Nadie sabe para quién trabaja (los 7 onanos)

Los siete onanos recibieron en su casa a Blancavienes, hogar repleto de mil aromas machos y 10 mil fantasías sexuales por cumplir. La muy joven Blancavienes huía de una madrastra que disfrutaba de la crueldad y la vanidad en cantidades similares, salvaje mujer madura que quería desangrar a la chica en fuga para darse un rejuvenecedor baño de plasma carmín en su tina del destino.

Los siete onanos jamás actuaron desinteresadamente con Blancavienes, motivados principalmente por la descomunal fuerza de sus hormonas y el llamado de la selva de su instinto, vieron en la joven una gran oportunidad de perder sus virginidades, lastres que venían arrastrando desde sus adolescencias. Pero no es lo mismo una para todos que yo voy antes que los demás, esta la ley impuesta de la territorialidad, base del contrato social y la propiedad privada. Es mí mujer y yo la vi primero, decía cada onano. Así, entre peleas, discusiones y refriegas preservaron, muy en contra de sus siete imperiosas voluntades con fiebre del logro, la pureza de la blanca doncella, quien se durmió de mero aburrimiento ante las batallas que los onanos en celo sostenían entre sí, por ella, un nevado objeto del deseo. Mujer de todos es en realidad dama de nadie.

La buena chica durmió sola e inmaculada, intacta y con su pureza preservada hasta que llegó a despertarla el no invitado príncipe desflorador, quien pasando por allí vendiendo filtros de agua, se la robó en un descuido de los apasionadamente ciegos onanos que seguían peleando.

Y así fue que los siete siguieron en su onanismo prístino y virginal, mientras el príncipe se alejaba domando la lujuria de la suave grupa albina de Blancavienes, para vivir felizmente infelices para siempre.

Al menos, en lo que se refiere al sexo, muchas veces nadie sabe para quién trabaja.

enanos

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Renuncia

Ignoro cuáles sean tus ilusiones, de hecho sin notarlo has borrado las mías. El camino que tenía yo tan seguro terminó en un callejón, de esos que no tienen salida. Dices que quieres estar conmigo, cuando en el fondo no me soportas, ¿por qué se necesita perder algo para entonces realmente valorarlo? Mi memoria es mala, pero mi rencor a veces parece de acero, por esa razón es probable que jamás me dejen cruzar las puertas del cielo. Ojalá no dijera todo lo que pasa por mi mente, ahora sabes porqué de la mesa de juego siempre salgo perdiendo. La responsabilidad es compartida, si es que hay culpable, lo somos quienes estuvimos involucrados. El juez es parte y además comparte todo, excepto la sentencia. Tras el atraco el botín fue dilapidado y como siempre en esos casos sale ganando quien no intervino en la historia. Nadie sabe para quién trabaja. Por eso me gustaría presentar mi renuncia oficial, por triplicado, para que ya nadie piense que quiero continuar. Por eso me voy, y aunque me veas yo estaré en otro lado, lejos aunque me escuches platicar. Todo lo que tomé consciente o inconscientemente lo he pagado con intereses, y no estoy dispuesto a pagar los platos que rompen otros. Me tomaré el siguiente tren hacia ningún lado y ahórrate mejor el dinero de la despedida y las intenciones, que más tarde lo puedes necesitar. Te dejo poquitas palabras y buenos deseos, y lo más limpio posible el espacio vacante que otra persona vendrá a ocupar. ¡Buena suerte para todos!