No me esperes a cenar (violencia intrafamilar)

“Jodido e inútil animal, no servirías ni en un maldito circo del carajo…”, me gritaste con tu chirriante voz de patito castrato de hule y tu cara pintarrajeada como infernal payaso triste, ayer me hiciste lo mismo, pero tenías mascarilla de aguacate en tu faz. Y luego me lanzaste a la cabeza el costoso tarro de esa crema humectante que no te funciona en absoluto. Así comenzaste a discutir otra vez.

Nada te agrada, nada te convence, de nada me ha servido que te haya dejado por completo el control de la caja idiota, que tengas en tu poder las únicas copias de todas las llaves de nuestro hogar, que administres todo el dinero que yo produzco sin que me proporciones ni una mísera mesada mensual, en nada ayuda que siempre seas tú la que conduce el coche (de todos modos eliges los destinos de todas nuestras salidas) y que te permita determinar todos los alimentos que me tengo que tragar.

De nada sirve que lo único que escuchamos sean las aberraciones musicales que te gustan, que sólo veamos las películas para subnormales que tanto te agradan, que me vista con las ropas que detalladamente seleccionas para mí, ni que haya condescendido ayer a que apretaras con un agujero más el collar de la correa con la que me sacas a pasear.

Todo esto lo he permitido para vivir contigo en paz, pero nunca te es suficiente; cuando creo que ya deberías estar satisfecha vas y exiges algo más, y todo te exaspera.

Cada uno de nuestros intercambios de palabras se convierte en una vociferación de tu gaznate, tu boca escupiendo tonos elevados e insultos bajos, ya no lo soporto. No creo que esto sea sano, aunque nos sea cotidiano.

Empiezo a sospechar que lo nuestro no es amor, que mienten los que dicen que el amor es dolor y sacrificio, y que todo debe ser soportado en aras de seguir juntos hasta que la muerte nos separe.

Por eso me desvanezco, saldré a comprar unos cigarros, a pesar de que no fumo. No me esperes a cenar, no esta noche, ni nunca jamás.

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Pequeños perros (adiós adjetivado)

El séptimo enano saca de paseo con demasiada frecuencia a su perro miniatura, pues hay muy poco espacio en su departamento, ubicado en el vertiginoso piso 47 del edificio Lilliput, diseñado por la arquitecta Lilith del Edén, máxima exponente del postmodernismo tardío. Yo los observo, tratando de evadirme del momento y de tus palabras, mientras soy observado con indecorosa avidez, digna de caníbales, por un trío de policías corruptos.

Cocodrílicas lágrimas brotan de tus precámbricos ojos, mientras baratamente me dices adiós, a mí, a quien indiscriminadamente llamabas amor.

Tu ártica sangre fluye por tu gimnástico cuerpo, que ahora gira exclusivamente en torno a una primitiva fisiología, a la que sólo tienen acceso esas nóveles manos de quien perjuramente te promete ser absolutamente sincero. Es ese nuevo alguien que avariciosamente posee en el presente tu hirviente corazón, y todo lo demás de ti.

Totalmente obnubilado, debido a la sinrazón incandescente de tus palabras hirientes, te digo adiós, deseándote suerte. Y cuando con parsimonia te alejas, los policíacos agentes sagaces se acercan sigilosamente a mí para sacarme el difícilmente ganado dinero, por haber aparcado erróneamente el auto en un lugar estrictamente prohibido.Culpa meada.

Así es la vida, son gajes desgajados del oficio.

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Sólo gente como nosotros

Sólo seres como nosotros pueden convertir el oro en amargura, las bendiciones en llanto y hacer ruinas las ternuras.

Sólo gente como tú y yo puede pervertir lo bueno, convertir en mentiras lo verdadero y al final no preguntarse ni un por qué.

Al principio fuimos los mejores amigos, pero nos empeñamos en destruirlo; ahora ni siquiera puedo estar contigo, si volviéramos a empezar haríamos de nuevo lo mismo.

Sólo gente como nosotros, que en el fondo no es tan mala, convierte el amor en tedio y el azúcar en cizaña.

Quizás nuestra historia termine con nuestros cuerpos, igual no volvemos a encontrarnos, pero estoy seguro de que si lo hacemos, habrá remordimientos al mirarnos.

Sólo gente como nosotros decide ignorar lo que estaba escrito. Sólo alguien como yo reza por volver a verte aunque sepa que no coincidimos.

Letras

Letras, como si hubiera necesidad de presumir una nueva combinación de ellas.

Como si de verdad pudieran reflejar los sentimientos, acercar a la persona que más se quiere y alejar a quien ya no se desea ver más.

A veces funcionan y son el conjuro correcto, pero no parecen ser efectivas para los inseguros, para los testarudos y para los que dudan (que con ellas quieren comprobar que existen).

Una correspondencia no correspondida e interrumpida porque ya no me importan las respuestas que se me puedan dar por la relación irreverente y totalmente carcomida. Olvidemos las palabras cuyo sentido está hoy extraviado.

