Simplemente te espero

Mientras espero no leo, pues la vista se me agota ya por cualquier cosa, para colmo de males no veo bien de lejos, entonces mejor escribo lo que viene a mi mente, que suele ser tu recuerdo.

Llevo tu aroma grabado en mi mente, de alguna manera en mis labios perduran tus besos. Tu imagen me acompaña noche y día, y viceversa, hacia adelante y en reversa. Te comienzo a extrañar desde cada momento en que nos separamos.

No sé si el amor sirva para describir correctamente mis sentimientos, lo curioso del caso es que contigo no tengo miedo de entrar en ese territorio. No temo a nada relacionado a ti, ni me censuro al expresarme con letras o con acciones, abro mi alma y digo cosas ciertas, en libertad.

Supongo que debo ejercitar mi paciencia y esperar por el momento indicado. ¿Será lo que necesito para pasar el futuro a tu lado?

A pesar de todo, siento una frustración al no poder expresarte con claridad todo lo que me inspiras, es por ello que renuncio a escribir y mejor simplemente te espero.

Mayo 2001

 

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Nadie sabe lo que tiene…

Qué orgullosa lucías cuando caminabas a mi lado, en los tiempos que yo te miraba por encima de mis hombros.

Qué brillantes sonrisas iluminaban tu rostro siempre que estábamos juntos, antes de que descubrieras que yo estoy tan incompleto.

Qué voracidad se veía en tus ojos cuando preguntabas por mi vida, cuando querías descubrir todo de mí, apreciando incluso las fallas que no se pueden ocultar.

Pero sólo fui capaz de ver todo eso en ti hasta después de separarnos, cuando seguimos diferentes rutas y ya no había manera de volver.

Qué poco valoré tus ideas cuando estuvimos cerca, entonces nunca presté atención a tus palabras, salvo a aquellas que eran elogios o preguntas sobre mí.

Qué insoportables me resultaban tus amistades, de quienes te aislé durante nuestra relación. En un principio simulé que eran agradables, pero estaba tan seguro de ti que las desterré, haciendo que sólo giraras en torno a mí.

Ya no estás, y es ahora cuando más te aprecio e incluso te necesito. Mi pozo seguirá abierto aunque ya no se ahogará nadie en él. Ya no estás, y no hay forma de rellenar este hueco en mi alma, pues tiene tu figura y nadie más puede encajar. De ti sólo me queda el eco de tu voz en mi mente y la memoria de tu hermosura. Un gélido frío usurpó el puesto de la grata calidez.

No sé qué hubiera sido de nosotros de haberte yo valorado desde el inicio, pero igual todo se hubiese desgastado y termináramos igual de distanciados como ahora.

De nada sirve formular hipótesis con tela de fantasía. Quizá lo mejor sea olvidar.

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Me recordabas a alguien

Me recordabas a alguien, algo en ti activó los ecos en mi memoria, haciendo de nuevo muy palpables las huellas dejadas allí por otra persona.
De repente creí regresar al lugar en el que alguna vez fui feliz, y del que me exiliaron sin posibilidad de retorno.
No sé si fue tu rostro, tu estatura o tu perfume, pero el recuerdo reavivado me hizo querer conocerte.
Lamentablemente descubrí que no eres como ella. No te gusta el cine, escuchas otro tipo de música, te vistes distinto, te desvistes diferente, no tienes autores favoritos porque ni siquiera lees, tus opiniones son huevos ajenos envenenados dejados en el nido de tu cabeza, tus besos no producen temblores, hueles de otra manera y tu ausencia ni siquiera duele. No eres como ella.
Fue un desastre. Ni a quien reclamarle.
Ahora sólo me queda decirte el trillado, no eres tú, simplemente no eres ella.

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Fue un sueño

Fue como un sueño en una larguísima noche inquieta. Un ilusión desesperada, como la del cuplable que busca con ansia el perdón. La impresión que da un ángel llorando esculpido en piedra. Lo más alto en mi momento más bajo.

Fue querer tener lo que creí que más me convenía, sin saber siquiera qué es lo que más necesitaba.

