Buscando la resignación (mientras llega el olvido)

El estruendo nocturno y las luces de neón, son sordera y ceguera cuando no está contigo la persona que amas.

Los amigos, por muy sinceros que sean, no pueden llenar el vacío que deja el verdadero amor perdido.

No hay pasatiempos suficientes para sacar las horas de soledad de ese estanque enfangado que ella te dejó tras su partida.

Pareciera que la vida sólo la continúas por costumbre. La mente y el corazón ansían su regreso, quizá eso sea el único motivo por el que tu corazón sigue latiendo.

Las palabras que escribes son dirigidas a su ausencia, como faros en la tormenta que buscan guiar a buen puerto al navío extraviado.

En las obras ajenas siempre encuentras pretextos perfectos para justificar su recuerdo.

Las calles, parques y cines te gritan constantemente el eco de su presencia; recuerdos que no dejan cicatrizar la herida de la ausencia.

Buscar su rastro en otras personas es un engaño, mal truco de un mal mago.

La resignación sabe a tarea imposible.

Es tan difícil tratar de escapar de esta “unión alejada”, más difícil que tratar de olvidar una culpa aceptada.

Ahora experimentas el suplicio de Sísifo; así, mientras llega el olvido.

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Guardando imagen

Guardando imagen. Por eso se dicen y se actúan mentiras; se piran tiras y muchos se tiran al suelo. Sin Consuelo (con mayúscula o minúscula, da igual). Decir “ya no me importas” cuando aún se quiere con intereses más altos que los bancarios y que los de la tasa de devaluación con posos de café, es mentira. Es mentira decir “ya te olvidé”, con tal de hacerse el fuerte, fort knox del corazón inexpugnable para los ataques apaches, no cardiacos, pero sí sentimentales demenciales, hacerse el refuerte y sin embargo recordar a esa persona hasta en los sueños de los sueños. Palabras sin dueño porque aunque las digo yo, seguro son sacos que cada quien se pondrá a su conveniencia (no soy tan único ni especial, y sin embargo me muevo). Palabras que quizás tengan para mí un fin, pero sospecho que todo está acabado. Invariablemente, como toda relación de revoltura, cada quien usará los elementos verbales a su favor, y el destino que se obtenga no sea el buscado por nadie. Decir “estoy superando tu recuerdo” cuando hasta en el juego de memoria se encuentra el retrato sonriente de quien se quiere olvidar, cuando cada esquina trae un momento del pasado, cuando hay pensamientos de esa persona aún en los lugares jamás visitados. Suena a obsesión, pero es una obsesión obesa que pesa en la humanidad (esto no es del todo personal). Sensación humana, semilla de libros y obras que ya no se pueden contar, como las estrellas, como los granos de arena.  Parece que su persona se va, pero en realidad se queda. Mentí muchas veces aún en contra mía, queriendo guardar imagen, pero borrándome en su vida. No es autobiografía.

De vuelta

De vuelta al silencio, al agujero blanco. Al vacío, a la banda de los niños perdidos, a la culpa injusta, al olvido y al vacío, a la desesperanza, a ser un quijote sin cruzada y un dolorido sin causa ni cruz; a leer sin parar y sin volverme lo suficientemente loco para no acordarme. De vuelta a imaginar lo que nunca será, pero ahora lo imaginaré sin ti. De vuelta a escribir palabras con fantasmas, a soñar recuerdos ficticios, a caminar sin sentido, a observar sin involucrarme, a ser el testigo indiferente que colgó de nuevo su protagonismo en una pared. De vuelta al descuido y a la respiración mecánica, a mendigar minutos entre los amigos. Como Sansón saliendo sin ojos de la peluquería, tratando de recordar qué tan brillante es el sol. De vuelta a frecuentar a las hermanas de la caridad, a acariciar el aire, a pagar impuestos existenciales y a dormir de más. De espaldas a todo, de vuelta a la nada.