Sólo queda el silencio

Sólo queda el silencio, nada de eco, ni un sonido sobreviviente. Sepulcral quietud.

La gente suele alejarese poco a poco, así es la cosa en esto que se llama vida, pero cuando se va con prisa y viento a favor es por tu actitud, cuando dista mucho de ser la que se espera.

Apresuré el proceso, aquí sólo queda el silencio, la condena que me prohíbe cualquier conversación contigo. Caín mudo, el judío errante sin historias pintorescas.

El crimen es que no me gustan las personas, ni la sociedad, ni hablar huecamente de lo que está de moda, de la tendencia del día, de las noticias, pero vamos, tampoco es sano el monólogo perpetuo, el propio punto de vista por siempre.

“Cuidado: si únicamente hablas contigo pudieras estar hablando con una mala persona”.

Así que sólo queda el silencio, y aún respiro. A veces la quietud es un alivio, pero casi siempre es ensordecedora.

No soy una persona profunda, pero me es imposible sostener siempre charlas tan ligeras como la espuma en hocico de perro rabioso.

No vivo hablando de filosofía, ni de espiritualidad, qué contrariedad, pero tampoco soporto oír la misma gracia simplona 278 veces al día.

No puedo aplaudir por cualquier ocurrencia, no me puedo reír en un drama devastador cuando se dice algo que pudiera parecer remotamente gracioso, no doy palmadas en la espalda para felicitar a quien dice cualquier estupidez en voga, ni me “apasiona” lo que se impone desde las oficinas centrales de este Infierno. Ahora se exige que todo nos divierta, que nos produzca carcajadas, tenemos “derecho” a la constante ligereza, que en vez de aliviar nos aturde.

¿Es por eso por lo que te alejé? ¿No decías que admirabas mi honestidad? Igual yo soy para ti, also similar a lo que yo pienso de los demás.

Sólo queda el silencio, y aunque muchas veces duele como el carajo, sigue siendo preferible al ruido sin sentido.

alone

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Ya ni llorar es bueno

Recuerdo la época en que arrojaba piedras a las multitudes, señalando con burla al que mentía por ganarse un mendrugo de pan. Odiando al que aspiraba cada año a tener un auto nuevo y condenando a los que iban tomados de la mano al país del adulterio. Con risa soberbia me reía del que rogaba que le tocaran el sexo y de aquel que lloraba porque en su libertad se sentía preso. No soportaba al que vivía como los demás le dictaban. Yo me reía entonces, pero ahora los entiendo y hasta perdí la sonrisa.

Me recuerdo despreciando al que iba arrodillado a la casa de Dios a pedirle auxilio, y también al que la misma ayuda rogaba a su vecino. Ahora que la inmortalidad se me escapó de las manos, me encuentro actuando papeles que ayer hubiera yo rechazado. Ahora sé que la supuesta imagen y semejanza que compartimos con el Creador es la posibilidad de hacer el bien o el mal desde el fondo del corazón.

Por fin entiendo eso de que con la vara que mides serás medido y todo me dolería menos si ella estuviese aún conmigo. Camino solo por la ruta que me ha de llevar hasta el final. A veces estoy tan cansado que ya no puedo ni mirar.

Ojalá sea cierto eso de que todos podemos aspirar a ser perdonados, si en verdad queremos vivir sin estar equivocados. Ya no me burlo con tanta fuerza, es más, ya no me burlo en lo absoluto, desde que me descubrí haciendo lo que hace cualquier adulto.

Me hubiese gustado conservar mi inocencia, pero ya ni llorar es bueno, ahora sólo aspiro a la paciencia.

2009

Lentamente

Hogueras profanas a la medianoche. Convivencia delirante en el manicomio de los peligrosos, esos cuyo único encierro es el mundo entero.

Recuerdas a tus amigos, esos extraños que en el pasado creíste conocer, de quienes ahora ya no hay nadie, nada queda.

Recuerdas tus soledades acompañadas, y en realidad tu compañera constante ha sido la misma soledad, desde la cuna, y lo será hasta el último suspiro.

Grabados de Posada, se parecen a ti en las fiestas obligatorias, queriendo formar parte, queriendo enredarte en la trama de la gente. Alcohol: el lubricante social.

Así terminaste forzando la situación, un joven viejo que se transformó sin notarlo en un viejo que se creyó joven. Ridícula caricatura de un Jano que ha vivido demasiado.

Beber para evadir la bestia, para matar el tiempo, beber para anestesiar los días y el tedio constante. Beber hasta perderte, desde un cumpleaños hasta el siguiente.

En este rosario de jornadas tan iguales, todas tan dominicales, respiras apostando por la cirrosis, tratando de acelerar las cosas, con desesperación, hasta que llegue el final.

Pero el final no llega, y antes te estás acabando tú, sin lograr acabar con tu vida.

Vil ironía.

cantina posada

Nadie se muere de eso

Nadie se muere de soledad.

Nadie deja de respirar porque se siente sin compañía.

Además, el abandono se experimenta sobre todo cuando estás en medio de la multitud.

Pero la soledad no termina con tu vida.

Nadie se muere por desamor.

No ser amado o sentirse engañado quizá te haga más frío.

Pero créeme, tu corazón conservará sus latidos.

El amor no es como el aire que respiras, es un accesorio de lujo para sobrellevar la rutina.

Nadie se muere de añoranza.

Porque quien solamente añora, y en el pasado centra su esperanza, es un realidad un muerto viviente.

Sufre dolores de cuello quien sólo mira hacia atrás.

Pero no por eso será sepultado.

Nadie se muere por faltas al honor.

A menos que se involucre en un duelo y le toque estar en el lado equivocado de la espada o de la bala.

Fuera de eso, el deshonor no mata.

