Miré con respeto más allá de tu belleza

Miré con respeto más allá de tu belleza,

y vi un lugar donde el bien y el mal cohabitan en paz.

Luego entendí que la noche es tan tuya como lo es el día

y que eres tan mujer como aún eres niña.

No te sentí como ideal, y tampoco perfecta,

pero sí como ejemplo de humanidad libre y natural.

Quise conocer tu historia y agradecerte todo lo que obtuve de ti,

antes de que me abandonaran las palabras.

Posiblemente dije demasiado, hasta abrumarte y cansarte.

Ahora ya me cuesta trabajo incluso hablar.

Quizá desde el principio debí quedarme callado y limitarme a

mirar con respeto más allá de tu belleza.

 

 

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Divagación existencial

Pocas cosas seguras tiene la vida:
a) nada es siempre fácil
b) todo está en cambio constante (por eso la Fortuna es una rueda, a veces medio jodida con el eje roto, pero una rueda al fin)
c) nadie sale vivo de aquí.

Uno puede intentar caminar siempre por el lado luminoso, y quizá lo consiga a medias (de seda), pero es difícil. No hay nada sólido de dónde agarrarse, sostenerse, y el asidero más falso es la religión, cualquier religión. Quizá la espiritualidad pueda funcionar. Además quien termina aferrado ciegamente a una fe establecida, es porque antes resbaló, y decide seguir resbalando en compañía de muchas sabandijas resbaladizas.

A lo largo de la vida uno tiene aciertos, pero parece que por cada acierto hay un trío de errores o un póquer de meteduras de las 4 patas. Mala cosa apostar por algo “para siempre”, porque todo cambia, así que uno se adapta o se resigna, y resignarse es las más de las veces algo indigno.

Es bueno saber tragarse el orgullo, lo que está feo es pasarse por la traquea también la dignidad.

Siempre me dio risa esa frase barata de “amigos/amigas por siempre”, por irreal. Ahora me provoca carcajadas ante la fácil ilusión de quien cree tener bastante (un siempre) por vivir.

No creo ser cínico, ni me vanaglorio de llamar realismo a mi ocasional amargura. Tengo altibajos, como cualquiera, lo diferente en mí es que nunca aprendí a ocultarlos ni a disimularlos. Simplemente no puedo, no es honestidad, sino incapacidad de ocultar.

No tengo prisa por morir, pero tampoco me emociona vivir mucho más de lo que ya he vivido. No se trata de depresión ni de desilusión, es algo así como una pereza existencial. Ya vi demasiado sin haber visto mucho, y si esto es lo que hay, pues no estoy tan interesado en conocer más.

Qué cosas estas de la vida.

No me gustan los funerales

No me gustan los funerales.

Imagino que la mayoría de la gente comparte esta aversión mía, aunque seguro habrá quienes les encante asistir a sepelios y esas cosas, así como habrá dementes que se mueren de gusto regocijado dentro de un hospital.

Sólo he asistido a un funeral en mi vida, y hubiese querido no haberlo hecho, pero a veces hasta los más contracorrientosos tenemos que apechugar y cumplir obligaciones estúpidas y establecidas.

No sólo no me gustan los funerales, me molestan, porque no tienen razón de ser, las más de las veces.

En unos la gente está reunida para recordar a alguien que habían olvidado en vida hace ya mucho tiempo. Absurdo en verdad.

En otras están los familiares carroñeros cumpliendo sus actuaciones antes de destriparse o celebrar la muerte de quien les deja algo que por lo general no se merecen.

Casi siempre hay discursos y lágrimas de cocodrilo lagartón, palabras de merolico corriente que tratan de construir imágenes para recuerdos lejanos, o elegías y honores para quien no era tan apreciado. ¡AY qué bueno era!

Y el personaje central, el difunto, ya ni se entera de nada de lo que allí pasa. Ya está en otro lado, en otra dimensión o quizá en ningún lado.

No, no me gustan los funerales, y en lo posible intentaré no asistir al mío.

La catástrofe

La súbita catástrofe nos hace sentir unidos, que somos hermanos, solidarios, que todos nuestros corazones palpitan al mismo ritmo. Despertamos al llamado de los necesitados.

La catástrofe nos saca de nuestras rutinas, nos impele a ayudar a todos los afectados. La cohesión y la buena voluntad llegan de inmediato a su clímax.