Letras, como si hubiera necesidad de enterarse de vidas ajenas, de imaginaciones de otras personas, de sueños de otros dueños o de ideas distintas a las de uno mismo.

Palabras, sólo palabras, se habla y se las lleva el viento, se escribe y se cubren de olvido; así como les pasa a algunos sentimientos.

Letras que no quedarán grabadas para siempre, ni las de mi lápida, ni las de la tumba de nadie; al final todo está escrito en arena.

Sin embargo nos empeñamos en hablar, en escribir, en presumir lo que pensamos.

El mundo no cambia y este mal no tiene cura (ni sacerdote). Yo por eso te doy estas letras de cambio, para que cambiemos nuestras vidas, no por otras, sino que tomemos los rumbos que nos corresponden y que cada quien siga su destino, ya que juntos los caminos no hacen uno, debido a la incompatibilidad inherente e incoherente.

Otra despedida, sin adiós, para nadie.

Me quedo con las letras para describir fantasías privadas y exhibirlas en un aparador electrónico, como en una casa de cristal, en la que no se revela nada realmente.

Cierro las cartas abiertas y reabro la mezcla mágica de sonidos silenciosos en papel (o en pantalla).

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Ella no regresó

Ella no regresó.

Todo fue una especie de revelación, de la peor calaña, una de las visiones de los poetas malditos que se hacen realidad.

Había llegado a asumir todo el resto de su vida con ella, sin importar lo infernal de la relación.

Dar siempre por hecho su permanencia, a pesar de infligirle los más bajos desprecios.

Inconcebible la separación.

Pero ella no regresó.

Ella tomó su maleta, cambió su teléfono, su casa y su nombre en el registro civil.

El desierto entonces pareció más árido y la lluvia más ácida.

La soledad comenzó a tener el amargo sabor del abandono.

Esperarla en los lugares acostumbrados fue en vano.

De alguna manera ella encontró la madeja para salir del laberinto circular viscoso.

A pesar de haberla insultado y condenado por mil cosas, le parecía que en el fondo la amaba.

¿Sería que lo que amaba era tener alguien en quién descargar sus frustraciones y odios?

No, se decía, en verdad la amaba, sólo que hasta ahora se daba cuenta de ello.

Dedicaría sus fuerzas a buscarla, hasta encontrarla y entonces rogarle para que comenzaran de nuevo.

Pedir otra oportunidad es siempre volver a empezar un camino ya recorrido que acabará en el mismo lugar.

Pero la buscó, e ignorando la verdad acerca de las segundas oportunidades, le rogó al encontrarla.

Prometió el mar, las estrellas y las dunas.

Prometió un futuro dorado y sumiso.

Cumplir cualquier compromiso que ella pidiera

En verdad lo intentó, con el convencimiento de los farsantes profesionales.

Tú pudiste incluso comprarle la Torre Eiffel en ese momento.

Pero a pesar de los discursos y las promesas, hay gente que llega a valorar la dignidad redescubierta.

Ella no regresó.

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Gente como nosotros

Sólo seres como nosotros pueden convertir el oro en amargura, las bendiciones en llanto y hacer ruinas las ternuras.

Sólo gente como tú y yo puede pervertir lo bueno, convertir en mentiras lo verdadero y al final no preguntarnos ni un por qué.

Al principio fuimos los mejores amigos, pero nos empeñamos en destruirlo; ahora ni siquiera puedo estar contigo, si volviéramos a empezar haríamos de nuevo lo mismo.

Sólo gente como nosotros, que en el fondo no es tan mala, convierte el amor en tedio y el azúcar en cizaña.

Quizás nuestra historia termine con nuestros cuerpos, igual no volvemos a encontrarnos, pero estoy seguro de que si lo hacemos, habrá remordimientos al mirarnos.

Sólo gente como nosotros decide ignorar lo que estaba escrito.

Sólo alguien como yo reza por volver a verte aunque sepa que no coincidimos.

