No le apuestes a la juventud

No le apuestes a la juventud

se va cuando ni cuenta te das

no le apuestes a la firmeza

se cae cuando menos lo esperas

no hay nada que el tiempo no viole

de la manera más cruel

salvo las letras.

el cuero da de sí

el oído se pierde

la vista, ni te imaginas,

pregúntale a Borges.

no le apuestes a nada

y quizá tengas reintegro

da las gracias

y vámonos de aquí.

 

Los demás

El clasemediero con sobrepeso, aletargado burgués hamburguesero, es una mera máquina que se autoconsidera el motor de la economía, y por eso dice tener más derechos que los demás. El religioso fervoroso, que se llena el vientre con lo que le da la gente, en rituales mecánicos y huecos finge creer que tiene el poder de salvar a los demás. El personaje de la tele, que lee noticias de lunes a viernes, se dice líder de opinión, pero la opinión que expresa no es la suya, sin embargo los demás son cómplices de su farsa.

El izquierdista falso, ignorante que jura ser heredero de Mao y Stalin, se dice hermanado con el Ché Guevara y declara la guerra a los que tienen más que él, pero eso no es izquierda y su único fin es el poder, para así joder impunemente a los demás. El congresista popular, cabildeando en manada con los de su partido, representa intereses de altas esferas, a las que aspira pertenecer, pero nunca es la voz de los que votaron por él. El hombre de a pie, que se queja por la falta de empleos, por la elevación de impuestos, por lo mal que va su país, cree que con votar una vez cada ciertos años ya cumplió con su deber y que ejerce la democracia, iluso idiota que por tan poco vende su libertad, como los demás.

El adinerado con suerte (ya sea por mérito propio o por herencia) busca principalmente más, a costa de los demás. El político, supuesto servidor público, quiere obtener ventajas y poder, a costa de los demás. El pordiosero indigente, quiere causar penas diciendo que nunca tuvo oportunidad, en el fondo sólo quiere vivir a  costa de los demás.

Intercambia cualquier personaje, entre estos papeles, y obtendrás el mismo resultado: egoísmo a distintos niveles, siempre a costa de los demás.

wally

 

“Esta es mi película”

“Luces, cámara e inacción…”

La película era completamente suya: idea, dirección y producción.

Cinta del género experimental porque carecía de guión y se iba creando sobre la marcha. Esas cosas raras de los 1960 revividas 40 años después.

“Esta es mi película, así que harás lo que yo diga”, dijo tiránicamente, autoritaria, sin esperar otra respuesta que la sumisa obediencia

Su resto del mundo éramos sus personajes secundarios y toda geografía mundana e inmunda era la locación.

Monigotes entraban y salían, escenarios extravagantes, viajes desperdiciados y diálogos en su mayoría malos.

La improvisación dependía del humor que ella tuviera en la jornada. A veces era un drama, otras una comedia, las más de las veces era nada, un vil sinsentido, y todo pareció ser una montaña rusa sin diversión y que provocaba náuseas.

“Corte, se repite”.

Va de nuevo, la escena que no salía, y que cada vez que se repetía resultaba peor que el intento anterior.

A veces, se hacían breves ensayos, sobre la marcha.

Los extras desfilaban y los protagónicos perdían fuerza, algunos se quedaban nomás por ese amor al arte, ya mentado, pero el cansancio fue alimentándoles el desamor.

Los personajes se confundían, la personalidad de la víctima se mezclaba con la del verdugo y la verdura era más roca que fruta. “¡Aghhhh!”, era el cotidiano grito de su frustración.

No hubo reemplazos de intérpretes mientras estuvo vigente el tácito contrato que nadie firmó. Todo había sido por amor.

Ningún estudio hollybodriense ni independiente quiso dar su apoyo tras oler el inminente fracaso asegurado y el abismo sin fondo en que se metió el último patrocinador que se ambaucó en el proyecto. “Corte y queda”, era la frase que menos se escuchaba durante la filmación.

Todos envejecieron y abandonaron el sueño.

El resultado fueron kilómetros y kilómetros de pietaje enlatado en alguna bodega perdida que no visitaría ni el Indiana Jones más desesperado. No hubo estreno ni alfombra roja, mucho menos osos en Berlín, palmas en Cannes ni Oscars en Hollywood.