Pero un catástrofe deja muy pronto de ser novedad y, en poco tiempo, es sustituida por otro encabezado a ocho columnas o titular destacado en la página principal. Las conciencias se sienten satisfechas con lo que hicieron en dos días. La catástrofe se convierte en anécdota y en comentario para el resumen noticioso de fin de año.

Los afectados de repente son abandonados a su mala suerte o lenta muerte. Regresan las indiferencias y los rencores anteriores, vuelven también los días comunes, y respecto a los semejantes se impone de nuevo la indiferencia. El brillo de las almas se apaga ante los escombros internos de lo cotidiano. Los borregos vuelven al redil danzando la canción impuesta.

La unidad se viene abajo, y de nuevo todo al carajo. Mientras no seas un damnificado, todo lo ajeno te vuelve a importar un bledo. Solos de nuevo… naturalmente.

Naturaleza humana, aquí y en China.

catastrofe

Las frías noches de enero

Las frías noches de enero me hacen pensar,
Plasmar mis deseos en hojas blancas, recordando todo lo que no te dije cuando estabas frente a mí;
y es que cuando te veo, me enfoco tanto en el momento,
que permanezco mudo mientras a mi lado pasa como robado el tiempo.
En esas mismas hojas quisiera describir con justicia,
cada rincón y milímetro que hacen soberbia tu anatomía,
o poder recrear como un gran don de mi memoria
cada idea, cada palabra que me dijiste con tu linda boca.
Pero en las frías noches de enero me encuentro solo,
tan solo como el gélido viento del norte,
tratando de plasmar tus recuerdos en un papel
que ojalá guardaras muy cerca de tu cálido pecho.
Y sueño con historias de conquistas, sitiando tu corazón
que al final cae rendido, como ante el tuyo cayó el mío.
E imagino que la distancia se acaba por fin para ambos
y salimos juntos a encontrar tesoros y recuperar las materias que reprobamos.
No me importa que lo escrito en esas hojas no le guste a nadie,
en tanto tú las encuentres sinceras y agradables.
Aunque al final sienta que no puedo plasmar en ellas
ni la mitad de lo que siento que son verdades contigo.
Pero es todo lo que puedo hacer en las frías noches de enero,
mientras en cuerpo y alma espero por ti.
 
cold

El espantaideas

Oscuras aves marginales acechan los renglones, aún en blanco, del cuaderno barato comprado en situación de emergencia.

Las aves esperan hacer nidos de ideas, cuyo fin es tratar de detener el tiempo y acortar distancias.

Las aves oscuras van poco a poco encontrando lugar, metamorfoseadas en letras, aunque las ideas no siempre son buenas.

Las ideas pueden sonar bien dentro de la cabeza, pero si se debilitan al escribirse puede deberse a que en algún sitio de la hoja está escondido el espantaideas, que tiene como principal objetivo auyentar la inspiración, evitar que en los renglones se plasme algo interesante o apasionado, ¡es un pesado!

Por allí debe estar el espantaideas, suspendido de dos largos maderos, como esclavo romano castigado por robar, por intentar escapar o por incitar una sublevación.

Cuando el espantaideas triunfa, el resultado son letras como estas, algo como una silla vacía que de nada sirve porque no se utiliza. Un tiempo perdido y camino que no llevó a ningún lado.

El espantaideas triunfó de nuevo.

Kafka y espantaideas

Aurora

El dulce tono de tu voz, el imán que es para mí tu anatomía, capaz de alterar la circulación en mis avenidas, la nobleza asomada en las ventanas de tus ojos y el jardín de las delicias que siento en tus labios; por todo eso y más se encendió de nuevo mi corazón.

El tiempo a tu lado corre como negro fugado en un estado gringo del sur, me haces replantear mis opiniones arraigadas y ahora creo que no es tan malo ser humano.

Sueño contigo cuando estoy despierto, por eso creo que no sueño contigo cuando duermo. Eres la mejor realidad que ni la mayor de mis ilusiones pudo vislumbrar.

Eres una artista cuya mayor obra de arte es tu propia persona, artesana de buenos recuerdos, un encanto con buenos sentimientos, eres capaz de llenar de alegría la vida de quien te conoce.

Eres magia que respira.

Eres un amanecer constante con aura gentil, tu nombre te va muy bien. Eres impresionista, no porque uses lienzos y óleos, sino porque con gracia natural dejas una huella en las almas, durante tu paso por los días.

