Estoy cansado de la simetría

Estoy cansado de la simetría, por eso cuelgo el cuadro de una araña de 7 patas en la taza del baño. Todo hace daño, hasta lo que cura. Es de locos lo que vivimos.

El jardín japonés ha creado maleza, sigue ahora el camino natural. Nuestra razón nos quita a la larga el poco sentido. Es lo común, somo brutos inferiormente superiores a las bestias.

Lo barato sale caro y lo caro seguramente tiene un monopolio detrás. Libertad no es elegir entre Pepsi y Coca, sino todo aquello que cuando lo tienes no sabes cómo usarlo.

El Papa se ve empalado en mala política y el político sólo se preocupa por su cuenta bancaria personal. Las masas no piensan, y nunca lo harán.

Dios está en algún lado, si es que existe, claro, y no contesta llamadas desde que dicen que escribió 10 cosas en unas tablas. Akenatón lo supo, quizás por eso murió de tristeza.

No eres tú, tampoco soy yo, igual somos nada, polvo que camina y habla, que tarde o temprano será polvo de nuevo (después de unas revolcadas en el arenero).

Es la vida, y yo ya fui títere, pobre, pirata, poeta, peón y rey; sin siquiera tener los ojos azules. Vanidad de vanidades y pura vanidad.

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Hay días

Hay días en que no estoy para la convivencia.

Convivir no es siempre una acción vital. ¡De verdad!

A veces es bueno el aislamiento, incluso por el bienestar de los demás.

Hay días en que participar en la más trivial charla me cuesta un gran esfuerzo, y por otro lado no me interesa nada de lo que diga cualquiera.

Hay días así, en que la diplomacia no se me da, y no es que me sienta más que los otros, simplemente no me interesa casi nada de lo que ellos me puedan decir.

No es soberbia, es simple desgana.

Si llego a hablar con gente que no quiero es porque parte de la paga en el trabajo incluye hablar con mis compañeros, pero no es suficiente el pago para una real convivencia social.

No me viene en gana, en esos días, reir o siquiera sonreír por las ingeniosas “ocurrencias” que dicen (robadas de programas de TV), no me interesa quién carajos juega futbol y qué tan bueno estuvo el partido de ayer, no me interesa si anoche se revolcaron por el piso o si la luna fue testigo de su abstinencia.

Cada quien su vida, vive y deja morir.

Por lo general prefiero estar con la gente que elijo, y si eso no es posible pido que me dejen solo.

Hay días así, que son lo común para mí.

Un brevísimo instante

Fue un rayo. Un microsegundo. Mil situaciones de la historia personal condensadas en un pequeño momento, en esa maravillosa relatividad del tiempo que existe también en la mente. ¿Qué fue? ¿Duda? ¿Asco? ¿Remordimientos? ¿Escrúpulos?

Río internamente, y su rostro esbozó una discreta sonrisa que por quienes la percibieron fue tomada como orgullo o como un buen augurio.

¿Cómo además del recuento veloz de su vida, de sus acciones, de los sacrificados, los engañados, los comprados y los asociados, podía haber lugar para chispas de dudas?, se preguntó.

Ahogadas de inmediato las preguntas, se afirmó que ya era muy tarde para salir con inseguridades o sentir que había migajitas de moral en él. Nadie llega tan lejos con un número positivo en el gramaje de la moral. Quizá sólo fue temor a lo nuevo, a lo desconocido, a lo imponente. Quizá sólo fue emoción que se experimenta cuando al fin se concreta aquello que siempre se buscó. La realización del anhelo. La meta.

Él, uno en millones, ante un periodo de poder absoluto y después la seguridad y la riqueza por el resto de su vida, protegido en grandes mansiones. Inalcanzable, para cuando se le imputará todo, pero nadie podría hacerle ya nada. Pero eso será más adelante. Ahora…

No, nada de dudas.

Se acercó con arrogancia al micrófono, con voz firme y clara aceptó el cargo de Presidente, jurando hacer todo lo posible por el bien de la nación (y la risa interna siguió, siguió y siguió…)

Paranoia natural

Ten cuidado de la gente con egos muy inflados, pues su inseguridad es proporcional al aparente volumen de su personalidad.

Ten cuidado de vaqueros y estrellas de rock que usan siempre gafas oscuras, no son de fiar.

No hagas caso de los vendedores callejeros que juran por su madre, ni a los taxista con autos sin licencia.

Ten cuidado del sacerdote o monje con sobrepeso que gusta estar siempre rodeado de niños diciendo que así mantiene su inocencia.

Desconfía de los políticos todo el tiempo, aunque la publicidad diga que son buenas personas.

Cuando yo te diga: te quiero, fíjate bien en mis acciones, aunque de todos modos nunca expreso esas palabras a la ligera.

No creas en los alimentos bajos en calorías, ni en las familias que presumen de estar siempre en armonía.

Duda de los líderes, cuestiona siempre la autoridad.

Si te digo que la ropa sucia se lava en casa, significa que no me gusta discutir en público, a veces soy muy pudoroso, pero tengo tan poco poder y no quiero perder lo poco que tengo, aunque para muchos sea nada.

No confíes en el profesor ni en el policía que te dicen: “confía en mí”.

El mundo está lleno de fariseos y de falsas monedas, ¿cómo carajos no iba a ser uno tan paranoico? “Hechos Mr. Pip, hechos, y si se fija en ellos reducirá el margen de error drásticamente”. Ahhh cuánta razón tiene Mr. Jaggers.

