Masas ya rebeladas

Entes ruidosos que se mueven y respiran, subhormigas que aspiran a sueños que no son realmente suyos, y creen que piensan con esas mentes caóticas que consideran superiores a las de otras especies.

Esa inteligencia supuesta es un desperdicio, siempre tragada por un abismo profundo y negro, como la muerte. Dicha gente tiene menos capacidad de juicio que los gusanos de tierra o que las amibas que ignoran todo acerca de la amistad.

Esos entes requieren de leyes para refrenar un poco su instinto autodestructivo, pero al final sus reglas resultan tan estériles como una semilla de mostaza arrojada a las olas del mar (si no me crees pregúntale a Simón Bolívar, si lo ves).

Entes que necesitan estar siempre acompañados, cerca de alguien, porque tienen temor visceral a su “soledad”, y optarán por la “soledad acompañada”, jamás aceptada, para no enfentarse a su propio interior, tan vacío como su inteligencia, profundo como abismo de ranchera.

Construyen su propio cadalso, adornando la estructura con coloridos logotipos, y creen prolongar el momento de su ejecución, que en realidad comenzó desde que ellos empezaron a andar en la Tierra. A su fin autoimpuesto suelen llamarlo Civilización.

Entes que creen avanzar más lejos de lo que realmente han llegado, aunque en realidad nunca van a ningún lado. Y su soledad, siempre su soledad, los incita a inventar dioses para amarlos y odiarlos a la vez, para responsabilizarlos de todas sus estupideces.

Entes que se desprecian entre sí (para prueba sirve este escrito), a la vez que ponen en alto el nombre del amor. Entes que por amor matan y mueren, y por amor se atormentan sin sentido alguno. Entes que incluso cuando contruyen algo, lo hacen tras haber destruido otra cosa. Siempre pasa.

Estos entes que se mueven y respiran, con ruido y presunción, que creen que piensan y avanzan, pero en realidad sólo cavan su propia fosa. Así está escrito, y así seguirá siendo.

masa

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Amor en la casa oscura

Una casa sin luz. Puertas y ventanas cerradas. Todo bajo llave en este mundo inseguro. Adentro alguien se pregunta qué es el amor. No hay respuesta, sólo suposiciones. Incertidumbre a pesar de las experiencias, ¿o será a causa de ellas?

El amor puede ser un cometa o una vela encendida en la tormenta del desierto. Quizá sea el compromiso de acero que se firma con tinta del alma tras algunas negociaciones.

En la casa se perciben etéreos los objetos blancos. Fantasmas de cosas que son. Timidez en las tinieblas. Silencio.

Quizá el amor es la ilusión más poderosa que nos impulsa a seguir respirando, la razón ficticia que da cuerda a nuestras vidas.

La casa podría ser un laberinto de soledad, el caparazón de esa tortuga que teme a sus semejantes. Insomnio y silencio.

En épocas descaradas el amor se percibe devaluado, al menos ese amor que en otros tiempos fue glorificado, dorado, de cuento infantil antiguo. “Dios ama y odia a la vez”, dijo un loco, el ciego en el reino de los sordos. Puede que el amor sólo sea un cuarteto de letras sin sentido.

En la casa sin luz nada cambia. Oscuridad y silencio, hasta el fin de los tiempos.

Pura indiferencia

Miro tus ojos y sólo percibo un abismo.

Tus palabras huecas salen en sílabas huérfanas y jamás responden lo que te pregunto.

No entiendo para qué me buscaste de nuevo.

Para qué rompiste la distancia y el silencio que nos separaban.

Si fue por ego, esta vez tu jugada no dio resultado, hubieras recurrido a tus espejos.

Ahora tu altar ya no luce tan alto, aunque de hecho dejé de mirar hacia arriba.

Te acercaste de nuevo pidiendo disculpas por algo que no las requería.

Un perdón innecesario que fue un pretexto para el acercamiento.

¿Olvidaste que nuestra relación se había convertido ya en un desierto?

Supongo que la culpa fue del cambio climático. No eres tú ni soy yo.

Ahora estamos juntos de nuevo, pero más separados que cuando estuvimos alejados.

No me interesa lo poco que dices, y mi vida te es bastante ajena.

¿No lo ves? Somos el naufragio sin bote salvavidas y sin asideras.

El hundimiento que incluso carece de drama.

Pura indiferencia.

Quizá necesitabas saber que estar solos en compañía es peor que estar abandonada en una colina.

Ahora que lo descubriste, regresemos a nuestros extremos.

Seguir juntos no tiene sentido. Nada. Es pura indiferencia.

gohst

Sólo queda el silencio

Sólo queda el silencio, nada de eco, ni un sonido sobreviviente. Sepulcral quietud.

La gente suele alejarese poco a poco, así es la cosa en esto que se llama vida, pero cuando se va con prisa y viento a favor es por tu actitud, cuando dista mucho de ser la que se espera.

Apresuré el proceso, aquí sólo queda el silencio, la condena que me prohíbe cualquier conversación contigo. Caín mudo, el judío errante sin historias pintorescas.

El crimen es que no me gustan las personas, ni la sociedad, ni hablar huecamente de lo que está de moda, de la tendencia del día, de las noticias, pero vamos, tampoco es sano el monólogo perpetuo, el propio punto de vista por siempre.

