Historias comunes

Había una mujer que tenía sueños e ilusiones en cada momento de su vida.
Había un hombre que parecía expresar claramente todo lo que sentía.
Sueños y palabras, son tan similares en el hecho de que a veces ambos distan demasiado de las acciones y corren el riesgo de convertirse en semillas de decepciones.
Hay cierto tipo de historia, que es más fecuente de lo que creemos, que conjuga personajes como los arriba mencionados.
Una mujer que prácticamente suspiraba en cada respiro y un hombre que jugaba con diversas palabras para decir lo mismo.
Se encontraron, se emocionaron y más temprano que tarde alguien se cansó del juego, igual las dos partes, y comenzaron a experimentar lo que se conoce como soledad en compañía. A ese baldío desolado no tardó en llegar una tercera persona.
Pudieron optar por la indiferencia puntual, por la negociación resignada o por las guerras con distinto grado de violencia (de la verbal a la puñetera, que no es igual a la autosatisfactoria), pero sin importar el camino que hayan decidido recorrer en su extravío sadomasoquista, hubieran terminado siempre en el mismo punto.
Mientras tanto, alguien en algún otro sitio, que soñaba, se ilusionaba o jugaba con las palabras, reinició el juego, dando comienzo a otra historia similar a la arriba esbozada. Sonrisas, besos, regalos y compromisos, halagos, caricias, perfumes, posiciones… hasta agotar las variaciones, para darse cuenta de que no había nada más que eso y llegar a puntos comunes, la misma película.
Historias con diversos principios, con leves variaciones, historias que comparten el final similar.
Anuncios

Verte de nuevo

Verte de nuevo no fue en absoluto una alegría, en realidad resultó ser una tristeza.
Como el perro bíblico que vuelve a su vómito, como el que regresa al lugar donde fue feliz,
el necio que con emoción acude al llamado de las sirenas, a pesar de las advertencias.
Lo que el viento se llevó no debe tener segunda parte.

Verte de nuevo fue sacar de la memoria algunos recuerdos, pocos buenos y muchos malos.
Fue realizar un absurdo que carece de sentido. Como crecerse al castigo.
Resucitador electrónico para el Lázaro que llevaba 4 años muerto.
Obtener de a gratis el mal sabor de boca que deja el perder tiempo en vano.

¿De qué sirve ponerse al día con alguien que dejó de importar?
¿Realmente hay necesidad de comparar?
¿Morbo por saber cómo me las he arreglado sin ti?
¿Constatar que aún me importas?

Verte de nuevo fue romper un encanto, constatar feamente que el tiempo no perdona.
Comprobar que igual sigue uno siendo idiota, pero que en el pasado mi mal era más grave.
Hay gente que para nosotros debe permanecer muerta en la mente,
y sólo nos queda desearles mucha buena fortuna, pero lejos, muy lejos de nuestro lado.

Números

El número de escalones que hay de aquí al Cielo es igual a la cifra de buenas acciones que realizarás durante los días que le restan a tu vida. No hay elevador, dicen, así que cuida tus pasos, y aunque no existiera el Cielo, debería ser reconfortante saber que no eres un suplicio existencial en el número de respiros de los demás.

El número de golpes que alguien tiene que darse antes de conseguir lo que más desea, es equivalente al número de hombres que buscan eso mismo, creyendo que es lo que vale la pena.

El número de veces que iré a buscarte, será directamente proporcional al número de mis decepciones o de mi estupidez necia. Como el niño que no aprende tras quemarse demasiadas veces con la misma vela o el can que se alimenta del mismo vómito mil y una veces. Por eso te recomendaría que desde ayer ya no me esperes, porque sospecho que estoy en el circo, bailando entre cristianos y leones.

El número de palabras que me quedan por dedicarte, son muchas como para poder contarlas; aunque realmente no hablan de ti, mujer, sino de las cosas que cometemos los humanos.

El número de líneas que quedan a esta composición, dependen de qué tan aburrido me sienta, además los minutos ya no alcanzan y el tiempo me apremia…

Naturaleza muerta con estrella

Estrella, que fluyes por mis venas, fortaleciendo penas, aún me inmolo ante tu altar.

