¿Qué es el amor?

Si me preguntan qué es el amor, yo respondería que es lo que siento por ti.

Es todo lo que me inspiras, tu no-perfección; tú, tal cual eres, a quien no quiero cambiar, antes bien, espero coincidir con el ritmo de tus cambios, y deseo que me acompañes en la tonada de los míos.

Es el camino que se aleja de la idealización y de la idolización, es ese sentimiento tan completo que inspira una persona natural como tú.

Es querer estar contigo cuando sea posible, sin asfixia, pero sin esa lejanía que puede engendrar un olvido, ya sea por distancia kilométrica o cronológica.

Es complementarnos en complicidad existencial, en tiempo y espacio. Es la bendición y fortuna de haberte conocido de entre tantos millones de almas que en la historia del mundo han existido.

Es mirarte y quererte, en un eterno presente, sin llevar cuentas del pasado y sin querer enfocarnos en lo que vendrá.

Es querer seguir juntos más allá del efímero enamoramiento y de la fiebre de la pasión.

Es ese sentimiento tan grande que asocio invariablemente contigo.

Por eso, si me preguntan qué es para mí el amor, diré que es lo que siento por ti.

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Así fue, es y será

Decía el que sabe que conocemos primero el cielo que nuestro corazón, y más aún ahora que tenemos tantos distractores y herramientas evasivas que nos alejan de nosotros mismos, y por ende de la Verdad. Somos cada día más vacíos y desconocidos. Así fue, es y será, naturaleza humana.

Nos conmovemos profunda y efímeramente ante desastres donde mueren cientos de personas, ajenas a nuestra realidad cercana, porque en el fondo pensamos que eso podría ocurrirnos a nosotros. Pero si nuestro vecino o pariente se returce de dolor, tendemos a jactarnos o a mostrar indiferencia. Amamos a la humanidad, pero no a la gente que conocemos.

A los animales los maltratamos o los tratamos como seres humanos; rara vez respetamos sus dignidades originales. No me es extraño, yo mismo lo he hecho. Así fue, es y será; pura naturaleza humana.

Somos muchas sonrisas cuando necesitamos algo o cuando somos vendedores. En cambio somos amargura, molestia y caras de aspereza cuando alguien nos pide lo que sea, sin ofrecer nada más valioso a cambio.

Hacemos culto a la belleza y juventud, como si fueran perfectos y perpetuos, huímos de la fealdad y la vejez, aún cuando nos pueden contar buenas historias si cerramos los ojos y de que, si sobrevivimos lo suficiente, serán mañana nuestras características.

Tenemos terror a la muerte, aunque es la compañía más constante a nuestro lado, qué absurdo.

Somos ilógicos, irraconales e idiotas, a pesar de que insistimos en presumir lo contrario. Así fue, es y será; pura naturaleza humana.

Envejecer, enfermar y morir, es el futuro de cada uno; sin excepción. Por eso más nos vale rescatar y aprovechar los tesoros de cada día, aunque sean pocos. El mañana siempre podrá ser peor.

Las frías noches de enero

Las frías noches de enero me hacen pensar,
Plasmar mis deseos en hojas blancas, recordando todo lo que no te dije cuando estabas frente a mí;
y es que cuando te veo, me enfoco tanto en el momento,
que permanezco mudo mientras a mi lado pasa como robado el tiempo.
En esas mismas hojas quisiera describir con justicia,
cada rincón y milímetro que hacen soberbia tu anatomía,
o poder recrear como un gran don de mi memoria
cada idea, cada palabra que me dijiste con tu linda boca.
Pero en las frías noches de enero me encuentro solo,
tan solo como el gélido viento del norte,
tratando de plasmar tus recuerdos en un papel
que ojalá guardaras muy cerca de tu cálido pecho.
Y sueño con historias de conquistas, sitiando tu corazón
que al final cae rendido, como ante el tuyo cayó el mío.
E imagino que la distancia se acaba por fin para ambos
y salimos juntos a encontrar tesoros y recuperar las materias que reprobamos.
No me importa que lo escrito en esas hojas no le guste a nadie,
en tanto tú las encuentres sinceras y agradables.
Aunque al final sienta que no puedo plasmar en ellas
ni la mitad de lo que siento que son verdades contigo.
Pero es todo lo que puedo hacer en las frías noches de enero,
mientras en cuerpo y alma espero por ti.
 
cold

Naufragio afectivo, sin elección (aparente)