Lo único que nos mata es la vida misma, ayudada por su cómplice llamado tiempo.

Y muchas veces también matan el hambre, la peste, la victoria, la guerra y los impuestos.

Pero nadie se muere realmente por desamor, soledad o deshonor.

Esperando la Aurora

Ha sido una larga noche en vela.

Llena de aterradores pensamientos sin esperanza.

Soy testigo claro, iluminado por el eco de los tiempos,

de que no tiene caso apostarle al mañana… los dados están recargados.

Sin embargo aquí estoy, respirando y pensando, esperando la aurora.

La vida es corta para muchos.

Principalmente para aquellos que no la saben vivir.

Para quienes cada día es una rutina y cada noche una ruina,

esos son los dopados con series, canciones en serie, modas inmundas y dispositivos sometedores.

La vida es corta sobre todo para quienes no tienen ni idea de lo que es la libertad.

Al final nada importa y sin embargo aquí estoy, esperando la aurora.

La soledad no es una maldición, el abandono sí, y estos son tan hermanos como Abel y Caín.

De arriba nos hacen creer que no estamos solos, cuando en realidad acá abajo estamos abandonados.

La vida no tiene ninguna razón ni motivo en sí, está en nosotros crear el nuestro, y seguirlo.

Pero somos pereza viviente, preferimos todo empaquetado, a pesar de que el precio a pagar sea nuestra propia destrucción.

A veces es difícil seguir por aquí y sin embargo aquí sigo, respirando y pensando, esperando la aurora.

esperando la aurora

Esa parte de ti

Soy esa parte de ti que no soportas, que te hace sentir mal, que destruye todos tus logros, pero que permites estar contigo, contra tu voluntad, no me puedes exiliar.

Soy tu profana inquisición personal, que no busca ninguna verdad pura, solamente la tortura y el tormento.

Soy la que te hace pedir perdón mil y una veces hasta que no haya nadie ante quien disculparte.

Soy tu mayor tontería, la fuente de tus lamentos, eres un Job gratuito, sin ningún objetivo.

Crees alejarme, pero como el Viejo de la Montaña te prometo el Paraíso, y estúpidamente me crees, a pesar de que sabes que lo único que te entrego es el Infierno.

Soy el viento rencoroso que tira con sencillez la personalidad ideal que te has construido, como si se tratara de una endeble torre de naipes. Carezco de verdad, y trato de hacerte creer que soy tu esencia.

Soy lo que te hace sentir como personaje de Dostoyevski, el desequilibrio de tu paz, tu signo de los tiempos, la abjuración de tu naturaleza, el vaho oscuro y putrefacto que empaña tu pureza, hasta aniquilar tu poca nobleza.

Pateo tu castillo de arena y me burlo cruelmente de tu debilidad.

Tengo límites, no cometo delitos contra terceros, sólo busco tu autodestrucción. Exploto tu talón de Aquiles, y siempre caes, siempre.

Soy tu único apego, lo único que te quedará en la soledad absoluta que te he creado. Soy el creador de tus lamentos, dolor y rechinar de dientes, el disparo a tu propio pie. Autodestrucción, el empujón en el borde del precipicio, explotando tu inquietud por volar.

Acéptalo, no tienes remedio.

Hasta la derrota siempre.

Mi querido capitán

Otra fría noche que sorprende sin abrigo a mi corazón. Otra noche sin compañía ni apoyo. Mi luz y mi sonido son como la estática de la TV.

El estoicismo me vuelve a fallar, en verdad no soy de acero.

No puedo evitar preguntarme: ¿por qué en medio de tanta gente me siento tan solo? Ni siquiera en el desierto de arena experimenté tal abandono.

Mi pregunta queda sin respuesta dejándome aún más desolado.

El capitán viaja por los aires, buenos y malos, lejos, muy lejos de su ambiente natural, lo cual no le importa ni un poquito, porque tiene la cereza de un pastel al saber que ciertamente hay alguien pensando en él en algún lugar: la dulce morena de serenas facciones que según el capitán guarda cerca de su corazón el retrato del viajero amado.

Alguien me dijo alguna vez, a manera de consejo de los sabios, “¿cómo esperas que alguien te quiera, si no puedes siquiera soportarte a ti mismo?”. Entonces no presté importancia a esas palabras, pero hoy han regresado pesadas como cadenas, castigándome por haberlas ignorado y exiliado en el olvido, pues siempre preferí culpar de todo al destino, en vez de asumir honestamente mi responsabilidad. Pero ya no es temporada de comenzar, sino tiempo de empezar a terminar.

Las palabras fluyen con dificultad, y no van más allá de los regresos temáticos desgastados.

El capitán, ahora en tierra, descansa en paz acompañado en su soledad, pues presiente que lejos, la dulce morena de serenas facciones, es su cómplice en la vida.

Rompo el cristal de la emergencia urgente dirigiéndome al mercado electrónico de los sentimientos, donde nadie te quiere y todas las personas que allí se confunden y te confunden buscan desesperadamente lo mismo que tú: fingirse perfectas y presumir que su corazón rebosa de buenos principios y nobles actitudes, todo para saciar el llamado de la selva. Me siento un negociante experimentado, pero sé que soy como el vendedor de autos usados en otro fraude infame popular.

Como el dinero mal habido o un acto de venganza, regreso a donde pertenezco. A mi paso, la dulce morena de facciones serenas me saluda con sus modales de manual, que me saben tan rutinarios como cualquier domingo. El capitán abre los ojos, acepta su soledad, los sueños no duran por siempre y la engañosa imaginación cercana a la cruda realidad produce la peor resaca. Él jamás voló y nadie tiene su retrato.

A veces hay que aceptar las cosas y conformarse con tratar de encontrar sentido en la estática de la televisión.