La vida

La vida es una serie interminable de aprendizajes, pero yo lo que quisiera es tener unas vacaciones de esa escuela, que al fin y al cabo en ella todos terminamos reprobados.
La vida es como una caja de chocolates, dijo un fulano medio tarado: no sabes cómo van a acabar cuando los dejas mucho tiempo bajo el sol.
La vida es querida, por mis pulmones y mi corazón, la vida sigue su curso aunque a veces carezca de razón.
La vida es bella, al menos eso pensó un italiano haciendo payasadas en un campo de concentración lleno de sufrientes judíos.
La vida tiene tintes de esperanza cuando comparto mi tiempo contigo.
La vida es un camino no pavimentado que atraviesa un valle de lágrimas, yo recuerdo que cuando abordé el autobús, ya deseaba llegar a la última parada.
La vida es una cruz que llevamos a cuestas, pero alguien dijo en una montaña que en el más allá ganaremos la apuesta.
La vida es un sueño del que a veces quisiera despertar, un lugar donde nada es verdad ni es mentira, sino del color que nos ordena la policía.
Esto suena a blues, a desencanto profundo, pero no es más que cansancio y ganas de que vistas mi luto.
Suena a que la lógica no se empata con cada uno de mis respiros, suena al viejo que se quiere evitar su retiro.
La vida termina en algun momento, igual incluye un final feliz, a un vaquero cabalgando hacia el ocaso, o al viajero que olvidó su velís.
Estos son los últimos créditos, la última canción, decir “esto es todo amigos”, a pesar de que todos es estén dormidos.
La vida es mucho, la vida es nada. Es la tormenta que a veces se disfraza de calma.
La vida es tiempo perdido, es ahorros sin sentido. Es un bloqueo de deseos o un apetito desmedido.
La vida es lo que hacemos entre el día que nacemos y en el que desaparecemos.
La vida es rellenar un gran hueco de tiempo, tratando de evitar el tedio.
La vida es decadencia constante, la vida es decir cada día: “nadie sale vivo de aquí”.

Adioses no cordiales

La imposibilidad de terminar una relación de manera cordial.

Cerrar las puertas, sellándolas para que jamás abran de nuevo.

Llevarse consigo la bolsa de malvaviscos dulces para asarlos en el infierno.

Dejar libre al Mr. Hyde interno, para que haga el trabajo sucio de poner la pesada piedra encima de la tumba de lo que fue bueno.

Mostrar ese lado oscuro, insolente e indecente, que se asoma después del hartazgo.

Así nunca se llega a ningún lado, así jamás se queda uno atorado.

En el fondo me quisieron, pero ahora cuando me recuerdan eligen no mencionarme.

“Había algo bueno en él”, dicen, “pero lo prefiero a la distancia”.

Vaya forma de irse uno quedando poco a poco solo.

Vaya manera grosera de decir adiós.

Pero no lo puedo evitar. Siempre termino haciéndolo mal.

 

Loneliness. GONCHAROV Andrei Dmitrievich. 1954
Loneliness. GONCHAROV Andrei Dmitrievich. 1954

Flotando… con gravedad

Perdido en la lluvia de cuervos, dejando de lado los dados cargados y los encargos dados.
Perdido en mis ilusiones de falsedad, que preferí a lo real de las cosas, tratando de ganarme la amistad del ratón blanco para poder salir de ésta.
Soñando que no era ella en quien soñaba, pensando que el error se cometió a pesar de la claridad, intentando recordar cómo se olvida, para no recordarla; así es como están las cosas flotando con gravedad.
No me creo lo que dicen que dijeron las cartas, ni me creo lo que con luz tartamuda me dicen las estrellas fijas, no me creo las verdades que me digo, mucho menos creo ya en mis mentiras.
Llorando como el niño pequeño, sin ganas y por mero compromiso; tratando de entender qué fue lo que no salió bien desde el inicio de los tiempos; haciendo como si la historia no hubiese sido un histeria, tratando de no compararme con ese ni con aquél.
Queriendo recordar cómo se supone que era yo, imaginando el personaje que quise siempre ser; evitando demandarme a mí mismo por impostura; obviando las cosas que me enseñaron en la escuela.
No me creo que la culpa haya sido sólo mía; ni me creo que ella deba cargar una cruz. Espero volver a toparme con el sentido de la libertad; mientras tanto así es como están las cosas flotando con gravedad.

Entonces lo sabrás

Cuando las modas comienzan a serte ruidosas.
Cuando la masa te resulta demasiado insoportable.
Cuando eres la pieza que no encaja, aunque hables el mismo idioma que los demás.
Es porque comiste la manzana prohibida.

Cuando eres demasiado joven como para estar muerto, y demasiado viejo como para disfrutar el caos.
Cuando de las ciudades sólo notas la avaricia, el egoísmo y la ruina.
Cuando sabes que todos somos iguales sin importar fronteras o islas en la historia.
Cuando quieres seguir cambiando las cosas aunque estás convencido de que es un imposible.
Cuando sabes que la decadencia es inevitable y ya es parte integral del aire que respiras.
Cuando recuerdas mejor las memorias lejanas que el presente inmediato.
Sabrás lo que siento hoy.

Cuando la música del día sabe a vomitada y no te dice nada.
Cuando el pasado es dorado y necesitas drogarte para no enfrentarlo.
Cuando encuentras la salida, habiendo dejado de buscarla.
Será momento de remojar tus barbas y empacar.

Cuando el enamoramiento es un estado ficticio e ilusorio.
Cuando sólo te calienta el sol y aceptas estóico los insultos de la impotencia.
Cuando la era digital te envuelve en su simulación.
Sabrás que de verdad está cerca el final.

Cuando por fin te enteras que el sentido existencial es aceptar el sinsentido.
Cuando aceptas por fin la vida, tal como va, tal como viene.
Cuando esperas con ansias atestiguar otro nuevo día.
Lo más probable es que en dos segundos más estés muerto.