Mi querido capitán

Otra fría noche que sorprende sin abrigo a mi corazón. Otra noche sin compañía ni apoyo. Mi luz y mi sonido son como la estática de la TV.

El estoicismo me vuelve a fallar, en verdad no soy de acero.

No puedo evitar preguntarme: ¿por qué en medio de tanta gente me siento tan solo? Ni siquiera en el desierto de arena experimenté tal abandono.

Mi pregunta queda sin respuesta dejándome aún más desolado.

El capitán viaja por los aires, buenos y malos, lejos, muy lejos de su ambiente natural, lo cual no le importa ni un poquito, porque tiene la cereza de un pastel al saber que ciertamente hay alguien pensando en él en algún lugar: la dulce morena de serenas facciones que según el capitán guarda cerca de su corazón el retrato del viajero amado.

Alguien me dijo alguna vez, a manera de consejo de los sabios, “¿cómo esperas que alguien te quiera, si no puedes siquiera soportarte a ti mismo?”. Entonces no presté importancia a esas palabras, pero hoy han regresado pesadas como cadenas, castigándome por haberlas ignorado y exiliado en el olvido, pues siempre preferí culpar de todo al destino, en vez de asumir honestamente mi responsabilidad. Pero ya no es temporada de comenzar, sino tiempo de empezar a terminar.

Las palabras fluyen con dificultad, y no van más allá de los regresos temáticos desgastados.

El capitán, ahora en tierra, descansa en paz acompañado en su soledad, pues presiente que lejos, la dulce morena de serenas facciones, es su cómplice en la vida.

Rompo el cristal de la emergencia urgente dirigiéndome al mercado electrónico de los sentimientos, donde nadie te quiere y todas las personas que allí se confunden y te confunden buscan desesperadamente lo mismo que tú: fingirse perfectas y presumir que su corazón rebosa de buenos principios y nobles actitudes, todo para saciar el llamado de la selva. Me siento un negociante experimentado, pero sé que soy como el vendedor de autos usados en otro fraude infame popular.

Como el dinero mal habido o un acto de venganza, regreso a donde pertenezco. A mi paso, la dulce morena de facciones serenas me saluda con sus modales de manual, que me saben tan rutinarios como cualquier domingo. El capitán abre los ojos, acepta su soledad, los sueños no duran por siempre y la engañosa imaginación cercana a la cruda realidad produce la peor resaca. Él jamás voló y nadie tiene su retrato.

A veces hay que aceptar las cosas y conformarse con tratar de encontrar sentido en la estática de la televisión.

Naufragio afectivo, sin elección (aparente)

El violinista del Titanic sigue tocando el vals triste con el agua al cuello, igual no es resignación, sino que quizás el capitán que se hunde con su barco impone el ejemplo, con acciones, no con palabras; aún así, abordo del insumergible viajaban fariseos felices y lombrices erectas, con toda la incongruencia de sus actos y sus verborreas. De menos el barco ya está limpio, porque las ratas lo abandonaron primero, antes que las damas y los niños, por supuesto, ratas simbólicas de la cobardía y la suciedad del alma. Sálvese quien pueda. Gritos y atropellos, todo a voz de cuello, excepto los sentidos llantos del muñeco de ventrílocuo, tan vacío, con sus ojitos de vidrio perdidos en el infinito y la mandíbula caída por la sorpresa. El vals sigue sonando. 1, 2, 3, 1, 2, 3… El iceberg es tan grande que aún rodeándolo te rompe. Burbujitas como de champán bajo la superficie del mar y la sirenita que lo atestigua está más petrificada que aquella que homenajea a un autor de joyas infantiles en un país del Norte de Europa. En medio del hundimieno, soñé que me tomaba vitaminas correspondientes a todo el abecedario y que Ponce de León me daba el secreto de su fuente, todo en vano ya, porque el barco se va a pique inexorablemente. Y el vals se sigue escuchando. 3, 2, 1, 3, 2, 1… Las dificultades en las relaciones entre hombres y mujeres no son cuestiones de género, sino de especie, somos más iguales que lo que queremos aceptar, aunque me digas lo contrario (solo por llevarme la contraria y querer imponerte). Ellas no son de Venus, nosotros no somos de Marte, todos y todas nacimos bajo el mismo Cielo y colaboramos por igual para construir el mismo Infierno. El juego parece consistir en no dejar que te rompan el corazón, para eso debes ocultar tu mano que arroja las piedras, poner cara de jugador de Póker y tener boca de poeta creíble; pero sigo necio pensando que no hay amor verdadero si no dejas de lado el juego y te dedicas a ser con toda honestidad. Contradicción contraindicada en las relaciones humanas. No hay amor de verdad si uno no se quita la coraza y se expone. Honesto al 100%. Se sigue oyendo el vals. Pero de repente, al notar que algo es seguro, parece que el interés se pierde. Se termina la cacería, se rompe el encanto y a otro lado con el circo, o al fono del océano con toda la tripulación. El iceberg rompe el casco, las ratas ya están más ahogadas que tortas de Guadalajara, esas ratas fueron las primeras y serán las últimas, no podía ser de otra manera, es su naturaleza. Y el violinista sigue tocando.