“Cuidado: si únicamente hablas contigo pudieras estar hablando con una mala persona”.

Así que sólo queda el silencio, y aún respiro. A veces la quietud es un alivio, pero casi siempre es ensordecedora.

No soy una persona profunda, pero me es imposible sostener siempre charlas tan ligeras como la espuma en hocico de perro rabioso.

No vivo hablando de filosofía, ni de espiritualidad, qué contrariedad, pero tampoco soporto oír la misma gracia simplona 278 veces al día.

No puedo aplaudir por cualquier ocurrencia, no me puedo reír en un drama devastador cuando se dice algo que pudiera parecer remotamente gracioso, no doy palmadas en la espalda para felicitar a quien dice cualquier estupidez en voga, ni me “apasiona” lo que se impone desde las oficinas centrales de este Infierno. Ahora se exige que todo nos divierta, que nos produzca carcajadas, tenemos “derecho” a la constante ligereza, que en vez de aliviar nos aturde.

¿Es por eso por lo que te alejé? ¿No decías que admirabas mi honestidad? Igual yo soy para ti, also similar a lo que yo pienso de los demás.

Sólo queda el silencio, y aunque muchas veces duele como el carajo, sigue siendo preferible al ruido sin sentido.

alone

Ya ni llorar es bueno

Recuerdo la época en que arrojaba piedras a las multitudes, señalando con burla al que mentía por ganarse un mendrugo de pan. Odiando al que aspiraba cada año a tener un auto nuevo y condenando a los que iban tomados de la mano al país del adulterio. Con risa soberbia me reía del que rogaba que le tocaran el sexo y de aquel que lloraba porque en su libertad se sentía preso. No soportaba al que vivía como los demás le dictaban. Yo me reía entonces, pero ahora los entiendo y hasta perdí la sonrisa.

Me recuerdo despreciando al que iba arrodillado a la casa de Dios a pedirle auxilio, y también al que la misma ayuda rogaba a su vecino. Ahora que la inmortalidad se me escapó de las manos, me encuentro actuando papeles que ayer hubiera yo rechazado. Ahora sé que la supuesta imagen y semejanza que compartimos con el Creador es la posibilidad de hacer el bien o el mal desde el fondo del corazón.

Por fin entiendo eso de que con la vara que mides serás medido y todo me dolería menos si ella estuviese aún conmigo. Camino solo por la ruta que me ha de llevar hasta el final. A veces estoy tan cansado que ya no puedo ni mirar.

Ojalá sea cierto eso de que todos podemos aspirar a ser perdonados, si en verdad queremos vivir sin estar equivocados. Ya no me burlo con tanta fuerza, es más, ya no me burlo en lo absoluto, desde que me descubrí haciendo lo que hace cualquier adulto.

Me hubiese gustado conservar mi inocencia, pero ya ni llorar es bueno, ahora sólo aspiro a la paciencia.

2009

Lentamente

Hogueras profanas a la medianoche. Convivencia delirante en el manicomio de los peligrosos, esos cuyo único encierro es el mundo entero.

Recuerdas a tus amigos, esos extraños que en el pasado creíste conocer, de quienes ahora ya no hay nadie, nada queda.

Recuerdas tus soledades acompañadas, y en realidad tu compañera constante ha sido la misma soledad, desde la cuna, y lo será hasta el último suspiro.

Grabados de Posada, se parecen a ti en las fiestas obligatorias, queriendo formar parte, queriendo enredarte en la trama de la gente. Alcohol: el lubricante social.

Así terminaste forzando la situación, un joven viejo que se transformó sin notarlo en un viejo que se creyó joven. Ridícula caricatura de un Jano que ha vivido demasiado.

Beber para evadir la bestia, para matar el tiempo, beber para anestesiar los días y el tedio constante. Beber hasta perderte, desde un cumpleaños hasta el siguiente.

En este rosario de jornadas tan iguales, todas tan dominicales, respiras apostando por la cirrosis, tratando de acelerar las cosas, con desesperación, hasta que llegue el final.

Pero el final no llega, y antes te estás acabando tú, sin lograr acabar con tu vida.

Vil ironía.

cantina posada

Nadie se muere de eso

Nadie se muere de soledad.

Nadie deja de respirar porque se siente sin compañía.

Además, el abandono se experimenta sobre todo cuando estás en medio de la multitud.

Pero la soledad no termina con tu vida.

Nadie se muere por desamor.

No ser amado o sentirse engañado quizá te haga más frío.

Pero créeme, tu corazón conservará sus latidos.

El amor no es como el aire que respiras, es un accesorio de lujo para sobrellevar la rutina.

Nadie se muere de añoranza.

Porque quien solamente añora, y en el pasado centra su esperanza, es un realidad un muerto viviente.

Sufre dolores de cuello quien sólo mira hacia atrás.

Pero no por eso será sepultado.

Nadie se muere por faltas al honor.

A menos que se involucre en un duelo y le toque estar en el lado equivocado de la espada o de la bala.

Fuera de eso, el deshonor no mata.

Lo único que nos mata es la vida misma, ayudada por su cómplice llamado tiempo.

Y muchas veces también matan el hambre, la peste, la victoria, la guerra y los impuestos.

Pero nadie se muere realmente por desamor, soledad o deshonor.