Salir de mis paraísos artificiales en un intento de encajar en una realidad. Un viaje a ninguna parte que sólo pudo ser valorado mucho tiempo después.

Es la típica ironía de la vida: saber lo mucho que te importaba algo o alguien, hasta que ya no lo tienes más o cuando ya no está.

Hay otra ironía típica de la existencia: entender por fin el sentido de todo, justo cuando estás a medio paso del final.

Fue un sueño, de los mejores, pero en una noche inquieta. Extravío absoluto en la fábrica de mapas obsoletos.

Ahora sólo un eco y un grupo de palabras. Añoranza que hace dudar.

Sólo un eco que va enmudeciendo, un recuerdo que a cada instante se borra un poco más.

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No me olvides

No me olvides, que mientras me recuerdes vivo, que en tu olvido yo sigo siendo nada.

No necesitas cantar la Martiniana, ni encender una vela cada noche para alumbrar mi camino, simplemente recuérdame, como al ganso de la publicidad chatarra, como al canto de la payola desgastada, como a la portada de tus libros de texto para la des-educación.

No me olvides, porque sólo si me exilias al vacío de la desmemoria, no seré siquiera un nombre grabado en la piedra.

El aire pasado, el peso pesado que se aligeró, el campeón sin corona, sin pena ni gloria, sin infamia ni ignominia, si tu memoria me olvida.

Si tu mente no me evoca, seré la espada de latón en la roca de cartón, flato de hormiga en el huracán, palabras en el comentario de un blog, exiliado de Nunca Jamás.

No me olvides por favor.

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soñé contigo

soñé contigo, pero desperté.

soñé contigo, y luego no tuve nada que celebrar.

soñé contigo, y te llamé para contártelo,

pero sólo obtuve el vacío merecido.

sigo soñando contigo

con amor y con respeto,

con cariño compartido

sin afectar al interfecto, que sigue vivo en tu olvido o en mi recuerdo.

soñé contigo esta noche

sueño contigo a la luz del día

esperando revivir con tu persona

el pasado vivido e imaginado.

sueño contigo, te deseo

pero no puedo hacer más que soñar.

 

A veces

Algunas veces me pregunto si será cierto que todo en la vida se acaba con la muerte.

Otras veces me cuestiono por qué la coca-cola es tan negra como el interior de muchas cabezas.

Algunas veces me prometo que el cigarro que estoy fumando será el último, y en realidad lo es hasta que enciendo el siguiente.

Hay veces en que ni siquiera me acuerdo de ti.

En ocasiones quiero saber por qué a todo tratamos de crearle leyes.

Y por qué nos empeñamos tanto en aprender tantas cosas que a la larga no nos servirán para nada.

Me pregunto por qué a alguien se le ocurrió inventar una pasta de dientes con sabor a tocino.

A veces también me sorprendo porque no estoy pensando en ti.

Hay momentos en que me veo buscando perdones tras escuchar las campanadas de un templo, como si mi alma fuera similar a la del perro de Pavlov.

En ocasiones no me importa el dinero, aunque siempre recuerdo que hay cierta tranquilidad que se compra con él.

Hay días en los que me hundo en el mundo de los espejos, y me descubro escribiendo con la mano izquierda.

Otros días me pongo a pensar qué hubiera sido de mí si hubiese decidido ser pintor.

Algunas veces me cuesta trabajo recordar tu rostro.

En ocasiones siento que no dejaré ningún legado.

Muchas veces me río de lo que otros piensan de mí.

A veces sólo quisiera sacar a pasear a mi perra y ver el ocaso en Mazatlan.

Entonces ya no me acuerdo de nada.