Perfecta utopía perpetua

Sería mejor el mundo si todo fuera como en un viejo Western, pues allí se diferencian bien los buenos de los malos. En la realidad pocos son buenos, y aún estos siempre tienen su lado malo.
Sería mejor todo si un Dios de amor y justicia en verdad existiera, en lugar del supuesto prototipo de esta especie de dos patas que carece de toda lógica, teniendo el supuesto don de la razón. ¿Quién sabe?, igual todo lo que vivimos es una venganza de Zeus por haber dejado creer en él.
Las cosas serían menos feas si dejáramos de lado las etiquetas, por más obvias que estas parezcan. No más capitalistas, izquierdistas, heteros u homos, judíos o palestinos, sino sólo personas.
Al final que cada quien crea y haga lo que quiera, pero sin tratar de imponerse, convencer ni joder a los demás. Siempre habrá un Robespierre o Marat, tratando de convencer a los demás, a guillotinazos, de las bondades de los derechos humanos, de la libertad, la igualdad y la fraternidad.
Las cosas serían mejores, si todos siguiéramos una justicia general, inclusiva y equilibrada, basada en el bien común y en el beneficio absoluto del mundo.
No más paternalismos, no más explotaciones. Imagina…
Pero en esta vida todo es relativo, incluyendo el absoluto de la relatividad.
Por esto lo que digo no son más que palabras, palabras, palabras, la perfecta utopía perpetua que nunca se podrá realizar.

Uno de esos días

Sucedió uno de esos días, tal como acontece con todo lo que pasa. Casi de repente, el mago dejó de sorprender y todos supimos que realmente no partía a las damas en dos; también averiguamos de donde salían sus artificiosas flores y el anestesiado conejo sin suerte.

Ese mismo día, todos los psicoanalistas cayeron simultáneamente, como lemmings en documental de Disney, al fondo de los insondables abismos de sus propias personalidades, sin tener ni maldita idea del trayecto hacia abajo, incapaces de encontrar la ruta de regreso a casa y de ver el camino de ladrillo amarillo bajo sus pies.

Algo sucedió entonces con las musas, quienes decidieron limitarse a dar paseos por las internacionales pasarelas de alta costura y por las alcobas de los gobernantes y millonarios, ocasionando que los escritores sólo crearan obras que deleitaban inofensivamente a las masas, pues habían perdido la capacidad de expresar lo que sus corazones trataban de decir.

De vez en cuando, a pesar de que el sol sale y se pone en los mismos puntos carnales, ocurre un día en el que todo deja de salir como se espera. La gente, igual que en una epidemia, deja de soñar y ni las aspiradoras aspiran.

He oído, aunque no me consta, que el mago fracasado se matriculó en la Universidad de Chicago y luego se hizo gurú de economía, desde entonces nadie se percata de que sus trucos salen siempre mal. Los psicólogos se convirtieron en aplaudidos poetas de medios masivos, las musas disfrutan de riqueza hasta que llega su cumpleaños 27, momento a partir del cual todo mundo las considera viejas pasadas de moda y los escritores se posicionan como laureados publicistas u oscareados guionistas de cine.

