Tu pasado en mi presente

Puedo imaginarte aquí, puedo ver tu pasado loco en mi presente sin ti.

Ahora tomas todo muy en serio, especialmente tu carrera y el dinero.

Pero puedo imaginarte aquí y ahora, como antes eras:

riendo con euforia un tanto exagerada, para presumir a todos que eras feliz.

Aquí veo a muchas chicas interpretando ese papel que desechaste hace años.

Más adelante, cada una de ellas será otra Wendy que dejará el Pan y crecerá al ritmo de las exigencias sociales, laborales y biológicas.

Puedo ver tu pasado en estas chicas, mientras en ti veo el futuro de algunas.

Qué bueno que no vivimos más, con este tiempo es suficiente para hartarse de tanta repetición.

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Nadie sabe lo que tiene…

Qué orgullosa lucías cuando caminabas a mi lado, en los tiempos que yo te miraba por encima de mis hombros.

Qué brillantes sonrisas iluminaban tu rostro siempre que estábamos juntos, antes de que descubrieras que yo estoy tan incompleto.

Qué voracidad se veía en tus ojos cuando preguntabas por mi vida, cuando querías descubrir todo de mí, apreciando incluso las fallas que no se pueden ocultar.

Pero sólo fui capaz de ver todo eso en ti hasta después de separarnos, cuando seguimos diferentes rutas y ya no había manera de volver.

Qué poco valoré tus ideas cuando estuvimos cerca, entonces nunca presté atención a tus palabras, salvo a aquellas que eran elogios o preguntas sobre mí.

Qué insoportables me resultaban tus amistades, de quienes te aislé durante nuestra relación. En un principio simulé que eran agradables, pero estaba tan seguro de ti que las desterré, haciendo que sólo giraras en torno a mí.

Ya no estás, y es ahora cuando más te aprecio e incluso te necesito. Mi pozo seguirá abierto aunque ya no se ahogará nadie en él. Ya no estás, y no hay forma de rellenar este hueco en mi alma, pues tiene tu figura y nadie más puede encajar. De ti sólo me queda el eco de tu voz en mi mente y la memoria de tu hermosura. Un gélido frío usurpó el puesto de la grata calidez.

No sé qué hubiera sido de nosotros de haberte yo valorado desde el inicio, pero igual todo se hubiese desgastado y termináramos igual de distanciados como ahora.

De nada sirve formular hipótesis con tela de fantasía. Quizá lo mejor sea olvidar.

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Intentando olvidar

Era un camello en forma de flama, o una llama en forma de camello, lo cual puede no ser igual en lo absoluto, pero probablemente lo sea en lo relativo. Relatividad no es lo mismo que relativismo, en lo primero tiene que ver Einstein, lo segundo fue una confusión de los fabulosos 20. Pero, retomando la trama de mis ideas primigenias, que nada tienen de originales, estoy seguro que no era una yema en forma de flama, ni una flema en forma de camello.

El medio día era caluroso, lo recuerdo bien, pues trataba de olvidar la cara, la figura y el corazón de alguien. La publicidad se apoderaba de las bardas y los muros que el grafiti había perdonado. Los policías que comían lentamente su paupérrima comida rápida devoraban con los ojos a las elegantes oficinistas que pasaban por allí. Jala más un buen escote o un buen movimiento de caderas que una trecena de tractores espartanos conducidos por espantapájaros desparpajados.

Yo sólo quería olvidar y escapar de los horarios establecidos y del recuerdo de alguien. El pentagrama de alto voltaje cambiaba sus notas de aves perezosas, mientras cruzaba por la calle la licenciada Pérez Sosa, presuntuosa, mostrando a su amiga Érica Karina Lorca Calderón (doble escatología oficial en su acta de nacimiento) un collar de perlas de ostras destrozadas en forma de avestruz. Los restos de una paleta de caramelo habían sido abandonados sin ceremonia ni funeral en la dura acera que nunca es de metal.

Como de costumbre, ni en los diarios ni en la TV se anunciaba que una reina de belleza hubiera perdido su encanto a causa de la acumulación de años (no es noticia, porque eso sucede todos los días). Lo único que yo había podido olvidar para entonces era la hora. Ahora ya no sabía si tenía que retomar los horarios fijos o empezar a  buscar en las vacantes de los clasificados, para ver si encontraba un nuevo trabajo en el que fuera adecuado.

Si yo fuera un gato nada de esto me preocuparía, me la pasaría todo el día tumbado y quizás de vez en cuando levantaría un auto para cambiarle los neumáticos. Tengo que aceptar que no recuerdo cómo olvidar. Ante mi infructuosa labor sin fruta seca, tengo que hacerme a la idea de mi retorno. Reiniciar mi labor y aceptar que sigo enamorado.

Junio 2002

paleta

A veces

Algunas veces me pregunto si será cierto que todo en la vida se acaba con la muerte.

Otras veces me cuestiono por qué la coca-cola es tan negra como el interior de muchas cabezas.

Algunas veces me prometo que el cigarro que estoy fumando será el último, y en realidad lo es hasta que enciendo el siguiente.

Hay veces en que ni siquiera me acuerdo de ti.

En ocasiones quiero saber por qué a todo tratamos de crearle leyes.

Y por qué nos empeñamos tanto en aprender tantas cosas que a la larga no nos servirán para nada.

Me pregunto por qué a alguien se le ocurrió inventar una pasta de dientes con sabor a tocino.

A veces también me sorprendo porque no estoy pensando en ti.

Hay momentos en que me veo buscando perdones tras escuchar las campanadas de un templo, como si mi alma fuera similar a la del perro de Pavlov.

En ocasiones no me importa el dinero, aunque siempre recuerdo que hay cierta tranquilidad que se compra con él.

Hay días en los que me hundo en el mundo de los espejos, y me descubro escribiendo con la mano izquierda.

Otros días me pongo a pensar qué hubiera sido de mí si hubiese decidido ser pintor.

Algunas veces me cuesta trabajo recordar tu rostro.

En ocasiones siento que no dejaré ningún legado.

Muchas veces me río de lo que otros piensan de mí.

A veces sólo quisiera sacar a pasear a mi perra y ver el ocaso en Mazatlan.

Entonces ya no me acuerdo de nada.