El violinista del Titanic sigue tocando el vals triste con el agua al cuello, igual no es resignación, sino que quizás el capitán que se hunde con su barco impone el ejemplo, con acciones, no con palabras; aún así, abordo del insumergible viajaban fariseos felices y lombrices erectas, con toda la incongruencia de sus actos y sus verborreas. De menos el barco ya está limpio, porque las ratas lo abandonaron primero, antes que las damas y los niños, por supuesto, ratas simbólicas de la cobardía y la suciedad del alma. Sálvese quien pueda. Gritos y atropellos, todo a voz de cuello, excepto los sentidos llantos del muñeco de ventrílocuo, tan vacío, con sus ojitos de vidrio perdidos en el infinito y la mandíbula caída por la sorpresa. El vals sigue sonando. 1, 2, 3, 1, 2, 3… El iceberg es tan grande que aún rodeándolo te rompe. Burbujitas como de champán bajo la superficie del mar y la sirenita que lo atestigua está más petrificada que aquella que homenajea a un autor de joyas infantiles en un país del Norte de Europa. En medio del hundimieno, soñé que me tomaba vitaminas correspondientes a todo el abecedario y que Ponce de León me daba el secreto de su fuente, todo en vano ya, porque el barco se va a pique inexorablemente. Y el vals se sigue escuchando. 3, 2, 1, 3, 2, 1… Las dificultades en las relaciones entre hombres y mujeres no son cuestiones de género, sino de especie, somos más iguales que lo que queremos aceptar, aunque me digas lo contrario (solo por llevarme la contraria y querer imponerte). Ellas no son de Venus, nosotros no somos de Marte, todos y todas nacimos bajo el mismo Cielo y colaboramos por igual para construir el mismo Infierno. El juego parece consistir en no dejar que te rompan el corazón, para eso debes ocultar tu mano que arroja las piedras, poner cara de jugador de Póker y tener boca de poeta creíble; pero sigo necio pensando que no hay amor verdadero si no dejas de lado el juego y te dedicas a ser con toda honestidad. Contradicción contraindicada en las relaciones humanas. No hay amor de verdad si uno no se quita la coraza y se expone. Honesto al 100%. Se sigue oyendo el vals. Pero de repente, al notar que algo es seguro, parece que el interés se pierde. Se termina la cacería, se rompe el encanto y a otro lado con el circo, o al fono del océano con toda la tripulación. El iceberg rompe el casco, las ratas ya están más ahogadas que tortas de Guadalajara, esas ratas fueron las primeras y serán las últimas, no podía ser de otra manera, es su naturaleza. Y el violinista sigue tocando.

Ella baila desnuda frente a su amante

Ella baila desnuda frente a su amante

En ese instante todo cambia. Cuando eso sucede, empiezan a quedar en un lejano pasado todas las miradas corteses, las bromas y las risas que pretenden agradar. Olvidados quedan también el nerviosismo por el rechazo y la timidez. Ya no más galanterías de abrir las puertas que ella encuentra a su paso ni ayudarla con su carga física, no más de esa respetable y recatada admiración de su personalidad. Muy lejos se sienten entonces las ilusiones de futuros dorados, de cuentos de hadas, las mariposas en el estómago y la añoranza pura durante la ausencia de esa persona, que tras con intimidad ha dejado de parecer inalcanzable.

Ella baila desnuda frente a su amante

Ya no queda nada por descubrir físicamente, la geografía ha sido cartografiada, los puntos exactos de respuestas inmediatas han sido catalogados. ¿No es realmente aquí a dónde realmente todos queremos llegar cuando fijamos el objetivo de conquistarla? ¿No es esta la finalidad de cualquier cortejo?

Ella baila desnuda frente a su amante

Es el momento preciso en que el asunto puede dejar de ser enamoramiento o amor y convertirse en fijación, en “enculamiento” como diría la gente más refinada o en la necesidad de un urgente olvido. Los analfabetas funcionales, los poetas más estilizados y los tímidos, buscan todos lo mismo: acostarse con la mujer deseada y hacer que baile desnuda frente a ellos. Esto va más allá que Salomé quitándose velos frente al rey, y es la acción previa a la de Dalila jugando con el cabello de Sansón. Es el umbral de la intimidad más intenta, esa que todo lo cambia, que corta de tajo la dulzura, que derrumba las defensas, que da inicio a las exigencias, que fortalece la relación o que la empeiza a resquebrajar para que se derrumbe con un soplo.

Ella baila desnuda frente a su amante

Pudieron llegar hasta allí de distintas maneras. Tras un gentil galanteo que siguió todos los requisitos sociales y sentimentales que dicta ese alguien que no tiene nombre, pero sí presencia terrenal. O ser la consecuencia de un accidente o una explosión interna. Quizá sea el premio a mucha paciencia o la presa de una cacería bien planeada. A lo mejor sólo fue después de soltar súbitamente la riendas del comportamiento. ¿Quizá tras haber fijado el precio? Ella pudo ser tanto un ideal como una simple necesidad.

Después de las mutuas desnudeces, del intercambio de sales y sudores, de la primera exploración íntima, hay varias rutas a seguir:

Dejar el dinero y salir.

Entregar por más tiempo el dinero y la vida.

Continuar satisfaciendo ciertas necesidades animales que exige el cuerpo, mera física sin ataduras sentimentales.

Crearse una fantasía.

Crear una historia y echarlo todo a perder.

Empezar una negociación sensata.

Quizás haya otros caminos, pero esos son los que conozco.

Ella baila denuda frente a su amante

Si solían ser amigos la amistad cambiará a partir de ese momento, lo más probable es que se extinga por completo. Si eran extraños puede que se sigan viendo hasta definirse ambos, ya sea juntos o por separado. Si eran conocidos es posible que uno de los dos pregunte “¿Y ahora qué hacemos?”.

