La catástrofe

La súbita catástrofe nos hace sentir unidos, que somos hermanos, solidarios, que todos nuestros corazones palpitan al mismo ritmo. Despertamos al llamado de los necesitados.

La catástrofe nos saca de nuestras rutinas, nos impele a ayudar a todos los afectados. La cohesión y la buena voluntad llegan de inmediato a su clímax.

Pero un catástrofe deja muy pronto de ser novedad y, en poco tiempo, es sustituida por otro encabezado a ocho columnas o titular destacado en la página principal. Las conciencias se sienten satisfechas con lo que hicieron en dos días. La catástrofe se convierte en anécdota y en comentario para el resumen noticioso de fin de año.

Los afectados de repente son abandonados a su mala suerte o lenta muerte. Regresan las indiferencias y los rencores anteriores, vuelven también los días comunes, y respecto a los semejantes se impone de nuevo la indiferencia. El brillo de las almas se apaga ante los escombros internos de lo cotidiano. Los borregos vuelven al redil danzando la canción impuesta.

La unidad se viene abajo, y de nuevo todo al carajo. Mientras no seas un damnificado, todo lo ajeno te vuelve a importar un bledo. Solos de nuevo… naturalmente.

Naturaleza humana, aquí y en China.

catastrofe

Anuncios

Hasta que la muerte nos separe

Firmemos el pacto de nuestra unión para siempre, y no nos alejemos nunca jamás.

Demos un paso adelante, más allá del enamoramiento efímero, que suele comenzar en verano, pero que no sobrevive al invierno.

Anestesiémonos en serio con series, películas y deportes, y cuando nuestros ojos se pongan rojos como semáforos en alto, tomémonos mecánicamente de las manos y deambulemos sin sentido ante los aparadores del centro comercial.

Ingiramos todos los días nuestros alimentos rápidos, juntos y en silencio. El verdadero cariño no necesita de palabras. Lo juro.

Vayamos al templo cada semana, para mostrarles a todos lo unidos que estamos y la solidez de nuestra fe verdadera. Así sea.

Aburrámonos juntos, pues el tedio es parte de una relación, sin sacrificio nunca hay amor.

Durmamos todas las noches en la misma cama y acompañémonos a todas las fiestas, hasta que estas sean únicamente funerales.

Construyamos con nuestras 4 manos un sólido futuro, a prueba de toda contingencia, fortalezcamos este engaño hasta tener la certeza de que es posible un mañana así.

Convenzámonos de que la inminente soledad que trae el tiempo es solo un cuento, el Lobo de Pedro, el cielo de Henny Penny, y de que estaremos acompañándonos hasta el final.

Hasta que la muerte nos separe.

Carretera (las distancias)

Era mucha la distancia entonces. Pero yo recorría la sinuosa carretera desde la madrugada con el fin de llegar a ti.

Sorteando los accidentes, maldiciendo a los inconscientes, parando sólo por combustible, y de inmediato a retomar la ruta. Escuchando canciones, elevando oraciones, inventando lamentos ante los lentos cambios del odómetro. Asegurándome que esta vez todo sería diferente.

El mediodía me hacía ver acuosos espejismos que bailaban sobre el asfalto,  mientras el frente del auto iba coleccionando inocentes insectos. Yo ni me inmutaba, nada me desviaba de mi objetivo imperdible: estar contigo lo más pronto posible.

Y cada que llegaba puntual al lugar acordado para nuestro encuentro, era para esperarte, reventando yo por dentro, porque tienes la costumbre de llegar siempre tarde. Para sentirte más importante, o interesante, recorrías tres calles a una velocidad tal que un caracol aturdido te podía rebasar.

Cuando por fin te veía, cuando llegabas conmigo, no me dejabas ni abrazarte, y solías tener prisa porque otros asuntos te comprometían. Pero eso no lo notaba yo en ese momento, no me contrariaba ni un poquito, porque estaba embriagado por el licor de la felicidad producida por tu cercanía, que al menos era física, meramente newtoniana y platónica.

Transcurridos menos de 30 minutos contigo, siempre te tenías que ir, y no me quedaba otra más que regresar a la carretera, solo, en compañía de mi alma vendida. Libremente enfadado, habiendo dejado la felicidad en algún lado, tenía que recorrer otra vez los mismos kilómetros, pero en la dirección contraria.

Mi vuelta a casa era un recorrido más lento que el de la mañana, manteniendo esa velocidad reglamentaria para los que no quieren despertar. Así fue la rutina por años, tantos trayectos que si los uniéramos me hubieran llevado sin problemas a la luna, y de regreso.

Hasta que un día subí al auto, y la madrugada me me condujo a otra carretera distinta, que me alejó de ti.

Es mucha la distancia ahora. Sigo viajando, incrementando la separación entre tu persona y la mía. Olvidándote a 110 kilómetros por hora.

Así es la cosa.

http://en.wikipedia.org/wiki/File:Mexican_Federal_Highway_76.png
http://en.wikipedia.org/wiki/File:Mexican_Federal_Highway_76.png

Motivaciones

¿Qué motiva a una bella mujer correr el riesgo de dañar su rostro con tal de parecer joven, a sabiendas que eso es imposible?

¿Por qué un hombre de lacio cabello decide aplicarle a éste un tratamiento que le proporcione rizos artificiales de dudoso valor estético?

¿Por qué la obesa obsesiva se atormenta, pero no deja de comer dos hamburguesas dobles antes de beber su malteada gigante?

¿Por qué una dulce mujer inteligente no se libera de las estúpidas cadenas invisibles que la atan al hombre que la maltrata?

¿Qué es lo que nos seduce del éxito aún a sabiendas de que éste es caprichoso, adictivo y efímero?

¿Por qué le damos tanto valor a lo espiritual si aceptamos que en este mundo lo que realmente pesa es la materia?

¿Por qué le damos tanto valor a la materia cuando sabemos que no durará para siempre?

¿Qué nos induce a hacer preguntas cuyas respuestas conocemos pero nos negamos a aceptar?

¿Por qué seguimos poniéndonos de rodillas ante la belleza a pesar de que sabemos que dura poco más que un parpadeo?

¿Cómo es posible que sigamos cometiendo los mismos errores que la historia se empeña en recordarnos?

¿Por qué intentamos crear algo nuevo bajo el sol?

Lo poco que quedaba de mi sonrisa se perdió mientras escribí esto.