El orgullo se perdió.

Pero bueno, fue su película.

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El día de la escritura

La escritura matutina vale la pena cuando la idea es buena o se recuerda un gran sueño.

La escritura a mediodía suele ser de compromiso, obligada, y quizá de somnolencia si se combinan letras después de comer.

Las escrituras nocturnas pueden valer la pena si retratan algo vivido durante la jornada, que sea realmente digno de contar.

Y las escrituras con alcohol suelen ser malas pero, ¿quién sabe?, en ocasiones son excelentes mentiras y otras son rotundas verdades.

Palabras

Paciencia. Es lo que vamos perdiendo en silencio.

El Mundo. Todo lo que ilusamente creemos que escapa de nuestro control.

Verdad. Lo que aprendimos a despreciar diciendo que es un gran valor.

Orgullo. Lo más difícil de tragar.

Miedo. Lo que sentimos unos de otros al encontrarnos tan similares.

Deseo. Origen de muchos de nuestros males.

Respeto. Palabra que hoy carece de sentido y significado.

Dios. Sinónimo de olvido.

Extraído de “Cuentos InFamiles y canciones sin música”, 1997

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Menos que una piedra

Miedo a la libertad y a la soledad que la suele acompañar.

Miedo al final de los tiempos y a descubrir que no hice lo que se suponía.

Miedo a que algo como esto dure para siempre.

Miedo a tenerte para después perderte.

Miedo a buscar tu mano y encontrar sólo el vacío.

Miedo a comprobar que siempre soy distinto.

Miedo a expresar lo que nunca debí haber dicho.

Miedo a descubrir lo que no esperaba de ti.

Miedo a volar y también a pisar el suelo.

Miedo al horizonte y a no tener más sueños.

Miedo a exigir y a expresar la verdad, miedo a conocer lo que de esto pudiera resultar.

Miedo tanto al compromiso como a carecer de rumbo.

Miedo a que ya no me importe querer cambiar el mundo.

Miedo al conocimiento y terror a la ignorancia.

Miedo a la contracorriente, al dolor y al martirio.

Miedo a guardar silencio y miedo a expresar lo que siento.

Miedo a perderme por completo si todo lo entrego.

Miedo al fanatismo y miedo a la ceguera.

Miedo a ser el fulano que siempre espera.

Miedo al frío y miedo al fuego.

Miedo a tomarme en serio y a que todo sea un juego.

…y por temor únicamente fui menos que una piedra.

Extraído de “Cuentos InFamiles y canciones sin música”, 1997

Una chica linda

Una chica linda, siempre bien peinada, bien maquillada, quizá se tarde 3 horas en arreglarse, el mismo tiempo que para eso mismo empleaba la emperatriz Sissi.

Un chica linda con ropa a la moda, ni un día antes, mucho menos uno después, siempre al día, como la alegría de su programa de televisión.

Una chica linda que parece conocer todo lo que pasa en el mundo, aunque lo único que hace es leer bien las noticias o las frases ingeniosas que un equipo de escritores frustrados crea para su lucimiento.

Una chica linda, que no es rubia natural, la luminosidad de su cabeza contrasta con sus demás folículos capilares. ¡En verdad!

Una chica linda en apariencia, pero si no quieres romper el encanto no le preguntes  a la señora de la limpieza, quien te dirá que cuando la bella conductora menstrúa, deja sus toallas sanitarias sucias en el piso del baño y jamás le jala la cadena tras parir un amorfo bodoque marrón de tres kilogramos.

Una chica linda, de quien dicen que cuando se le ocurrió salir a la calle sin maquillaje, hizo llorar a los niños pequeños que encontraba a su paso y que una parvada de cuervos al verla se estampó intencionalmente contra los vidrios de un rascacielos.

Una chica linda, desde tu lado de la televisión, pero pregúntale a los que trabajan con ella cómo le huele la boca eternamente a ajo del carajo, y si les caes mejor a sus compañeros te confesarán que durante las transmisiones en vivo la chica linda gusta de experler ventosidades silenciosas por su ano, para ver las caras que ponen sus compañeros al percibir los malditos olores de la descomposición.