Esa intimidad que todos buscamos, termina cambiando cualquier relación.

El inexperto puede enamorarse de la prostituta irredenta que por experiencia rechazará dicho amor, o le sacará provecho mientras dure. La seria persignada que cedió por fin ante el insistente que persistió como gota de agua en la roca y que perderá el interés tras el encuentro de ombligos. Los enamorados pensarán que esto es amor, y quizá lo sea. La virtuosa puede convertirse ahí en puta y la puta en maestra que muestra todas sus virtudes. Tantas cosas que pueden suceder tras esa danza seductora.

Pero en realidad casi nadie piensa en nada cuando ella baila desnuda frente a su amante. Nadie piensa, ni se pierde en reflexiones, es ese momento único, quizá irrepetible, en el que si razonas te ausentas, y más vale estar ahí cuando sucede. Hay que vivirlo porque ya nada será igual, porque igual ya no vuelve a pasar.

¿Qué es el amor?

Pedro el abrazacactus bajó del caballo y miró fijamente al horizonte.

El sol se ponía, no como ponen las gallinas, sino a la inversa.

“Las caricias eran como anestesia en la piel, los besos con ardor de mármol”, decía Pedro al momento de recordar lo que trataba de olvidar, “los encuentros eran como cumplir jornadas de trabajo, sin pago ni gratificación”.

El caballo, que por fiebres deliraba, comenzó a bailar un vals, ese que le enseñaron mientras vivió en un circo.

Pedro sacó su armónica y sopló y aspiró una triste tonada.

“Cuando nuestras miradas se encontraban era como asomarse a un abismo sin fondo ni sentido”, dijo Pedro tras quitarse el instrumento de la boca para así blasfemar sus recuerdos más claramente, “el camino que emprendimos juntos terminó siendo un laberinto”.

El caballo, víctima de la alucinación febril, creyó que alguien le había preguntado cuánto eran 3 + 2, y golpeó con la herradura de su pezuña delantera derecha 5 veces una piedra del camino, que carecía de destino y vaticinio. Al final no hubo entrenadora que le diera al equino un trozo de zanahoria por su exactitud matemática.

“Las mariposas que revolotearon en mi estómago, no tardaron en ser una especie en extinción”, expresaba Pedro con el tono de un mal actor, “¿qué será eso que llaman amor?”.

Mientras eso decía el descorazonado e intrigado Pedro, sorpresivamente, de detrás un estático estepicursor, o quieta cachanilla, salió agitado el buscado forajido mexicano asaltabancos y saltimbanqui que huía, pues a punto estuvo recientemente de ser ahorcado en un desértico pueblo llamado Armadillo.

Pedro y el forajido se miraron a los ojos, de algún misterioso lugar sonaron notas de Morricone. La duda y la súplica se notaban en las pupilas del primero, el salvajismo y la desesperación en las del segundo.

El forajido desenfundó su revólver de culata nacarada, y le disparó certero al corazón de Pedro, quien cayó sin vida cuan largo era sobre la arena, y sin encontrar respuesta a la duda que lo carcomía.

El forajido hizo una pirueta y montó el caballo de experiencias matemáticas y circenses, quien terminó sntiéno que regresaba a casa. Así el mexicano cabalgó a toda velocidad con rumbo a la frontera.

Mientras todo esto sucedió, Lupita, la malabarista estrella del circo y última experiencia sentimental de Pedro, la que tantas dudas sembró en la cabeza del abrazacactus, trataba de olvidar el robo de su enfermizo caballo refocilándose sin recato en los brazos de un vendedor itinerante con cabellos del color de los rayos del sol. Él también terminaría confundido.

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Reinicio

No es lo que tienes, sino lo que eres. No es lo que piensas, sino lo que sientes.
Los verdaderos colores no se ven con los ojos, sino con el alma que los usa de ventanas.
No soy una buena persona, lo que pasa es que contigo trato de ser mejor. Pero mejor no intento nada más y trataré de ser quien soy.
El tiempo es relativo, y para muchos no existe. A veces fui yo mismo, pero se que mañana y los subsecuentes amaneceres quizá seré el mismo de ayer.
Tanto quiero preguntarte, mientras que no encuentro las palabras para responderte.
Ojalá no esperes tanto de mí, para no correr el riesgo de defraudarte. Por favor recuerda que no soy más que un hombre.
Igual el día en que salde mis cuentas pueda al fin conocer la verdad. Dejaré de cuestionarte y te trataré con todo respeto, pues es la única manera real para llegar a alguien.
Si me alejo y regreso ojalá me disculpes, es que necesito desesperadamente encontrar la verdad, y dicen que ésta se encuentra allá afuera. Nadie nace sabiendo y echando a perder se aprende. Y no quiero sabiduría a costa de perjudicarte.
A veces siento que la vida es redonda, y uno la comienza de nuevo al llegar al final; sin embargo, el principio nunca suele ser el  mismo.

Foto de Rocío Pardos, el uso de la imagen fue gentilmente autorizado por su autora. Visita el estupendo blog de Rocío en http://fotografiarocioph.com/

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