Cinismo sincero

Tenía puerto seguro, pero perdí el rumbo. Lo sé.

Las disculpas salen sobrando, mi falta no tiene excusa.

El pecado de dar todo por hecho, de cambiar lo valioso por lo novedoso.

No hay justificación. Pero se cuenta que hubo una vez un Marqués que sólo sirvió faisán exquisito a un Cardenal (su platillo favorito según su paladar) durante una semana para ejemplificar que hasta lo mejor aburre.

¿Será el Cielo el mismo caso?

Luzbel tuvo que caer para valorar lo perdido, y sin embargo después de su gracia ya no le resultó gracioso a nadie.

Alcanzar, habituarse, aburrirse, explorar, arrepentirse y resignarse, los actos de una tragedia que parece repetirse hasta la saciedad, entre tú y yo, entre los demás, y en una de esas se repite en el más allá.

En el aquí y ahora, con sinceridad te pido perdón, no una oportunidad sino otro intento, pero con la misma sinceridad, que te parecerá cinismo, no puedo jurar que lo que pasó no vuelva a pasar.

Quizá aprendí la lección, quizá haga todo lo posible por enmendarme, pero uno nunca sabe lo que el mañana traerá en su canasta, ni quien espera al doblar la próxima esquina.

¿Por que mejor no vivir el momento en vez de jurar por esa eternidad que nos queda tan grande?

Me pongo en tu lugar, y la verdad es que yo hubiera reaccionado peor que tú. No falla, cuando el culpable es también ofendido siempre resulta ser un juez más severo.

Dejo pues el veredicto en tus manos, con mi mayor honestidad, por vivir el aquí y ahora, que sea lo que tenga que ser.

látigo

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Sólo los buenos mueren jóvenes

Sólo los buenos mueren jóvenes.

Mucho hay de cierto en esa frase, que debe deprimir a quienes seguimos respirando, a quienes seguimos arrancando hojas al calendario, a quienes vemos al tiempo como adversario.

Es una frase muy cierta porque sólo es bueno quien no se corrompe, quien aún cree en la justicia, aquél que no ha sido contagiado con cinismo ni seducido por las dulzuras aparentes del poder, quien crea basado en todo lo que cree, quien no busca quedar bien. Por eso sólo los jóvenes pueden ser buenos, pues un viejo bueno sería un santo, y no hay santos vivos, nunca los ha habido.

Para seguir siendo bueno sería necesario no comer del árbol de la vida, no ganar dinero ni ver noticias, no cuestionarnos cada acto, no contratar asesores que nos digan lo que es bueno y lo que es malo, ni tener fe en los comerciales de televisión o en los dogmas de cualquier religión, tampoco en los avances tecnológicos.

El que es bueno se gana muchos enemigos (la mayoría de ellos disfrazados de corderos), y cree que no hay palabras hechas pare decir mentiras ni para barnizar engaños. Por eso el que es realmente bueno no verá muchos amaneceres.

Te digo, es cierto, sólo los buenos mueren jóvenes.

gs

El poeta estructurado

El lógico y metódico poeta estructurado se hallaba extraviado en la bruma de las palabras.
Quebrándose la cabeza y la espalda con forzadas rimas artificiales que se ajustaran a su exitosa fórmula.
El pobre poeta estructurado ignoraba cómo poder tocarte el alma.
No sabía cómo plasmar tu cuerpo en odas y se confundía al tratar de
capturar sus propios sentimientos en frases libres y sinceras.
Tan hunido en la métrica y la rima, tal como todos nos hundimos en las
arenas del tiempo, el poeta estructurado no podía escuchar los gritos de su propio corazón.
Había sido, no hacía mucho, intoxicado por los aplausos, cuyo susurro en la gente sin fe suele ser más fuerte que el trueno de la verdad.
El poeta estructurado ha sido condenado por el tribunal del corazón a
pasar infinitas noches en vela.
Seguirán los aplausos, seguirán los premios y las recompensas, al menos por un tiempo, pero ese poeta jamás podrá tocarte el alma.

Cinismo sincero

Tenía puerto seguro, pero perdí el rumbo. Lo sé.

Las disculpas salen sobrando, la falta no tiene excusa.

El pecado de dar todo por hecho, de olvidar lo valioso por lo novedoso.

No hay justificación, pero se cuenta que hubo una vez un Marqués que sólo sirvió faisán exquisito a un Cardenal (su platillo favorito por sobre todas las cosas del paladar) por una semana para ejemplificar que hasta lo mejor aburre.

¿Será el Cielo el mismo caso?

Luzbel tuvo que caer para valorar lo perdido, y sin embargo después de su gracia  ya no pudo regresar al paraíso.

Conseguir, habituarse, aburrirse, explorar, arrepentirse y resignarse, los actos de una tragedia que parece repetirse hasta la saciedad, entre tú y yo, entre los demás, y en una de esas se repite en el más allá.

En el aquí y ahora, con sinceridad te pido perdón, no una oportunidad sino otro intento, pero con la misma sinceridad, que te parecerá cinismo, no puedo jurar que lo que pasó no vuelva a pasar.

Quizá aprendí la lección, quizá haga todo lo posible por enmendarme, pero uno nunca sabe lo que el mañana trae en su canasta, ni quien espera al doblar la próxima esquina.

¿Por que mejor no vivir el momento en vez de jurar una eternidad que nos queda grande?

Me pongo en tu lugar, y lo que sospecho es que yo hubiera reaccionado peor que tú. No falla, cuando el culpable es ofendido siempre resulta ser un juez más severo.

Dejo pues el veredicto en tus manos, con mi mayor honestidad, por vivir el aquí y ahora, que sea lo que tenga que ser.

La honestidad del engañador

Como el impostor atrapado con las manos en la masa (que equivale a manosear el volumen por gravedad, grave asunto sin duda), sintiendo que mi inmundo mundo incompleto está acabado (no en un final general, sino, como a cualquiera, en el particular sargenteado), ignorando el pacto que contrahechicé contigo, todo fue finiquitado en el momento en que rompí tu confianza de cristal.

Con pena de billete falso, condenado voy al cadalso, dando pasos indecisos hacia lo eterno, donde todo es verdad.

No puedo revivir el pasado, ni desatar lo que fue amarrado, tampoco purgar faltas ni estómagos, por eso tú y yo quedamos entonces como buques sin puerto, buitres sin banquete, tuertos sin ciegos a quienes gobernar, imposibilitados para sepultar a nuestros muertos.
Mis promesas jamás fueron cumplidas, aunque creíste cada una de mis palabras, incluyendo las más insinceras. Jamás aceptaste que es cierto ese secreto que reza sin dios: “quien no miente, jamás llega a viejo”. Por eso hoy pagamos ambos sin paciencia tu exceso de inocencia, y mi falta de honestidad. Qué más da, igual y la próxima vez nos vaya mejor.

cheating at cards