Quienes dejaron de soñar, curaron su carencia de fantasías con trabajos esclavos y los pies bien plantados en el piso. No sé si son más felices así o sólo se dedican a aparentarlo.

La única ventaja de las épocas como esta, es que uno de esos días llegan a su final y entonces las escobas restablecen su imperio. Imagino que cada quien debe vivir como pueda, mientras pueda.

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Soñar

Sueños.
Fuga nocturna.
Rompecabezas de impresiones que en el imperio de la vigilia no encajan bien.
Proezas imposibles, pasiones consumadas y que consumen, negadas durante el día.
Sabores de las mil muertes y vuelos sin tecnología alguna.
Seres queridos resucitados, seres alejados de vuelta contigo.
A veces malas experiencias, el encuentro cara a cara con algo más feo que la maldad.
Los sueños no me gustan cuando son producto de la fiebre.
Convivencias descabelladas, terrores de los que puedes escapar en el último segundo, o esos abrazos ansiados, frustrados cuando estamos despiertos, abrazosde los que no quisiéramos desatarnos.
En mi caso, cadenas largas de incoherencias barnizadas con su propia lógica.
Sólo despierto es que logro descubrir sus absurdos.
Para mí los sueños son necesarios, no le creo a quien me diga que son un desperdicio de tiempo. Quien dice eso no ha aprendido a valorarlos.
No podría yo vivir sin ellos, por eso ¡que vivan los sueños!

Foto de Rocío Pardos, el uso de la imagen fue gentilmente autorizado por su autora. Visita el estupendo blog de Rocío en http://fotografiarocioph.com/
Foto de Rocío Pardos, el uso de la imagen fue gentilmente autorizado por su autora. Visita el estupendo blog de Rocío en http://fotografiarocioph.com/

 

Despertares

En el territorio de los tibios vomitados por Dios, donde impera la hediondez de las alas quemadas de ángeles caídos, me descubrí cansado y sin ánimos de ir contra la farsa.

Había intentado quitarme el velo que todo distorsiona, ese que pinta cosas distintas ante tus ojos. El cristal opaco marca registrada, hecho en china por niñas explotadas.

Intenté salir del fango en el que me hundía a cada paso, traté de olvidar los errores que cometí por tratar de ser alguien distinto, pero igual a lo demás.

Todo fue un mal sueño.

Al despertar descubría la misma situación: nada es tan malo como para no ser sobrellevado, y nada es tan bueno como para luchar por ello. Yo soy otro más.

Me cansé de las palabras decisivas que no producían cambio alguno. Me perdí en las promesas que se pierden en el río de los segundos. Noté mis manos y descubrí que construían blasfemias de oro, mire a la multitud y me vi más solo.

Esperé la redención sentado, agotado, La esperé y ella jamás vino hacia mí. Busqué respuestas en mis semejantes y encontré más dudas e inquietudes.

Traté de llamar al que muchos me dijeron que tenía todas las soluciones, pero él fingió estar ocupado, un triste mago de Oz, al que algunos llaman dios.

Dirigí la vista a mi interior, dominando el miedo que me daba ese abismo, pero sólo encontré tinieblas.

Todo carecía de sentido no había dónde apoyarse.

Vagué por las calles ignorando las miserias ajenas, caminé sin compadecerme de nadie. Absoluta indiferenia ante el mal ajeno, queriendo olvidar que a la larga termina siendo muy propio.

Atestigüe debilidades aun en aquellos que presumían de solidez. Sólo sentía que era uno más.

Pero volví a despertar hacia el primer sueño. No podía resignarme, decidí desempolvar mis antiguos ideales. Ya no espero que todo cambie, ni siquiera quiero revolucionar algo; pero no puedo esperar sentado, con los brazos cruzados, diciendo que soy sólo otro más.

No te daré mi resolución, pues de nada te serviría, únicamente quise compartirte mi confusión, para que sepas que lo que sientes no te es exclusivo; para que sepas que ambos lo sentimos y que podemos compartirlo.