Me recuerdas a alguien

“Me recuerdas a alguien”, le dijo cuando se conocieron. De hecho, esa reminiscencia había sido el motivo de su primer acercamiento.
Quien la dijo basó en esa frase toda su relación. Quien la escuchó, guardó esas palabras en un rincón de la memoria secundaria.
Quien la dijo quiso hacer los cambios necesarios para acercar a su pareja al original de sus pasiones, a través de sugerencias en apariencia inocentes y casuales. “Deberías dejar de usar esos pantalones”, “Deberías cortarte el cabello así”, “Deberías hacer esto cuando hacemos el amor”.
Quien la escuchó hizo algunos cambios para complacer. “Las relaciones exitosas consisten en ceder y complacer siempre”, había escuchado en algún programa de TV de ‘expertos’ en la materia del amor (todos estos “expertos” curiosamente seres abandonados y amargados).
Quien la dijo buscaba un idealización, fantasía, clonación, eco de aquella persona perdida que le había roto el corazón.
Quien la escuchó ofrecía su persona y realidad, constantemente rechazadas.
Cuando el rincón de la memoria sacó de su archivo la frase y la puso en la mira de quien la escuchó, sólo quedaron dos caminos: el alejamiento o la resignación.
Hay gente que prefiere seguir buscando y hay gente que no puede estar sola ni un solo momento.

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Un viejo obsequio

En un momento en que el sueño casi doblegaba mi mente, tras dormir muchas horas con el Xanax del videojuego, tomé al azar un libro, que resultó la obra imposible (para mí) de Raymond Chandler. Imposible porque que tras varios intentos renuncié a él; es de esos libros, como el Quijote, como el Bleak House y como otras grandes obras, para los que estoy totalmente negado.

Abriendo sus hojas encontré un separador, justo en las páginas de Spanish blood. Un marcador de piel con el dibujo de un ave multicolor, de predominantes tonos azul cielo del desierto, de trazos folclóricos nativos de una América perdida. Ese separador fue un regalo, lo recuerdo bien, lo que he olvidado es de quién. Es una tira de cuero decorada que sé que me regaló una mujer, seguramente cuando fuimos muy amigos, pero no logro acordarme de cuál amiga (y jamás he tenido tantas) ni en qué momento de mi histérica historia sucedió.

El obsequio no se me dio antes de 2007, porque ese libro seguro que lo compré en Miami. Deduzco que esa persona, conociendo mi afición a la lectura me regaló dicho separador, quizá porque me recordó en algún instante, igual en algún viaje, y quiso a la vez ser recordada cada vez que yo leyera un libro.

Han pasado muchos años, hoy ese libro imposible fue abierto de nuevo, y allí estaba el marcador del ave azul, ese separador obsequiado por alguien que se separo de mí, o yo de ella, y que es ahora una habitante feliz de mi olvido, como yo seguramnte lo soy en el suyo.

El destino es curioso, y los caminos de Dios misteriosos.

Guardando imagen

Guardar imagen. Por eso se dicen mentiras y se llevan a cabo en acciones. Exclamar: “ya no me importas” cuando aún se quiere, y con intereses más altos que los bancarios, es una vil mentira. La tasa de penalizaciones crece, incluidos sus posos de café, lo que no tiene nada que ver con los pozos petroleros.

Es mentira decir “ya te olvidé” con tal de hacerse el fuerte, sentirse así un Fort Knox inexpugnable para los ataques apaches al corazón; decirlo fingiendo sinceridad, y sin embargo recordando a esa persona hasta en los sueños de los sueños. Palabras sin dueño porque aunque las digo yo, seguro son sacos que cada quien se pondrá a su conveniencia. Quizás tengan para mí un fin, pero sospecho que todo está acabado.

Cada quien usará los elementos verbales a su favor, y el destino que se obtenga no suele ser el buscado por nadie. Guardar imagen es hacerse el valiente cuando se está carcomido por el terror, el miedo y la cobardía.

Decir “estoy superando tu recuerdo” cuando hasta en el juego de memoria se encuentra el retrato sonriente de quien se quiere olvidar, cuando cada esquina trae un momento del pasado, cuando cada poema la evoca, cuando hay pensamientos de esa persona aún en los lugares jamás visitados. El aroma de su piel en el aire, el tono de su voz y su risa, su tersura en la punta de los dedos. Y nada diré de los besos.

Suena a obsesión, pero es una obsesión obesa que pesa en la humanidad. Semilla de libros y obras que ya no se pueden contar, como las estrellas, como los granos de arena.  Parece que su persona se va, pero en realidad se queda. Memoria que no alivia sino que hace más dolorosa la ausencia.

Mentí muchas veces aún en contra mía, queriendo guardar imagen, pero borrándome en su vida.

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