Pura indiferencia

Miro tus ojos y sólo percibo un abismo.

Tus palabras huecas salen en sílabas huérfanas y jamás responden lo que te pregunto.

No entiendo para qué me buscaste de nuevo.

Para qué rompiste la distancia y el silencio que nos separaban.

Si fue por ego, esta vez tu jugada no dio resultado, hubieras recurrido a tus espejos.

Ahora tu altar ya no luce tan alto, aunque de hecho dejé de mirar hacia arriba.

Te acercaste de nuevo pidiendo disculpas por algo que no las requería.

Un perdón innecesario que fue un pretexto para el acercamiento.

¿Olvidaste que nuestra relación se había convertido ya en un desierto?

Supongo que la culpa fue del cambio climático. No eres tú ni soy yo.

Ahora estamos juntos de nuevo, pero más separados que cuando estuvimos alejados.

No me interesa lo poco que dices, y mi vida te es bastante ajena.

¿No lo ves? Somos el naufragio sin bote salvavidas y sin asideras.

El hundimiento que incluso carece de drama.

Pura indiferencia.

Quizá necesitabas saber que estar solos en compañía es peor que estar abandonada en una colina.

Ahora que lo descubriste, regresemos a nuestros extremos.

Seguir juntos no tiene sentido. Nada. Es pura indiferencia.

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Palabras por encargo

No me salen ya las palabras por encargo. Aunque me las pidas tú, que siempre fuiste un recuerdo presente, y que hoy eres una realidad que regresó sin perder nada de su esplendor, ganando, en cambio, más fuerza y belleza con el tiempo.

No podría escribirte como lo hacía antaño. Esa cuerda se acabó en algún momento, y tampoco quiero abrir la represa de nuevo. Volverte a ver es como si no hubieran pasado los años, hasta olvidé si alguna vez estuve en un naufragio.

No temo volver a extraviarme, aunque mi brújula nunca ha servido ni he podido interpretar nunca mapa alguno, aprendí a dejar migajitas por mi camino, bien decía mi papá que “hombre prevenido…”.

No escucho cantos de sirenas, porque perdí el don de lenguas, aunque la lengua sea lo único que me sirve ahora. Creo que ya soy resistente a tu encantos, aunque prefiero no ponerme a prueba, por voluntan omitiré la permanencia involuntaria.

No creo en la reencarnación, optaré por dudar que nos conocimos en otra vida y que nos juntaremos de nuevo en el futuro. La paz que tú quieres aquí, la deseo yo en la eternidad también. Dejemos pues las cosas ser, sin presionarlas.

No puedo hacer lo que antes hacía, ya peino canas y debo aparentar que aprendí mis lecciones, que no creo en todo lo que dicen las novelas, los filósofos y las canciones. ¿Ya ves ahora por qué no me salen las palabras por encargo?

 

Verte de nuevo

Verte de nuevo no fue en absoluto una alegría, en realidad resultó ser una tristeza.
Como el perro bíblico que vuelve a su vómito, como el que regresa al lugar donde fue feliz,
el necio que con emoción acude al llamado de las sirenas, a pesar de las advertencias.
Lo que el viento se llevó no debe tener segunda parte.

Verte de nuevo fue sacar de la memoria algunos recuerdos, pocos buenos y muchos malos.
Fue realizar un absurdo que carece de sentido. Como crecerse al castigo.
Resucitador electrónico para el Lázaro que llevaba 4 años muerto.
Obtener de a gratis el mal sabor de boca que deja el perder tiempo en vano.

¿De qué sirve ponerse al día con alguien que dejó de importar?
¿Realmente hay necesidad de comparar?
¿Morbo por saber cómo me las he arreglado sin ti?
¿Constatar que aún me importas?

Verte de nuevo fue romper un encanto, constatar feamente que el tiempo no perdona.
Comprobar que igual sigue uno siendo idiota, pero que en el pasado mi mal era más grave.
Hay gente que para nosotros debe permanecer muerta en la mente,
y sólo nos queda desearles mucha buena fortuna, pero lejos, muy lejos de nuestro lado.

Reinicio

No es lo que tienes, sino lo que eres. No es lo que piensas, sino lo que sientes.
Los verdaderos colores no se ven con los ojos, sino con el alma que los usa de ventanas.
No soy una buena persona, lo que pasa es que contigo trato de ser mejor. Pero mejor no intento nada más y trataré de ser quien soy.
El tiempo es relativo, y para muchos no existe. A veces fui yo mismo, pero se que mañana y los subsecuentes amaneceres quizá seré el mismo de ayer.
Tanto quiero preguntarte, mientras que no encuentro las palabras para responderte.
Ojalá no esperes tanto de mí, para no correr el riesgo de defraudarte. Por favor recuerda que no soy más que un hombre.
Igual el día en que salde mis cuentas pueda al fin conocer la verdad. Dejaré de cuestionarte y te trataré con todo respeto, pues es la única manera real para llegar a alguien.
Si me alejo y regreso ojalá me disculpes, es que necesito desesperadamente encontrar la verdad, y dicen que ésta se encuentra allá afuera. Nadie nace sabiendo y echando a perder se aprende. Y no quiero sabiduría a costa de perjudicarte.
A veces siento que la vida es redonda, y uno la comienza de nuevo al llegar al final; sin embargo, el principio nunca suele ser el  mismo.

