Culpas

Y de repente sentimos que la vida fue una ilusión, una mentira en la que intentamos alcanzar lo que estuvo siempre a kilómetros de nuestras uñas.

Utopías, virtudes, paraísos, felicidades, perfecciones morales y todas las supuestas realidades que jamás pudimos palpar.

Al final nos percibimos como sacos llenos de frustraciones. Sacos estafados.

Entonces…

Culpamos a la ciencia que, a pesar de su buena fe, no hizo sentir imparables.

Culpamos a los creadores de religiones y a los padres fundadores por hacernos creer poderosos y especiales.

Culpamos a los filósofos que nos inflaron el pensamiento con el aire caliente de las preguntas sin respuesta.

Culpamos a los escritores que construyeron tantas historias ajenas a la realidad.

Culpamos a Hollywood, la fábrica de sueños con doble moral y Edén de las perversiones, por hacernos sentir sublimes.

Culpamos a los políticos que nos vendieron el cuento de un mundo mejor.

Cuando en realidad deberíamos culparnos a nosotros mismos por tragarnos tanto engaño sin cuestionarnos, por adorar falsos ídolos hechos del mismo polvo de nuestros cuerpos, por sentirnos únicos y especiales, a la vez que insignificantes, y por haber preferido dejarnos llevar.

Asumamos pues la responsabilidad por haber buscado siempre algo o alguien que nos definiera el camino.

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No soñé contigo

Para quien inspira y aporta ideas en eras de vacas flacas

No soñé contigo, de hecho ni siquiera dormí.

Pasé la noche pensando en ti, en volverte a ver,

en tu personalidad, tus ideas, tu voz y tu risa.

Pasé la noche pensando en cómo se puede adelantar el tiempo,

pero llegué a la conclusión de que todo llega en su momento.

No soñé contigo, estuve pensando y pensando en ti,

emocionado porque pronto estaremos ambos frente a frente,

para vernos y escucharnos sin tecnología de por medio,

efectuando un encuentro tal y como lo dictan las normas de los más lejanos ancestros.

No soñé contigo, de hecho ni siquiera dormí,

porque pasé la noche pensando y pensando en ti.

Y si lo analizamos, eso no tiene nada de raro,

porque incluso durante el día,

en ti me la vivo pensando.

 

Quisiera

Quisiera

creer que la vida como la conocemos sea sólo una prueba,

que hubiera una justicia cierta y que el más allá no fuera un volver a empezar.

quisiera que realmente la razón nos distinguiera y nos hiciera mejores,

que fueramos en serio más que los animales, y no las peores deleznables bestias que aparentamos ser.

quisiera que san agustín fuera una pirada que se olvida, y que cristo, buda y mahoma sean los portavoces de la verdad.

quisiera que fueramos hermanos, de hecho y no de palabra barata. Quisiera que realmente mi amor fuera sólido y auténtico, y no detallado y engañoso como una poliza de seguros.

quisiera morir sin decaer, que la podredumbre comenzara cuando la conciencia se apaga.

quisiera que viviéramoslo suficiente, sin prolongar la inevitable agonía.

quisiera que me quisieras, antes de que fuera demasiado tarde, o mejor aún, que el tiempo no existiera.

quisiera, quisiera…

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A veces

Algunas veces me pregunto si será cierto que todo en la vida se acaba con la muerte.

Otras veces me cuestiono por qué la coca-cola es tan negra como el interior de muchas cabezas.

Algunas veces me prometo que el cigarro que estoy fumando será el último, y en realidad lo es hasta que enciendo el siguiente.

Hay veces en que ni siquiera me acuerdo de ti.

En ocasiones quiero saber por qué a todo tratamos de crearle leyes.

Y por qué nos empeñamos tanto en aprender tantas cosas que a la larga no nos servirán para nada.

Me pregunto por qué a alguien se le ocurrió inventar una pasta de dientes con sabor a tocino.

A veces también me sorprendo porque no estoy pensando en ti.

Hay momentos en que me veo buscando perdones tras escuchar las campanadas de un templo, como si mi alma fuera similar a la del perro de Pavlov.

En ocasiones no me importa el dinero, aunque siempre recuerdo que hay cierta tranquilidad que se compra con él.

Hay días en los que me hundo en el mundo de los espejos, y me descubro escribiendo con la mano izquierda.

Otros días me pongo a pensar qué hubiera sido de mí si hubiese decidido ser pintor.

Algunas veces me cuesta trabajo recordar tu rostro.

En ocasiones siento que no dejaré ningún legado.

Muchas veces me río de lo que otros piensan de mí.

A veces sólo quisiera sacar a pasear a mi perra y ver el ocaso en Mazatlan.

Entonces ya no me acuerdo de nada.

Bocetos

En la calle una anciana discute sola en voz alta a las 8 de la mañana, afuera de una tienda departamental que abrirá sus puertas hasta las 11. Los que se dirigen a sus trabajos la ignoran como si la escandalosa vieja fuera parte del acostumbrado decorado. Ella es sólo un boceto para mí. Cerca de allí alguien permanece encerrado en una oficina, y como la anciana, discute solo, pero en silencio, se pregunta qué le deparará el futuro, pues su vida no ha sido lo que él esperaba. La anciana en su locura es más cuerda que el oficinista desesperado. Ella aceptó su situación hace muchísimo tiempo y ahora sólo flota en la vida. Comentándose a sí misma sus recuerdos fabricados y sin pensar en el día de mañana, ni en un mejor porvenir. Ambos son sólo un boceto para mí. La joven mediocre consiguió un trabajo en la lavandería, donde pasa 10 horas diarias ante un televisor a todo volumen, que todos los días muestra lo mismo, pero con distintas imágenes. Ella también es sólo un boceto. La tienda abre sus puertas, la anciana sigue discutiendo y entra, el oficinista sigue frustrado y la joven mira TV. Yo entro a comprar comida. Yo soy sólo un boceto también.