Así fue y así será por los siglos de los siglos.

masa

Para los que nacen una vez que han muerto

Existen bebés que nacen una vez que han muerto, y no se preguntan nada.
Hay jugadores que apuestan y a tiempo se retiran de la mesa.
Puedes creer que Dios es un anciano bonachón con aspecto humano
o que es alguien que se divierte con nosotros, como nosotros lo hacemos con un criadero de hormigas.
Quizá todo sea el sueño de una mariposa drogada que se mareó con una luz.
El amor es una bella historia y la felicidad una estrella fugaz, que tiene demasiada prisa como para detenerse más de una hora.
La vejez está diseñada para hacernos humildes a todos, a causa de la impotencia absoluta.
Las mentiras son verdades opacas.
Mis despedidas no son muchas, sólo es una, pero prolongada.
Espero impaciente en la estación, para llegar al final de la línea. Aunque lo que me temo es que eso sea un nuevo comienzo.
Cada cabeza es un mundo, cada mundo tiene su versión; así jamás estaremos de acuerdo en nada.
No existe la religión verdadera.
Igual y existe un Dios.
Pero creo que hay bebés que nacen una vez que han muerto.

Fue un sueño

Fue como un sueño en una larguísima noche inquieta. Un ilusión desesperada, como la del cuplable que busca con ansia el perdón. La impresión que da un ángel llorando esculpido en piedra. Lo más alto en mi momento más bajo.

Fue querer tener lo que creí que más me convenía, sin saber siquiera qué es lo que más necesitaba.

Salir de mis paraísos artificiales en un intento de encajar en una realidad. Un viaje a ninguna parte que sólo pudo ser valorado mucho tiempo después.

Es la típica ironía de la vida: saber lo mucho que te importaba algo o alguien, hasta que ya no lo tienes más o cuando ya no está.

Hay otra ironía típica de la existencia: entender por fin el sentido de todo, justo cuando estás a medio paso del final.

Fue un sueño, de los mejores, pero en una noche inquieta. Extravío absoluto en la fábrica de mapas obsoletos.

Ahora sólo un eco y un grupo de palabras. Añoranza que hace dudar.

Sólo un eco que va enmudeciendo, un recuerdo que a cada instante se borra un poco más.

angel

soñé contigo

soñé contigo, pero desperté.

soñé contigo, y luego no tuve nada que celebrar.

soñé contigo, y te llamé para contártelo,

pero sólo obtuve el vacío merecido.

sigo soñando contigo

con amor y con respeto,

con cariño compartido

sin afectar al interfecto, que sigue vivo en tu olvido o en mi recuerdo.

soñé contigo esta noche

sueño contigo a la luz del día

esperando revivir con tu persona

el pasado vivido e imaginado.

sueño contigo, te deseo

pero no puedo hacer más que soñar.

 

Brando (sueño 47 casi 48)