Eres la belleza que enciende mis deseos de explorarte minuciosamente para ir descubriendo los secretos que llenen de placer tu cuerpo.

Yo tuve la fortuna de volverte a encontrar, es algo que mientras yo respire agradeceré al destino.

Aurora eres un gran premio existencial.

Tan civilizados

No es sencillo “madurar”, aprender las contradictorias reglas que flotan entre lo que debe ser y lo que se espera que seas. No es fácil hacerte experto en el juego del vudú de vodevil  que necesitas durante todo el recorrido del camino hacia el éxito aplaudido. ¡Gloria y fortuna! ¡Tener más que ser! ¡Ser porque tienes!

El fracaso y el no estar enfrascados no son cosas permitidas, y la gente diferente no es bien vista, salvo en los circos.

La cohesión de la sociedad civilizada depende del aleccionamiento, del “juntos somos todo” (pero manteniendonos en realidad separados), depende de que cada uno sea nada. Eso mismo lo practicaban los tiranos (incluyendo a los tiroleses) que la historia condena y que son espejos casi perfectos de los líderes de hoy, a quienes el futuro deplorará.

Una vez que conoces las condiciones y las reglas te quedan pocas opciones:

  • vivir en el aturdimiento con esa indescripible molestia que llevarás dentro, difícil de identificar, ese grito que sepultarás con ruidos y aturdimientos;
  • despertar, creer en la magia, tener fe en que todo se puede alcanzar, intentando no amargarte;
  • nadar contra la corriente hasta que te silencien o te compren y pases a ser un elemento más de la maquinaria de los tiranos o un ser menos en esta vida.

El panorama no es nada alentador, nunca lo ha sido, te lo digo yo, que soy un débil eco de esas voces claras que por siglos han expresado claramente la verdad.

Dichosos aquellos que salen del rebaño, aunque duela, porque a pesar de peroratas montañosas son libres y valientes. A su muerte serán homenajeados por la doble moral imperante, pero eso no les importa, pues nada tiene valor una vez que has dejado de respirar.

La navidad de la familia Araña

La familia Araña, que habitaba en la gran telaraña de un jardín se disponía a prepararse para la celebración de Nochebuena. Mamá, que inició el día pisando con sus cuatro patas derechas al salir de su pequeña cama, pensaba reñir a Papá porque éste no daba indicios de buscar un mejor sitio dónde trasladar a su familia. Pero, “es 24 de diciembre y sería impropio que inicie este día peleando con Papá”, se dijo Mamá posponiendo para otro día la recriminación a su marido.

Papá con sólo mirar los múltiples ojos de su esposa adivinó al instante lo que ella pensaba y le dijo: “Antes de prepararnos para los festejos de la noche, me gustaría entregarles mi regalo avisa a todos que empaquen sus pertenencias rápidamente y se reúnan conmigo en la vieja ventana rota”.

Mamá fue a avisarle a Hija, quien la noche anterior había tenido esta discusión con su padre:

Hija (acercándose cariñosamente a su Papá y con una voz melosa): Papaíto ¿verdad que me quieres mucho?

Papá (casi cayendo en la trampa, pero encendiendo de inmediato su sistema arácnido de protección): Sí hijita, ya lo sabes bien que sí.

Hija: Oye, me preguntaba si yo… eh… yo…

Papá (pensando que un preámbulo tan dubitativo presagiaba una difícil petición): ¿qué es lo que mi hija querida quiere pedir a su Papaíto?

Hija: Bueno es que… Escarabajo Cara de Niño me invitó a pasar la noche del 24 en su departamento-agujero y yo quisiera ver si tú me lo permites.

(Escarabajo Cara de Niño era el novio en turno de Hija Araña, un ‘bueno para nada’, según la opinión de Papá, que ‘sólo sabe manipular excrementos ajenos’.

Papá: Lo siento hijita, pero ya sabes muy bien que la celebración del 24 de diciembre es FAMILIAR. Ya tendrás otra ocasión de salir con Escarabajo en el futuro.

Hija: Pero Papá, tú no entiendes, él ya avisó a su familia para que yo asista a su reunión…

Papá: Pues que les avise ahora que no vas a poder asistir.