Cero, el mundo que ya no siento, aunque no esté muerto, y tampoco te desprecio.

Mis ojos no te miran más, extraviado en el fondo de mi mar, que es un gran desierto.

Me revuelco en los recuerdos de tu piel, en las memorias de tu ser y de tu oscuro interior vacío.

Juntos carecimos de futuro, nada fue seguro, salvo el boleto hacia el infierno.

Pecado, mi hoy con un ayer idealizado, restos de nota roja ante un Cielo vedado.

Tu olvido, laberinto sin sentido, soy el tahúr sin suerte que apostó todo su tiempo.

Constante, mi mente te dibuja a detalle, a mil carreteras de tu actual respiración.

Antes de que llegue tu último invierno, de que la hiel termine su trabajo, cuando ya nadie te mire, cuando la gravedad de Newton destruya la delicadeza de tus líneas, cuando tu orgullo languidezca, tendrás idea de lo que siento.

Estrella, fluye por mis venas, comparte mis faenas antes de explotar, antes de inspirar piedades y de que vivas soledades, de que sólo te regocijes con ecos de las torturas brillantes de tu Condenada Inquisición, descubrirás que nadie, y menos tú, reina, brillará como brilló en el pasado.

still

Del “amor” al odio

De la febril obsesión amorosa al odio intenso que cala los huesos, sólo hay una bacteriana distancia.

El insensato “te amo” dista del honesto “te odio”, únicamente un abrir y cerrar de ojos.

Decepción, extraña enfermedad sin posibilidad de curación que padece el alma, que sólo el tiempo y la suerte permiten que las olvidemos. No se curan, únicamente se pierden. El endiosamiento, la idolatría, poner todas las esperanzas propias en otra persona, son historias que no suelen terminar bien.

Pero hay aferrados que prefieren soportar las peores humillaciones antes que sufrir la indiferencia de quien supuestamente les importa tanto, y no permiten que la suerte y el tiempo surtan su efecto.  Hay  quienes  prefieren  vivir  como lo  hacen  las  piedras planetoides, girando dependientes en una órbita ajena.

De la adoración extrema y a la repulsión excesiva sólo está la separación del cabello de un tercer personaje.

Aleja de tu persona, como a la peste, cualquier verdad a medias, dijo el profeta sin dios, concebido en un tubo de probeta sin ascepcia ni perdón.

Huye de la duda. Si tienes demasiados problemas irresolubles con tu pareja, no esperes a que se mueran los mejores sentimientos. No dejes que se extravíe el respeto.

Preguntas constantes a lo largo de la historia, cuando nos descubrimos fríos, extraños e incómodos en lo que solía ser el Edén: ¿cómo se escapó  cariño? ¿Cuando los  momentos  de  felicidad sobrehumana se convirtieron misteriosamente, como por arte de mal mago, en tormentosos recuerdos que te impedirán volver a ser la misma persona? A partir de la formulación de esas preguntas, a menos que llegues a una lucrativa negociación, es mejor que cada quien tome su propio camino y buscar una nueva historia. De lo contrario las dudas, el rencor y la baja competición terminarán ahogándote y destruyendo tu sentimiento.

May’96

Algún día…

Creyéndose soldados de acero, sin ser más que figuras de pajilla pintadas de plata, van por el mundo conquistando efímeros tesoros de inmundicia. Aunque probablemente existe Dios, todo es tan grotesco, ellos se sienten divinos, mientras niegan sus propios demonios. El poder y el dinero han cegado sus ojos, sus sentidos sólo desean el frío contacto del oro. El que a hierro mata, tarde o temprano es muerto por el hierro, y al que más tiene supuestamente más se le exigirá. Ojalá sea esto cierto.

Sus ropas elegantes, sus sonrisas de comercial y sus discursos bajo reflectores no pueden ocultar completamente lo que sucede en derredor. ¿En verdad piensan que el hambriento morirá satisfecho con sus boletos de circo? ¿Creen que el oprimido es feliz cuando carece de un techo? La violencia es lo peor, en vez de solucionar termina desangrando, pero ¿cómo convencer de eso al que esté sediento de venganza? El tiempo suele hacernos olvidar pero difícilmente perdonamos; el hombre es un ser que tiende a repetir su historia, cree que el presente es único y es víctima de sus modas.