La idea detrás de todo esto era tener un testimonio de actores para las generaciones futuras y también para los actuales estudiantes de cine, claro está. Yo no solía asistir a este tipo de cosas, no solía asistir a ningún tipo de cosas en realidad, pero Depp me convenció, por él asistí en esta ocasión aunque a última hora él no pudo llegar por problemas legales con su perro en Australia. Allí estaban conmigo Kilmer, Jones y Jodorowsky. Pacino no asistió porque DeNiro había confirmado su asistencia, pero las tormentas de los últimos días ocasionaron que el vuelo de éste fuera cancelado.
El concepto de la charla era extraño, a celebrarse en el campus de la añeja universidad, en una sala cercana a los vestidores de los jugadores del famoso equipo de futbol americano colegial local, donde los atletas solían dar sus conferencias y se reunían para analizar sus entrenamientos y las jugadas, nosotros nos sentaríamos en círculo, como en una sesión de neuróticos o alcohólicos anónimos, y comentaríamos sobre nuestras experiencias en el cine, desde el punto de vista de la actuación. La sesión de directores sería al día siguiente, Jodorowsky acudiría a ambas.
Al mirar a Kilmer, yo no podía dejar de pensar en Jim Morrison, ¿siempre habría sido así o el parecido se estableció desde su primera película con Stone?
No podía dejar de pensar en ¿qué diablos estaba yo haciendo allí? ¿Cómo me había dejado convencer tan fácilmente por Depp? Era mi amigo, pero esto era también demasiado para mí.
A mi llegada a la univesidad, un nutrido grupo de jóvenes y nada jóvenes estaban a la entrada del campus, ansiosos por ver a las celebridades del celuloide. No faltaron los acostumbrados gritos de “haz un Don Corleone” o “¿Qué se siente se el papá de Superman?”. Fanáticos “serios” del cine y fanátivos del cine comercial estaban allí mezclados para ver a las celebridades como si se tratara de un zoo. Tampoco faltaban los que protestaban porque un evento así significaba que la universidad se convertía en títere de la industria del cine que envenenaba las mentes y antenía al pueblo bajo un hechizo, y también estaban por allí los estudiantes de cine que aplaudían como locos al vernos llegar.
La conversación con nosotros dentro de la sala sería grabada para la posteridad, sin público presente, y aunque todos llegamos a tiempo, bueno, con una hora de retraso al menos, el equipo de video fue más “diva” que todos nosotros juntos y no había llegado aún. ¿Lección indirecta de humildad? ¿Humillación planeada para castigar nuestra soberbia?
Esperábamos pues, cuando de repente irrumpió a la sala un grupo de agitadores, blandían pancartas en pro de la ecología y contra el racismo, habían burlado al equipo de seguridad, pero vaya si fue una burla olímpica, porque eran como 20 jóvenes con pancartas y estribillos estúpidos con rimas de parbulario. Liberen a las ballenas, no a los circos, libertad a las minorías, no al racismo, detengan la guerra… etc., etc., etc.
Con gran esfuerzo fueron desalojados, y la seguridad redoblada. El equipo de video llegó pocos minutos después y mientras se instalaba, decidí aprovechar para aliviar mi vejiga. No quería interrumpir el acto una vez comenzado y atrasar todo de nuevo. Me levanté y me dirigí a los baños.
Los baños se encontraban al final de los vestidores del equipo de futbol americano, ahora completamente vacíos, como una tienda de departamentos recién instalada y en espera de llenar sus estantes y anaqueles, porque no era temporada de juegos. Caminé a lo largo de los solitarios vestidores y llegué a los baños. Frios, blancos, inmaculados, como en un sueño del cielo. Hice lo que tenía que hacer y mientras atravesaba de regreso por los vestidores solitarios, una rubia se me plantó de repente con una pistola automática apuntando a mi pecho.
Me dijo que me detuviera y empezó a decirme un discurso atropellado en donde se mezclaba la ecología con un discurso en contra del racismo. Me acusó diciendo que por mi culpa el turismo empezó a acabar con los ecosistemas de las islas del Pacífico, de que yo promoví la guerra y de que yo era un maldito nazi. Hizo mención de una película en la que interpreté a un oficial nazi, que había pasado sin pena ni gloria pues en ella se intentaba mostrar que no todos los alemanes fueron unos malditos en la Segunda Guerra Mundial, ni todos los norteamericanos unos santos mártires. Quizá esta mujer era de las pocas personas que vieron esa película, y como suele suceder, lo había interpretado todo mal. Para ella, confundiendo ficción con realidad, yo era un nazi por haber personificado allí a un nazi.
Algo le dije, intentando hacerle entender que estaba confundida y que me estaban esperando para la charla. Le dije que el cine suele ser una ficción, a veces nos hace pensar y otras nos divierte, pero que no era un documental ni una ventana de la realidad, que tenía que usar su criterio. Pude casi escuchar los engranes atascados de su cerebro tratando de echarse a andar, pero la inacción de años no puede curarse en dos segundos.
Di un paso al frente, y su lucha mental se detuvo mientras jaló el gatillo de la automática. Para ser una luchadora por la paz tenía mejor puntería que el personaje de Montgomery Clift en Red River, y me dio en el pecho, directo al corazón.
Mientras caía yo pensé en la ironía: tanto negarme a ser una figura pública para terminar como mártir a manos de una fundamentalista “liberal”.