Con la mejor disposición

Armado de paciencia y fe, estoy aquí, esperando lo mejor contigo; a pesar de que las experiencias siembran dudas en el campo fértil de mis ideas.

No puedo evitar preguntarme: ¿y qué tal si lo nuestro tiene el mismo final trágico de mis anteriores experiencias?

Todas mal, siempre mal.

Nada indica realmente que ahora vaya ser de otra manera. Lo más probable es que se trate de la misma historia con escenarios distintos. El mismo papel femenino, interpretado por una nueva protagonista.

En lo que se refiere a las relaciones sentimentales, parece que tengo el toque inverso de Midas. Aquellas que eran malas, conmigo terminaron siendo peores, y las mejores, en mí descubrieron cómo ser villanas.

Las dudas son las vitaminas de la fe, y quizás por ellas sigo esperando algo bueno contigo.

Presiento que eres la correcta.

Aunque, honestamente, siempre sentí lo mismo con cada mujer de quien me enamoré. Percibo, a pesar de todo, que eres distinta, además de ser auténtica y sincera.

Esta vez, nada puede salir mal.

Aunque, ahora que lo menciono, siempre todas fueron auténticas y sinceras. Mentiría yo si dijese lo contrario.

Pero contigo siento algo diferente: la confianza mutua es enorme, podemos hablar de todo sin problemas, aun cuando no coincidimos por completo. Diría que las diferencias nos alimentan.

Claro que, ahora que lo recuerdo, eso mismo sentí al principio con mis parejas anteriores. Las confesiones y las charlas inocentes se transformaron en arenas movedizas de crítica y recriminación, donde se fue ahogando la confianza.

Esto del amor me resulta como un juego de dados recargados… en mi contra, claro está.

Ya estoy lo suficientemente viejo, y no comprendo para qué siquiera lo intento otra vez.

Pero por alguna razón aquí estoy, armado de paciencia y fe, con la mejor disposición para intentarlo de nuevo.

Creyendo en ti.

Ojalá esta vez no se trate de abordar la nave que va directo al hundimiento o subirme al dirigible que volará, pero en pedazos. No, creo que no. Creo que esta vez vamos en el camino correcto, aunque…

ciego

Distancia y oscuridad

“¿Qué tan lejos estamos de estar cerca?”, decía la frase pintada en un muro callejero.

“Como a mil millones de años luz en galaxias de penumbras”, susurré tomando tu mano.

Tú saliste de tu habitual ensimismamiento para decirme: “Perdón, ¿dijiste algo?”.

Yo respondí, como punto final: “Los años luz miden distancias, no luminosidad”.

Y segumos caminando juntos, cada uno por su lado.

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Agujero negro (Foto de: Event Horizon Telescope Collaboration) https://eventhorizontelescope.org/

Sobre losetas de olvido

Hay una canción que me hacía sentir, que detonaba en mí rosarios de emociones, ansias y deseos. Esa canción hacía que me dolieran las distancias, que celebrara cada abrazo y perdiera la cabeza en cada beso.

Hoy esa canción no tiene significado para mí, simplemente me deja insensible.

Cuando mis emociones despertaban gracias a esa canción, yo creía en muchas cosas, el futuro lucía amplio, como el cielo y el mar, y el presente perpetuo como una película sin fin. La juventud es un cierto tipo de ceguera y la vejez trae consigo, cuando no el desencanto, un cinismo llamado realismo, que es como torear para sobrellevar la vida, sin necesidad de lastimar animales.

Había un rostro que yo solía añorar imagino que el tiempo habrá hecho de él una cara irreconocible o una caricatura del que conocí. De aquel rostro no puedo empalmar las facciones, ahora es como una nebulosa en la licuadora de mi mente.

Esos “para siempre” no duran ni lo que una vida y en realidad el “nunca” ocurre todos los días.

La historia con ella prometía, sonaba bien como melodía desencadenada o sinfonía que transporta; fue ese tipo de amor tan bonito como un cuento que quisieras fuera cierto. Pero las hadas no existen y una zapatilla de cristal se rompería al primer cha cha chá.

Además, el tiempo termina borrándolo todo. Yo aún puedo escuchar la canción que te dije, pero imagino que la insensibilidad siempre antecede a la nada.

El cartero siempre llama dos veces, y yo llamé hasta siete veces siete a esa puerta.

Hoy no quedan ni ruinas de aquello, quizás un vago recuerdo.

Norma Desmond y Valentino bailan tango sobre losetas de olvido.

tango

Sólo queda el silencio

Sólo queda el silencio, nada de eco, ni un sonido sobreviviente. Sepulcral quietud.