El rumbo está marcado de antemano, mientras el mundo gira y sigue girando. Quien está en el centro terminará afuera y el que está abajo, mañana estará en la cima. Pero en algún momento se invertirán los papeles de nuevo. No te dejes engañar por las tendencias, todo ha sido y será siempre lo mismo. Nadie quiere escuchar y nadie nunca ha escuchado. El futuro ha estado siempre escrito en nuestro propio pasado. Y ellos siguen desfilando en su escenario de oropel, que lo aprovechen y disfruten mientras tanto, porque algún día, algún día…

(Enero 1998)

En una estación de tren

Sentían un agotamiento, del tipo que hasta hace pesada al alma.

Otro día más de discusiones y malas comunicaciones, lejos de casa, en tierra extraña.

El viaje que por mucho tiempo esperaron los dos, que por algún motivo ambos idealizaron, pero que sólo había resultado un infierno.

Ya desde antes habían ambos visto las señales de que todo iba mal, pero insistieron en que la magia que experimentaron al conocerse tenía que durar para siempre.

Estaban decididos a que el viaje les ayudaría a reencontrar esa magia. Pero no, para empezar cada uno tenía un objetivo distinto. Ella: lograr que la unión se convirtiera en una sacrosanta amistad, pues ya estaba enamorada de alguien mas. Él: que Ella fuera su pareja y que su unión se convirtiera en una estable relación. Pero las cosas no navegaban hacia ninguno de esos puertos, y nadie quería negociar, pues eso sería dar su brazo a torcer.

Por eso puras discusiones, malas comunicaciones.

Tras visitar unos poblados, regresaron en tren, sentados frente a frente, emitiendo cada uno el silencio de un cementerio olvidado. La acumulación de ofensas mutuas era demasiada para entonces, y la mayor de todas era que el otro no aceptaba la propuesta del opuesto.

Ella quería decir algo, era horrible estar los dos allí, en un mutismo doloroso. Él también quería hablar, era absurdo viajar con alguien y no decirle nada. Pero por orgullo, ambos mantuvieron sus silencios.

Al llegar a la estación destino, Ella tomó rápido su mochila y bajó del tren. Él se comenzó a mover lentamente, sin embargo lo pensó de nuevo, y corriendo agarró la mochila suya y fue a buscarla.

Ella estaba ya lejos, a punto de abordar un autobús, Él le gritó que se detuviera. Ella hizo como Beethoven sin sinfonía y se fue.

Él quedó abatido en la estación del tren. Pensando en esa nada que se genera al tratar de pensar en todo.

¿Se puede odiar a alguien que se ama tanto? ¿Qué les pasó? ¿En dónde se dañó la relación? ¿Qué hizo mal Él? ¿Qué tenía que hacer para solucionar todo?

Tantos asuntos a los que no encontraba respuesta bullían en su cabeza, que su rostro era el reflejo de toda esa maraña. Tan mal lucía que un desconocido se detuvo ante Él, para preguntar si estaba bien.

Él no entendió lo que sucedía, quizá sus muchos años viviendo en una ciudad insensible lo habían convertido en un ente sin sentimientos para con los extraños, pero no se engañaba, allí estaba un completo desconocido preguntándole si todo estaba bien.

Él, sorprendido, respondió maquinalmente que sí. El desconocido supo que era una respuesta de trámite, incongruente con la imagen que Él emitía al mundo. Sólo le dijo: “no te preocupes, todo sucede por algo, y si ya no tiene remedio, aunque nos preocupemos, nada cambiará. Verás que todo seguirá su curso”. Después de eso, el desconocido le dio una palmada en el hombro y se alejó de Él.

Las cosas entre Él y Ella no mejoraron, tampoco empeoraron, sólo se separaron. Él aún la recuerda, pero recuerda más la acción del desconocido, que le ha permitido conservar algo de la fe que Él creía haber perdido totalmente respecto a la humanidad.