Foto de Rocío Pardos, el uso de la imagen fue gentilmente autorizado por su autora. Visita el estupendo blog de Rocío en http://fotografiarocioph.com/
Foto de Rocío Pardos, el uso de la imagen fue gentilmente autorizado por su autora. Visita el estupendo blog de Rocío en http://fotografiarocioph.com/

 

Reincidencias (la importancia del punto final)

Sueños, tú en el rol principal. Aunque como en la vigilia, allí también pareces creer que es tu película.

En mis sueños y memorias eres siempre hermosa, pero nunca tanto como en la realidad.

Tiempos, esos momentos que parecían sólidos monumentos, esas promesas que presumían de ser indestructibles. Hoy son olvidos ficticios, que forman parte de nuestro presente, de manera no consciente.

Los tiempos pasados contigo son fantasmas permanentes en mí, habitantes de una casa desolada.

Estar contigo sigue siendo un placer que llena el alma, reencontrarte es un gozo que no tiene comparación. Pero, como siempre, tu ausencia me arrastra de nuevo hacia el vacío maldito, difícil de sobrellevar. Me dejas ese sabor de cobre en la boca que tiene la necesidad. Aprendí a seguir sin ti, sólo que al verte otra vez vuelvo a tropezar.

No fuiste la primera, quizá no serás la última, pero sigues siendo la única que no deja de doler.

Ya no funcionan como antes la pluma de Dumbo, la botella de alcohol, la película de cineteca, la vieja canción. Ni las charlas de café, las amistades de relleno, la codependencia no aceptada, la independencia esclavizada, la falsa emancipación.

La cuenca de un tuerto impacta más que el ojo de un ciego, por el vacío, pues un hueco es lo peor. Los muertos enterradores de muertos no se la pasan muy bien. Fosas y agujeros por doquier.

Después de los reencuentros me dejas como el hombre lobo amansado en la perrera, llorando amargamente por la luna que no es llena, como Adán sin Eva, sin costilla y hambriento en la selva.

Por eso dicen que no es bueno mirar hacia atrás, y siempre es necesario un verdadero punto final.

Si nos volvemos a encontrar

Si nos encontramos de nuevo
prometo no reconocerte, y sí hacerme el demente en el accidente
sin clemencia y sin decencia

Si nos encontramos de nuevo
tomemos el ejemplo de los dos barcos extranjeros que se siguen de largo
a buscar su propio iceberg, como expertos en naufragios

Si nos topamos de nuevo
mejor no nos insultemos,
pues recomiendan los doctores que más vale olvidar
que pudrirse lentamente por dentro
el rencor es un horror y arruga el pergamino del camino

Mejor seamos toros indultados
completos, con orejas y rabos
para la siguiente faena en la arena
luchando para no dar pena ajena

Si nos encontramos de nuevo
por mí no hay deudas, aunque no sea jubileo
cada mono en su rama, cada muerto en su caja,
Sólo olvidemos lo que fuimos, y ahora ni siquiera conocidos

Si nos encontramos de nuevo
no perdamos nuestros tiempos en recuerdos de ningún tipo
sigue de frente, sacúdete el polvo
no pido perdones mutuos
sólo sanos olvidos, que lo vivido fue ya en sí suficiente castigo.

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Confesiones conflexionadas (cornflakesionadas) a la medida de la regla con que me midieron

Enfriado, de planeta en planeta, plantado sin planes, como el menos principal de los príncipes, conociendo a desconocidos y perdiéndome a mí en el desconocimiento. Píntame una pinta de cerveza y te presento a mi Mr. Hyde (Park). Así pasó hasta que me bien perdí malamente en ese laberinto con minotauros robados de la Plaza de las ventas (que por entonces ya estaba en renta y posiblemente iba a cambiar su nombre por el de Plaza McDonalds o Plaza Hewelett Packard). Y el fulano que veía en los espejos era un total extraño. Añoro cuando me reconocía. Ahora, con 100 kilos propios encima, esos al menos se pueden quitar, con algo de voluntad, ojalá se fueran como volutas de humo, trato de retomar abstemiamente el camino que me lleve a estar bien conmigo. Nunca en domingo dijo la griega, y yo me empiezo a tomar mis grajeas para poder dormir.