Una chica linda, que entrevista y es entrevistada, un celebridad, que es seguida en sus redes sociales por muchos solitarios, y recibe con demasiada frecuencia declaraciones de amor, tanto platónico como guarro.

Una chica linda, desde tu lado de la televisión.

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Las más de las veces lo mejor es callar

No condenes al que se autodestruye. No estás en sus zapatos. No tienes derecho y ni puta idea.
Decir que alguien que se mata es un infeliz, un cobarde o desagradecido porque… lo tenía todo, porque no piensa en los demás, porque perdió la fe en Dios, sólo te hace ver como un imbécil que se traga todo lo que los comerciales le venden. Mejor deja de juzgar y cuestiónate: ¿en verdad crees tanto en Dios?

No digas que la vida es un maravilla si no lo sientes, y si lo sientes… bien por ti, nomás recuerda que no tienes la obligación de contagiar tu “visión” a los demás. Si lo dices sólo para repetir lo que te han dicho que debes decir, guárdatelo más.

No tengo nada en contra de ti, mientras no abras la boca y dejes salir tus idioteces a una distancia en que yo pueda oírlas.
Si te molesta lo que digo, procura hacer lo mismo que yo hago respecto a ti: poner muchos kilómetros de por medio. Si no te gusta verme, tienes otros 359° hacia dónde mirar.

No condenes al que se autodestruye, porque con ello podrías estar ganándote un juicio severo.
¿Quién te ha dicho que tu supuesta vida “bien vivida” es lo que debe ser, que eso es lo correcto? ¿Quién te crees como para tratar de convencernos de que tu ignorancia es sabiduría?
Ojalá aprendieras que las más de las veces es mejor callar.

wally

Tiempo perdido

Te vi por primera vez, me encantó tu mirada, caí a tus pies, conservando mi verticalidad (luego perdí mi dignidad). Te escribí poemas y canciones, sin música, elaboré futuros, juntos los dos. Te seguí y me seguiste a muchos lados y locuras. Todo para nada, mentiras elaboradas que moldearon un tiempo perdido.

Leí, aprendí, escuché. Indagué, agarré la pala y me fui al fondo. Observé callado, opiné y aporté. Me forré de dinero, lo aposté y perdí. Me coticé, me devalué. Marqué tendencias y me perdí. Hice y deshice. Con esperanza de hacer algo mejor de este mierdero. Y todo para nada, vil tiempo perdido.

Como VanGogh, perdí orejas y rabo, por buenos traseros y deslumbrantes cerebros. Besé, abracé esculturas de carne y hueso, idealicé personas que no debí y descarté lo que fue bueno, hice bien lo que pude, resultó mal el resto, no hay quejas contra nadie más que contra mí mismo, por el tiempo perdido (a lo pendejo).

No hay claves, no hay nada que descifrar, así es la vida, así es esto del destino, llegas al final del camino, haces el recuento y, a menos que te hagas el onanismo mental, verás que fue tiempo perdido.

Renovarse o morir

Las nuevas aventuras, como los años, como los cuerpos, se van haciendo viejas, y cuando ya amarillean y huelen a tiempo estancado, viene una nueva, y así, engarzando sucesos es que la vida pasa, hasta que el abastecimiento existencial se acaba.

Siempre me resultó ridícula la expectativa y el intenso espíritu de renovación que conlleva el fin de año, como si lo que va a venir fuera mejor. En otros años igual se podían tener esas esperanzas, ahora no se ve ni por donde. Quizá eso mismo dijeron ciertos romanos al celebrar un nuevo año bajo el mandato de Calígula. Sí, seguro que así fue.

Por eso es verdad que moriremos todos, y la señora Esperanza después de nosotros. De otra manera el suicidio colectivo sería por convencimiento y no por inducción u obligación.

Y no queda de otra más que creerse el truco de la renovación anual, igual y algo de cierto debe tener, de lo contrario ya se hubiera extinguido. Aunque no pocos se quedan siempre en el mismo lugar, en la misma desventura, en la misma relación oxidada, en el mismo año. Bueno, al final, cada quien su vida.