Miré con respeto más allá de tu belleza

Miré con respeto más allá de tu belleza,

y vi un lugar donde el bien y el mal cohabitan en paz.

Luego entendí que la noche es tan tuya como lo es el día

y que eres tan mujer como aún eres niña.

No te sentí como ideal, y tampoco perfecta,

pero sí como ejemplo de humanidad libre y natural.

Quise conocer tu historia y agradecerte todo lo que obtuve de ti,

antes de que me abandonaran las palabras.

Posiblemente dije demasiado, hasta abrumarte y cansarte.

Ahora ya me cuesta trabajo incluso hablar.

Quizá desde el principio debí quedarme callado y limitarme a

mirar con respeto más allá de tu belleza.

 

 

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Sin (¿quién eres?)

Sin la bisutería color turquesa, sin el común aroma de tu perfume, sin esos zapatos con marca de nombre afamado, sin esos alimentos chatarra, sin esos programas de TV que resecan cerebros, sin esa religión que no es más que opio, sin esas necesidades creadas, sin el sexo tal como lo venden y lo compras, sin esa seudoexcelencia laboral, sin ese centro comercial donde no hay relojes, sin el deseo por tener el auto del año, sin hacer larga filas para poseer el último grito de la tecnología, sin ese éxito al que todos aspiran esperando que les caiga del cielo o muriendo en el intento de alcanzarlo, sin la música que está de moda en el momento, sin la película efectista que impera en las taquillas, sin el despertador, sin las opiniones de los líderes, sin la cuenta bancaria, sin el anhelo de tener hijos sólo porque eso se dice que debe ser, sin esas playas abarrotadas en semana santa, sin desear los cinco minutos de fama, sin esas ansias por destacar y ocupar el trono de los que oprimen, sin querer llamar la atención, sin algo que te permita ignorar tu propia voz…

Sin todo eso, ¿quién eres realmente?

El poeta estructurado

El lógico y metódico poeta estructurado se hallaba extraviado en la bruma de las palabras.
Quebrándose la cabeza y la espalda con forzadas rimas artificiales que se ajustaran a su exitosa fórmula.
El pobre poeta estructurado ignoraba cómo poder tocarte el alma.
No sabía cómo plasmar tu cuerpo en odas y se confundía al tratar de
capturar sus propios sentimientos en frases libres y sinceras.
Tan hunido en la métrica y la rima, tal como todos nos hundimos en las
arenas del tiempo, el poeta estructurado no podía escuchar los gritos de su propio corazón.
Había sido, no hacía mucho, intoxicado por los aplausos, cuyo susurro en la gente sin fe suele ser más fuerte que el trueno de la verdad.
El poeta estructurado ha sido condenado por el tribunal del corazón a
pasar infinitas noches en vela.
Seguirán los aplausos, seguirán los premios y las recompensas, al menos por un tiempo, pero ese poeta jamás podrá tocarte el alma.