Hija: Pero, tú sabes bien que eso no es correcto. No seas injusto…

Papá: Espera, esto no tiene nada que ver con asuntos calificables de correctos o incorrectos. Tú le dirás que avise que no puedes ir y punto. Así que por favor piensa un poco en tu actitud, señorita, y acepta que pasarás con TU FAMILIA la noche del 24.

Hija: Pero todo tiene que ser de acuerdo a lo que TÚ decides…

Papá: Ya sabes que mientras TÚ vivas en MI telaraña se hará lo que YO diga y si no te parece, la rama que conduce al muro es lo suficientemente fuerte para soportar tu salida.

Tras la frase que utilizan todas las arañas progenitoras cuando se ven en una situación similar, a Hija no le quedó de otra más que dar la media vuelta pensando: “ya verá cuando yo sea independiente, entonces podré hacer lo que YO quiera de mi vida”.

Toda la familia Araña se reunió con Papá en la vieja ventana rota. De allí Papá los condujo al interior de la cocina y no se detuvieron hasta llegar a un gran sitio cerrado y oscuro.

“Este es nuestro nuevo hogar”, anunció Papá inflando con orgullo su voluminoso abdomen.

“¡Papá, es maravilloso!”, exclamó Hija olvidando todo el malhumor y vislumbrando un futuro dorado, digno de ser presumido, habitando en esa gran vivienda cálida y acogedora.

“¿Pero, qué no es este el hogar de los Cucaracha?”, dijo el Abuelo, rompiendo las ilusiones y la alegría familiar.

“Sí, lo era, pero ayer me lo vendió Cuco Cucaracha por muy poco…”, le respondió Papá sabiendo de antemano que el Abuelo haría una observación semejante, “…por la adicción al juego que tiene Cuco Cucaracha tuvo que malbaratar su vivienda”.

El nuevo hogar era amplio, limpio, seco y, sobre todo, cálido. Las lisas paredes metálicas eran un ejemplo perfecto de la limpieza. Mamá Araña terminó de elaborar las camas, tras lo cual procedió a fabricar esferitas de seda para ambientar el hogar. Hija Araña estaba pensando en la cara que pondrían sus amigas al ver su nueva casa; aunque también dudaba de si sería conveniente seguir saliendo con Escarabajo Cara de Niño, pues con el nuevo estatus adquirido tal vez hasta podría reconquistar el corazón de Alacrán Galán.

En ese momento, un sonido como de voz humana se escuchó afuera de la flamante casa de los Araña (ellos, de ese sonido, sólo entendieron algo asó como: “EO, EE, E, OO”).

“Bien, tomemos nuestros asientos y dispongámonos a devorar esta deliciosa mosca que…”, dijo Papá ignorando por completo el sonido humano. Pero su frase fue interrumpida por una gran luz proveniente de la súbita apertura de una de las paredes del hogar.

La familia se llenó de terror ante el también repentino olor a gas que salía del grueso tubo de varios orificios, y al ver acercarse a este una gran mano humana con una cerilla encendida.

Lo último que vieron los miembros de la familia Araña (exceptuando al Abuelo quien descansaba sin sospechar que su sueño repentino se convertiría en su sueño eterno) fueron grandes y apocalípticas lenguas de fuego, escapadas de los orificios del tubo. En pocos segundos lo único que quedó en ese hogar fueron restos carbonizados de la familia Araña, un buen fuego y un gran pavo horneándose.

Esa noche la familia de Pedro López disfrutó una deliciosa cena cuyo platillo principal fue un pavo que quedó listo un poco tarde porque el horno no se encendió a tiempo.

El 25 de diciembre Cuco Cucaracha regresó a su hogar, felizmente aliviado de haber podido pagar todas sus deudas y tratando de decidir a quién le haría la misma broma macabra la próxima navidad.

NOTA: La frase humana que oyó la familia Araña poco antes de morir fue: “Pedro, prende el horno”; pero, como es bien sabido por quienes han vivido dentro de un horno, las consonantes expresadas desde el exterior son imposibles de escuchar.

 

Eres la belleza, interna y externa, que ningún artista podría captar en su totalidad.

Eres la inspiración que emana de un misterio y que hace vibrar las cuerdas más musicales del alma.

Eres el rostro que habita en mi mente y corazón.

Con palabras quisiera expresar lo mucho que eres para mí.

Pero una vez más me siento como el niño que saltando del columpio quiere alcanzar la luna.

Y no importa la imposibilidad, con gusto vuelvo a saltar.