La gente suele alejarese poco a poco, así es la cosa en esto que se llama vida, pero cuando se va con prisa y viento a favor es por tu actitud, cuando dista mucho de ser la que se espera.

Apresuré el proceso, aquí sólo queda el silencio, la condena que me prohíbe cualquier conversación contigo. Caín mudo, el judío errante sin historias pintorescas.

El crimen es que no me gustan las personas, ni la sociedad, ni hablar huecamente de lo que está de moda, de la tendencia del día, de las noticias, pero vamos, tampoco es sano el monólogo perpetuo, el propio punto de vista por siempre.

“Cuidado: si únicamente hablas contigo pudieras estar hablando con una mala persona”.

Así que sólo queda el silencio, y aún respiro. A veces la quietud es un alivio, pero casi siempre es ensordecedora.

No soy una persona profunda, pero me es imposible sostener siempre charlas tan ligeras como la espuma en hocico de perro rabioso.

No vivo hablando de filosofía, ni de espiritualidad, qué contrariedad, pero tampoco soporto oír la misma gracia simplona 278 veces al día.

No puedo aplaudir por cualquier ocurrencia, no me puedo reír en un drama devastador cuando se dice algo que pudiera parecer remotamente gracioso, no doy palmadas en la espalda para felicitar a quien dice cualquier estupidez en voga, ni me “apasiona” lo que se impone desde las oficinas centrales de este Infierno. Ahora se exige que todo nos divierta, que nos produzca carcajadas, tenemos “derecho” a la constante ligereza, que en vez de aliviar nos aturde.

¿Es por eso por lo que te alejé? ¿No decías que admirabas mi honestidad? Igual yo soy para ti, also similar a lo que yo pienso de los demás.

Sólo queda el silencio, y aunque muchas veces duele como el carajo, sigue siendo preferible al ruido sin sentido.

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Cuando algo es muy difícil de conseguir

Solitarias noches eternas,

desvelos que drenan la energía vital,

pensar constantemente en ella es como respirar.

Le dedicas palabras, sorpresas, halagos,

completa inversión total.

Tengo un plan maestro y te tengo en la mira,

haré lo que se necesite, y más, porque nos pertenecemos.

Creatividad diaria, sonrisas,

ocurrencias… pero nada,

sólo la ausencia y largas, y más largas.

Caminar solo entre las nubes no es lindo.

Pero la esperanza, principalmente la falsa, es más dura de matar que Bruce Willis en la jungla de cristal.

Flores, cartas, poemas,

regalos, serenatas y cenas proyectadas.

Y nada.

Pero hay que ser persistente,

con insistencia el agua atraviesa la piedra.

Adelante, el destino los presentó, o eso crees.

Esa manía mía de apostarle siempre al número que va a perder.

La buscas, pero no la encuentras,

y cuando la encuentras sus monosílabos y respuestas no suelen ser más de dos,

nunca positivos, pero tampoco definitivos, en ningún sentido.

Eres transparente, honesto y te entregas,

tus palabras sólo expresan la verdad,

pero nada.

El tiempo pasa y no dejas de pensar en ella.

Cuando estás considerando la renuncia… al fin cede,

las murallas de su fortaleza caen rendidas,

tuya es ahora la medina de su corazón.

Todo para descubrir que cuando algo es muy difícil de conseguir,

al obtenerlo veas que no valía ni la mitad de las penas que te tomaste.

Dios o el fatalismo, tienen el mejor humor negro que ha existido.

 

Miré con respeto más allá de tu belleza

Miré con respeto más allá de tu belleza,

y vi un lugar donde el bien y el mal cohabitan en paz.

Luego entendí que la noche es tan tuya como lo es el día

y que eres tan mujer como aún eres niña.

No te sentí como ideal, y tampoco perfecta,

pero sí como ejemplo de humanidad libre y natural.

Quise conocer tu historia y agradecerte todo lo que obtuve de ti,

antes de que me abandonaran las palabras.

Posiblemente dije demasiado, hasta abrumarte y cansarte.

Ahora ya me cuesta trabajo incluso hablar.

Quizá desde el principio debí quedarme callado y limitarme a

mirar con respeto más allá de tu belleza.

 

 

Hice lo correcto, pero estaba equivocado

Pensé poco,

hablé demasiado.

Sentí mucho,

pensé poco.

Abrí la jaula de mis ilusiones,

tan escasas hoy en día,

y volaron,

ahora nomás tengo una jaula vacía.

Soñé futuros,

castillos sin cimientos,

creí llegar por fin al hogar,

pero nada…

cuánto lo siento,

aunque me digas que lo sientes más.

Hice lo correcto,

pero estaba equivocado.

jaula vacía