King Kong vs Godzilla

Un caluroso día de primavera en la playa de Mar del Plata, el gigantesco león marino que todo lo mira cobró vida. Comenzó a moverse porque se hartó de los turistas y paseantes que le sacaban fotos constantemente; ya lo verás, algún día la Mona Lisa perderá también los estribos y dejando de ser tan llana aremeterá con rabia contra los contempladores presurosos, tanto japoneses como de cualquier otro lugar, que la observan desde el otro lado del cristal.

Pero regresemos al león marino. Demente, la gigantesca criatura arremetió a mordidas y coletazos (en los respectivos extremos de su cuerpo, claro está) contra todo y todos, todos para una y una para cada quien. La gente que tomaba el sol y fotos de la bestia huía despavorida, y los pocos pavos que había huyeron engentados.

León Marino de Mar del Plata

De tierra adentro, como de la nada, llegó King Kong rugiendo como lo haría un simio gigante cuando se encuentra arriba de un rascacielos luchando con biplanos. Y del fondo de las aguas surgió Godzilla, moviendo la cola a ritmo de cumbia colombiana, sin acordeón.

El León marino detuvo su destrucción por unos segundos, y no pocos curiosos aprovecharon la pausa para sacar sus aparatos digitales de sus áreas genitales. Cientos de celulares móviles de generación degenerada fueron enencdidos para tomar más videos, fotos, 3D y demás, con sus propietarios resueltos a exponer sus vida por una posteridad estéril y efímera.

Las tres enormes cosas furiosas iniciaron una pelea tripartita, sin paño de tres bandas. Era difícil predecir quién ganaría de ese trío de gigantescos seres que se enfrascaban en la lucha, pero como no hay frascos tan grandes para contenerlas, las descomunales bestias sólo peleaban.

King Kong usó sus brazos peludos de calvo acarreador de agua para abrirle el hocico al león marino, hasta romperlo, quedando el león muerto con rictus de rana René (alias Kermit the Fuck) en macabra carcajada.

Entonces Godzilla y King Kong decidieron que allí no había lugar más que para uno. Así que el gran gorila arremetió contra la gran lagartija, pero salió primatemente repelido por una bocanada de fuego expelida por el hocico de la bestia nipona. El olor a pelo quemado fue nauseabundo, y más de un curioso cayó desmayado.

Mientras Kong se recuperaba del aturdimiento, Godzilla le dio la espalda, como si fuera a alejarse. Pero no era una huída, sino el inicio del tiro de gracia. El reptil, ladeó su cola, y tomando vuelo la lanzó como látigo de Indiana Jones, en dirección a la cabeza de Kong; quien en el acto quedó, como Luis XVI y María Antonieta, descabezado y sin pasteles, tendido en la playa, al lado del león occiso y carcajeante.

Era obvio que Godzilla ganaría y así será hasta que los chinos inventen su propio monstruo.

Un bufón sin gracia

Un bufón sin gracia. Bufón que no hace reír a nadie más que al dios, quizás porque aquél es obra de un humor de tinta, otro puno final al sinsentido de la vida.

Un bufón cuyas principales preocupaciones son el clima y el éxito, el dinero y los aplausos; para quien el último recurso es el “pégame, pero no me ignores”. Con desesperación ese bufón necesita que alguien acredite su existencia.

Si el bufón fuera como los lobos, que sólo se preocupan por la barriga llena y por su siguiente presa, otro gallo le cantaría; a menos, claro está, que el gallo fuera la cena de la manada lupina.

La luna observa, pero calla. Tú también guardarías silencio si, como ella, hubieses visto las mismas funciones —una y otra vez— en este teatro al aire libre. Las últimas palabras que la luna dejó salir del cerco de sus dientes fueron: “no hay nada nuevo bajo el sol”. Desde entonces únicamente silencio sepulcral de la luna.

El bufón, sin fuerzas y con el agotamiento semanal de lumpen enlatado, ruega cada noche al cielo para que lo releven de su cargo y lo alivien de su carga. Pero aquél que debiera autorizar ese consuelo, expidiendo copias por triplicado, tiene la clemencia de un usurero.

El bufón es demasiados siglos más joven que la luna (diríase con más propiedad que es cientos de milenios más joven que el satélite, pero las matemáticas no son mi fuerte, pues les tengo fobia desde que supe que sólo sirven para engañar y hacernos creer que hay lógica y sentido una vez que hemos nacido, y que estos motivos perduran aún después de que nos echan a la tumba), y a pesar de la diferencia de edades ha decidido tomar la misma determinación: callar discretamente como lo hacía Scheherezada al terminar un cuento.

El bufón ya no dirá nada, seguirá el ejemplo de quietud absoluta que nos da la luna. Ella ha visto muchas veces a demasiados personajes tomar esta misma determinación. La misma historia para la luna quien, como el dios, ya ni siquiera se inmuta.

bufon

Evocaciones

Con su clarinete evocaba mares, cielos, nubes… Era una maestra para convertir notas musicales en paisajes. Podía evocar con facilidad bosques y desiertos, montañas y valles, lagos e islas. Lo que más le aplaudieron fue cuando describió con música las figuras naturales del Cantar de los cantares. Ella tuvo éxito y honores, premios y otros reconocimientos, pero nunca logró plasmar sentimientos con su instrumento. Y eso era lo que ella  más quería: poner lo que dictan los corazones en melodías. No se puede todo en la vida.

clarinete