Ojalá estuvieras aquí

Ojalá estuvieras aquí.

Tal como dice la postal impostora que venden en lugares infestados de turistas y parásitos, la postal que compran y envían los enamorados irredentos y los falsarios del corazón.

Ojalá estuvieras aquí, digo yo en medio de la fiesta funesta, en la reunión desangelada donde todos hablan sin decir realmente nada. Donde el escapismo mental se vuelve necesario como un puñado de denarios en Marruecos.

Ojalá estuvieras aquí.

Bebiendo jamaica y ron están la nudista de pastel y el Jack de caja, habñando de lo mucho que detestan las sorpresas. Un poco más lejos, Rita, la perpetua señorita se niega a perder lo que tiene para obtener lo que más desea.

Mientras tanto el ambiente se enrarece. Yo iré a la morgue por un poco de carnes frías.

Compara la historia de la humanidad con la historia del universo. Compara la historia de una vida con la historia de la humanidad.Compara la vida de las masas con una vida célebre… Y lo que te resultará de tanta comparación es igual a la nada, pues todo, tarde o temprano, será olvidado.

Ojalá estuvieras aqui.

El conductor sin rumbo aplaude al espectáculos de las masas perdidas, y el mejor mago exiliado que llegó de Siberia se atreve a realizar sus mejores actos (por ello le darán un boleto de regreso al gélido sitio, sin esperanzas de regresar a ningún otro lugar), y como teme ser tildado de gris y de inútil, seguirá con su magia para distraer el tiempo, hasta que éste se lo lleve.

Solo, en medio de tanta gente, yo seguiré lamentando necesitarte tanto, sintiéndome tan incompleto por no tenerte a mi lado.

Ojalá estuvieras aquí.

Cadena de ideas

La verdad es luz, la luz mata tinieblas, las tinieblas habitan mentes y las mentes son diversas.

Diversas son las palabras y las palabras son confusas, confusas son tus maneras y aún así las usas.

El amor es ciego, ciego es también el odio. El odio taladra, y el taladro hace hoyos. Los hoyos son oscuros, y oscuros son muchos conceptos. Hay conceptos en tu cabeza y en tu cabeza estoy muerto.

Tú eres bella, bella es la pureza, la pureza es un cristal y el cristal delicadeza. Delicada es tu persona y tú manera de ser. ¿Cómo en este mundo no te iba yo a querer?

Esto debe ser todo

Esto debe ser todo. Nacer en el paraíso y verse de repente expulsado, arrojado por el cadenero tras haber consumido una fruta, para luego tratar de encontrar el camino a casa, dudando a lo largo de toda la ruta.

Esto debe ser todo. Comenzar siempre con mucho interés mutuo, desplegando encanto, creyendo que estar juntos es cuestión de vida o muerte, para más adelante respirar costumbre y hastío, misterio develado.

Esto debe ser todo, el asombro que provocaban los actos de magia, serán puestos en tela de juicio, maldita inquisición con sus hogueras de flojera, chistes con gracia deslavada para quedar ambos como parte del ejército gris, mirando futbol en tv.

Las amistades se convierten en desconocidos, los familiares en una especie de vampiros, los extraños son cajas de sorpresas y tú te sorprenderás haciendo cosas inimaginables.

Esto debe ser todo, una orgía digna de romano decadente y al día siguiente resaca sacada de la garganta. El tragaespadas arrojando metal de la traquea. No hay tónicos hidratantes, mucho menos pastillas efervescentes, sólo paranoia que sirve para nada.

Esto debe ser todo, sin importar que hayas sido saludable o descuidado, te hayas ejercitado o hayas vivido aplastado, terminarás hecho cenizas o polvo diferente al que te engendró, pero de la misma clase que siempre te conformó.

Eso es todo amigos

Todo era fácil

En un principio todo era fácil. El paraíso antes de la manzana. Pero teníamos que saber, queríamos probarnos. Hasta que instauramos el infierno entre nosotros y tratamos de mantener la unión con el sudor de la frente.

Todo era fácil después, pero para la destrucción. Conocer de primera mano el significado del desamor. Fue fácil porque sabíamos dónde lastimarnos mejor, de manera más efectiva. Fue fácil llegar a odiar a quien tanto quisiste. Sin dejar de lado los golpes, físicos y verbales, con cientos de intentos por alejarnos.

No fue fácil la separación. Pocas cadenas son más difíciles de romper que aquellas formadas de costumbres. Tom necesita a Jerry, ese fue nuestro síndrome. Y en el fondo, aún nos queríamos, pero nos ganaba la mala fe y el vicio circular.

Curioso que a la distancia, de espacio y tiempo, todo parece explicarse. Entender que fuimos como los idiotas que teniendo un clima perfecto se hacen de aire artificial porque eso les proporciona estatus social.

Quisiera creer que aprendimos. Que nos quisimos y que aún nos queremos. Pero quedaron demasiadas cicatrices como para volver a intentar. Y aunque ésto pudiera ser fácil, ya nada es igual.

¿Por qué?

Quisiera saber por qué se nos obliga a asesinar a nuestro niño interno en nombre de la madurez y la productividad.

Quisiera que alguien me dijera por qué la tecnología avanza tan rápido mientras seguimos siendo las mismas bestias de siempre, sin importar que a lo largo de la historia se hayan expuesto muchas buenas ideas.

Explíqueme alguien por favor por qué hay amores que fueron brillantes como soles y que terminan siendo tan oscuros como la maldad.

Díganme por qué la gente exige verdades, diciendo mentiras, y se ofenden cuando las encuentran.

