Día de San Valentín

San Valentín, y lo digo sin cobardía: no es en absoluto mi día.

Demasiados globos, regalos y comidas, demasiados corazones y el mío ya no sirve muy bien.

No es amargura, es que esta pinche fecha siempre me ha sabido a farsa, a enajenación, y me disgusta el reproche indirecto que el 14 de frebreo le hace a quien vive en soledad.

¿Para qué establecer un día para decir lo mucho que quieres alguien? ¿No quieres siempre a esa persona? De entrada, ¿sabe ella que la quieres? ¿Tienes que recurrir a una fecha impuesta para disimular tu olvido o será que debes forzósamente decírselo cada 14 de febrero, porque es mejor expresarlo cuando los demás hacen lo mismo?

No soy bueno en el juego, y tampoco en el amor, por eso no apuesto y por eso me invento historias para cuando estoy solo.

El 14 de febrero apesta a demasiado comercio, pero no lo digo por ardor, que más me arden las victorias que perdí por no haber sabido conservarlas.

En fin, de mí inicialmente esperan originalidad y al final me exigen que sea como los demás.

San Valentín, demasiadas flores, chocolates y ositos de peluche, demasiados dulces e infiernos para diabéticos.

¡Ay qué dramático suena esto!, pero el 14 de febrero no me gusta desde antes que fuera consciente de lo que significa querer.

Para mi mala suerte, tiendo a romper lo que ya estaba quebrado pocos días antes del día oficial del amor, por más vendido que este sea; pues que así sea.

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Sólo queda el silencio

Sólo queda el silencio, nada de eco, ni un sonido sobreviviente. Sepulcral quietud.

La gente suele alejarese poco a poco, así es la cosa en esto que se llama vida, pero cuando se va con prisa y viento a favor es por tu actitud, cuando dista mucho de ser la que se espera.

Apresuré el proceso, aquí sólo queda el silencio, la condena que me prohíbe cualquier conversación contigo. Caín mudo, el judío errante sin historias pintorescas.

El crimen es que no me gustan las personas, ni la sociedad, ni hablar huecamente de lo que está de moda, de la tendencia del día, de las noticias, pero vamos, tampoco es sano el monólogo perpetuo, el propio punto de vista por siempre.

“Cuidado: si únicamente hablas contigo pudieras estar hablando con una mala persona”.

Así que sólo queda el silencio, y aún respiro. A veces la quietud es un alivio, pero casi siempre es ensordecedora.

No soy una persona profunda, pero me es imposible sostener siempre charlas tan ligeras como la espuma en hocico de perro rabioso.

No vivo hablando de filosofía, ni de espiritualidad, qué contrariedad, pero tampoco soporto oír la misma gracia simplona 278 veces al día.

No puedo aplaudir por cualquier ocurrencia, no me puedo reír en un drama devastador cuando se dice algo que pudiera parecer remotamente gracioso, no doy palmadas en la espalda para felicitar a quien dice cualquier estupidez en voga, ni me “apasiona” lo que se impone desde las oficinas centrales de este Infierno. Ahora se exige que todo nos divierta, que nos produzca carcajadas, tenemos “derecho” a la constante ligereza, que en vez de aliviar nos aturde.

¿Es por eso por lo que te alejé? ¿No decías que admirabas mi honestidad? Igual yo soy para ti, also similar a lo que yo pienso de los demás.

Sólo queda el silencio, y aunque muchas veces duele como el carajo, sigue siendo preferible al ruido sin sentido.

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En tu habitación

En tu habitación, como alquimista medieval, realizas conjuros extraños, guiando corazones a tu manantial. El fin es bueno, no hay rastros de malicia, te creo, y esta es parte importante de lo que me atrae más de ti. No somos perfectos, de hecho soy una completa colección de errores. Mi fuerte son las palabras y la imaginación, y bastantes veces las dos juegan en mi contra.

En tu habitación, como alquimista medieval, te comunicas a media noche con quien te adora, con quien te admira por tu belleza total, natural, y que espera no pisar en falso para caer en el precipicio de las equivocaciones. Nada está garantizado, y es probable que me vuelva a desbocar. No es pedirte disculpas por anticipado, es simple aceptación de mi humanidad.

En tu habitación, como alquimista medieval, te llega el cansancio y decides poner a dormir tu piedra filosofal. Se acaba la charla con tu despedida, tu admirador se queda pensando en ti, y escribo esto. Ojalá que lo nuestro, de existir, llegue a buen puerto.

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Cuando algo es muy difícil de conseguir

Solitarias noches eternas,

desvelos que drenan la energía vital,

pensar constantemente en ella es como respirar.

Le dedicas palabras, sorpresas, halagos,

completa inversión total .

Tengo un plan maestro y te tengo en la mira,

haré lo que se necesite, y más, porque nos pertenecemos.

Creatividad diaria, sonrisas,

ocurrencias, pero nada,

sólo la ausencia y largas, y más largas.

Caminar solo entre las nubes no es lindo.

