasiones. Al menos en el asilo todo es gris y triste, continuo y uniforme, esta dizque celebración y recuerdo de glorias pasadas no le está ayudando en nada, y es como una bofetada en la cara que le hace presente lo que ya se pudrió en el pasado.

La mujer del saco rojo continúa callada, hundiéndose en una depresión que creía haber dejado atrás usando una impuesta automatización. La animadora desangelada de cinco décadas canta una de Elvis, y las demás viejecitas parecen dulces y alegres porque creen que recordar es vivir.

Summer kisses, Winter tears…

Una vez más, como los días de antes

Una vez más, como los días de antes son los días de ahora, todo igual.

Nadando en la turbia pecera de ese olvido, hijo natural del descuido.

De nuevo en el mismo sitio, para el que involuntariamente acostumbras comprar boleto.

Tu típica mala apuesta en el tradicional y hediondo mal juego.

Una vez más en una burbuja de silencio, mientras afuera suda la noche bulliciosa.

Estás así por haber cambiado lo más por lo menos, asfixiante cambalache que te dejó vacío.

Contemplando, frío, el polvo que dejó tras su carrera el sueño fugado.

Te sientes como los que simulan indolencia en la sala de espera del infierno.

Y no hay de otra, más que aceptar como siempre la derrota.

No queda más que contemplar el lento desfile gris de las horas.

No es posible conentrarte, es imposible abstraerte o sustraerte.

Fiera con jaqueca en la jaula de ese olvido, cosecuencia lógica del descuido.

El tiempo se llevó todo, incluso metió en su arcón a las musas,

Dejándote solo en estos momentos arduos de sobrellevar.

Es la prisión en la que convertiste tu libertad.

Una vez más, años después casi todo es igual.

Una vez más, como los años de antes, son los años de ahora, todo igual.

 

Agosto 2005

fagin

Nadie sabe lo que tiene…

Qué orgullosa lucías cuando caminabas a mi lado, en los tiempos que yo te miraba por encima de mis hombros.

Qué brillantes sonrisas iluminaban tu rostro siempre que estábamos juntos, antes de que descubrieras que yo estoy tan incompleto.

Qué voracidad se veía en tus ojos cuando preguntabas por mi vida, cuando querías descubrir todo de mí, apreciando incluso las fallas que no se pueden ocultar.

Pero sólo fui capaz de ver todo eso en ti hasta después de separarnos, cuando seguimos diferentes rutas y ya no había manera de volver.

Qué poco valoré tus ideas cuando estuvimos cerca, entonces nunca presté atención a tus palabras, salvo a aquellas que eran elogios o preguntas sobre mí.

Qué insoportables me resultaban tus amistades, de quienes te aislé durante nuestra relación. En un principio simulé que eran agradables, pero estaba tan seguro de ti que las desterré, haciendo que sólo giraras en torno a mí.

Ya no estás, y es ahora cuando más te aprecio e incluso te necesito. Mi pozo seguirá abierto aunque ya no se ahogará nadie en él. Ya no estás, y no hay forma de rellenar este hueco en mi alma, pues tiene tu figura y nadie más puede encajar. De ti sólo me queda el eco de tu voz en mi mente y la memoria de tu hermosura. Un gélido frío usurpó el puesto de la grata calidez.

No sé qué hubiera sido de nosotros de haberte yo valorado desde el inicio, pero igual todo se hubiese desgastado y termináramos igual de distanciados como ahora.

De nada sirve formular hipótesis con tela de fantasía. Quizá lo mejor sea olvidar.

tree

Olvido

Honestamente no sé a qué se debe lo que no se adeuda, y tampoco me acuerdo de lo que había al otro lado del agujero negro. Dicen que por mi falta de memoria soy un caballero.

Las palabras que salieron de mi boca se fueron con los cien pajarillos que echaron a volar, y valían más que el pájaro ajeno que sostienes ahora en tu mano.

Los colores no hablan, sólo brillan; los derrotados sólo gimen y chillan. No recuerdo a qué se debe lo que no se adeuda, como también olvidé la manera de afinar tus cuerdas.

No recuerdo bien mi primera noche en este mundo, pero comienzo a recobrar la idea de lo que es ser totalmente feliz por aquí.

Me gusta, en ocasiones, ser un solitario sin llanura, claro que a nadie le gusta ser un abandonado, porque eso no es más que amargura.

Las caricias son efímeros tesoros para la piel, en parte por eso debería estar prohibido decir “para siempre” y también “nunca jamás”.

No recuerdo mi primera noche en este mundo y tampoco recuerdo haberte conocido. No recuerdo bien nada de lo que creí conocer, tampoco sé si alguna vez supe convertir tu plomo en oro.

No me tomas en serio cuando hablo seriamente, y haces lapidarias mis frases cuando bromeo. La vida es redonda, como lo es la Tierra, como lo es el futuro y como lo son las monedas.

Mis palabras se pierden en tu laberinto, con tres minotauros que tienes a sueldo pagado por tus sentidos.

Fuiste mi todo siendo en realidad nada, y tras la tormenta, llega siempre la calma.

No recuerdo haber usado mezclilla, como tampoco recuerdo cómo eran tus sonrisas.

 

Water Forget-me-not or True Forget-me-not or Myosotis scorpioide