Pero la esperanza, principalmente la falsa, es más dura de matar que Bruce Willis en la jungla de cristal.

Flores, cartas, poemas,

regalos, serenatas y cenas proyectadas.

Y nada.

Pero hay que ser persistente,

con insistencia el agua atraviesa la piedra.

Adelante, el destino los presentó, o eso crees.

Esa manía mía de apostarle siempre al número que va a perder.

La buscas, pero no la encuentras,

y cuando la encuentras sus monosílabos y respuestas no suelen ser más de dos,

nunca positivos, pero tampoco definitivos, en ningún sentido.

Eres transparente, honesto y te entregas,

tus palabras sólo expresan la verdad,

pero nada, el tiempo pasa y no dejas de pensar en ella.

Cuando estás considerando la renuncia… al fin cede,

las murallas de su fortaleza caen rendidas,

tuya es ahora la medina de su corazón.

Todo para decubrir que cuando algo es muy difícil de conseguir,

al obtenerlo veas que no valía ni la mitad de la pena que te tomaste.

Dios o el fatalismo, tienen el mejor humor negro que ha existido.

 

Hasta que la muerte nos separe

Firmemos el pacto de nuestra unión para siempre, y no nos alejemos nunca jamás.

Demos un paso adelante, más allá del enamoramiento efímero, que suele comenzar en verano, pero que no sobrevive al invierno.

Anestesiémonos en serio con series, películas y deportes, y cuando nuestros ojos se pongan rojos como semáforos en alto, tomémonos mecánicamente de las manos y deambulemos sin sentido ante los aparadores del centro comercial.

Ingiramos todos los días nuestros alimentos rápidos, juntos y en silencio. El verdadero cariño no necesita de palabras. Lo juro.

Vayamos al templo cada semana, para mostrarles a todos lo unidos que estamos y la solidez de nuestra fe verdadera. Así sea.

Aburrámonos juntos, pues el tedio es parte de una relación, sin sacrificio nunca hay amor.

Durmamos todas las noches en la misma cama y acompañémonos a todas las fiestas, hasta que estas sean únicamente funerales.

Construyamos con nuestras 4 manos un sólido futuro, a prueba de toda contingencia, fortalezcamos este engaño hasta tener la certeza de que es posible un mañana así.

Convenzámonos de que la inminente soledad que trae el tiempo es solo un cuento, el Lobo de Pedro, el cielo de Henny Penny, y de que estaremos acompañándonos hasta el final.

Hasta que la muerte nos separe.

Hice lo correcto, pero estaba equivocado

Pensé poco,

hablé demasiado.

Sentí mucho,

pensé poco.

Abrí la jaula de mis ilusiones,

tan escasas hoy en día,

y volaron,

ahora nomás tengo una jaula vacía.

Soñé futuros,

castillos sin cimientos,

creí llegar por fin al hogar,

pero nada…

cuánto lo siento,

aunque me digas que lo sientes más.

Hice lo correcto,

pero estaba equivocado.

jaula vacía

No me esperes a cenar (violencia intrafamilar)

“Jodido e inútil animal, no servirías ni en un maldito circo del carajo…”, me gritaste con tu chirriante voz de patito castrato de hule y tu cara pintarrajeada como infernal payaso triste, ayer me hiciste lo mismo, pero tenías mascarilla de aguacate en tu faz. Y luego me lanzaste a la cabeza el costoso tarro de esa crema humectante que no te funciona en absoluto. Así comenzaste a discutir otra vez.

Nada te agrada, nada te convence, de nada me ha servido que te haya dejado por completo el control de la caja idiota, que tengas en tu poder las únicas copias de todas las llaves de nuestro hogar, que administres todo el dinero que yo produzco sin que me proporciones ni una mísera mesada mensual, en nada ayuda que siempre seas tú la que conduce el coche (de todos modos eliges los destinos de todas nuestras salidas) y que te permita determinar todos los alimentos que me tengo que tragar.

De nada sirve que lo único que escuchamos sean las aberraciones musicales que te gustan, que sólo veamos las películas para subnormales que tanto te agradan, que me vista con las ropas que detalladamente seleccionas para mí, ni que haya condescendido ayer a que apretaras con un agujero más el collar de la correa con la que me sacas a pasear.

Todo esto lo he permitido para vivir contigo en paz, pero nunca te es suficiente; cuando creo que ya deberías estar satisfecha vas y exiges algo más, y todo te exaspera.

Cada uno de nuestros intercambios de palabras se convierte en una vociferación de tu gaznate, tu boca escupiendo tonos elevados e insultos bajos, ya no lo soporto. No creo que esto sea sano, aunque nos sea cotidiano.

Empiezo a sospechar que lo nuestro no es amor, que mienten los que dicen que el amor es dolor y sacrificio, y que todo debe ser soportado en aras de seguir juntos hasta que la muerte nos separe.

Por eso me desvanezco, saldré a comprar unos cigarros, a pesar de que no fumo. No me esperes a cenar, no esta noche, ni nunca jamás.

correa