Por qué la sabiduría está tan anudada con el dolor.

Por qué nos dicen que Dios es amor y a golpes nos intentan convencer de ello. Dime por qué mucha gente termina enganchada a lo que le hace daño.

Por qué es tan difícil rechazar el papel en la gran farsa.

Tengo más preguntas, pero éstas son personales y mejor se las hago a la gente involucrada.

Twitter y yo

Twitter es el paraiso de los telegrafistas. Supuesta sabiduría escupida en 140 caracteres. Las buenas frases allí son como tenues flatos perdidos en el huracán de la estupidez. Hoy miraba todo lo que en ese lugar he puesto, como Narciso de mis propias palabras, y admito que soy parte de la media estadística en eso de la insulsez.
De todas esas pedradas a la luna, palabras al viento seco, botellas con mensaje arrojadas al gran mar de los anónimos con aspiraciones de fama (Warholianos cinco minutos), es decir, de más de tres mil “tuits” míos, sólo rescato esto.
Ese lugar deja menos sobrevivientes que el Titanic, los EEUU y la bomba atómica juntos.

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Él solía viajar a todos los lugares y épocas, viviendo muchas vidas al año. Después “creció” y ya no tuvo tiempo para leer.
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“¿Y ahora?”, dijo él confundido.
“Nada”, respondió ella ecuánime.
Él obedeció y se perdió en el horizonte del mar.
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Ella confundió la bolsa de coca con la de yeso blanco. Tuvimos que llevarla con el escultor en vez de al cirujano plástico.
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“¿Qué hay de nuevo viejo”, dijo Bugs Bunny.
“No hay nada nuevo bajo el sol”, le respondió meditabundo el rey Salomón.
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“Basta un poco de maíz para corromper a una paloma mensajera”
-Lo pudo haber dicho Samuel Morse cuando trataba de vender el telégrafo
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“Gracias por recordarme que estoy completamente solo”, le dijo a ella antes de perderse en el mar de gente, con ironía salida de la herida.
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¿Quién iba a pensar que aquel “te amaré por siempre” tenía fecha de caducidad?
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“¡Llamas a mí!”… y el inca murió consumido por el ardiente fuego.

La última vez que vi a mi tía abuela (Zacatepec)

La calle sin pavimentar. Tierra seca que se levanta con el lento rodar de los neumáticos, que hacen ese ruido tan particular del hule aplastando piedras sueltas. El sol del mediodía, con su luz amarillenta de finales de primavera. El cielo azul, ninguna nube cercana y dos pigmeas blancas a la distancia.

Vas a visitar a tu tía abuela, desearías haberte quedado en casa. Tras horas de carretera por fin llegas a Zacatepec.

Las casas de arquitectura anárquica, construidas como se les fue ocurriendo a los propietarios de los terrenos. Perros, caballos y gallinas. Autos viejos estacionados. Tedio de domingo. Todos los locales cerrados, menos la pequeña tienda de abarrotes, con anuncios de cerveza pintados en su pared principal.

Llegan por fin a la casa de tu tío. Único hijo de tu tía abuela. Fruto de su amor con un tahúr legendario, gallero de pueblo en pueblo, que al final la abandonó con su vástago. Ella hizo lo posible por seguirle el paso al hombre que amó. Pero no corrió lo suficiente. De ahí que supiera tantos dichos y tuviera su lenguaje tan florido. Hace un par de años que no la ves, desde que se fue a vivir con su hijo.

El hijo, tu tío, es ya un hombre viejo, de pelo cano y rostro arrugado. Ella casi tiene ya 80 años.

La casa, quieta, dominguera, donde el sonido reinante es una mezcla del canto de los pajaritos enjaulados y el televisor de bulbos, que sintoniza en monoaural un partido de futbol. El comentarista grita emocionado hasta cuando el balón no avanza más allá de la media cancha. Esos partidos son como la misa: obligados en el día del Señor.

Las paredes de la casa son de color verde pistache, adornos baratos por doquier, una foto de tu tía abuela joven cargando a su hijo de bebé. No es blanco y negro, es sepia y amarillo.

Hay sillas tejidas, con tiras delgadas de plástico rojo. Mantelitos tejidos a mano, flores frescas -lo único fresco en ese lugar además de las cervezas- bien acomodadas en el florero.

Ves a tu tía abuela, en tan sólo dos años parece que su mente está perdida y su vista, quizá por las cataratas, glaucoma de diabética, extraviada en una distancia más allá de cualquier número de kilómetros. Te reconoce, pero ya casi no habla; no es que no pueda, sino que siente que ya no tiene mucho qué decir.

Te decepciona un poco. ¿Tanto viaje para esto?

Aún la quieres mucho, pero algo te inspira sorpresa. A tus padres les sucede algo similar, lo percibes. La visita se hace incómoda, y eso la hace corta. Mamá, la sobrina directa, ha cumplido. Es hora de irnos.

Decimos adió, abordamos el auto y salimos de Zacatepec, de nuevo a la carretera, de vuelta a casa.

Fue la última vez que vi a mi tía abuela, una mujer antes tan llena de vida, la vi casi muerta.

En ese entonces tendría yo como 13 años. No estoy seguro si fue ese día cuando comencé a tener conciencia de la vejez, y empecé a temerla. No lo sé, pero sí sé que aún me inspira temor.

Ring… ¿quién será cuando el teléfono suena?

¿Quién será cuando el teléfono suena?

El fin de la espera porque quien esperas te llama; el insulto intempestivo de quien con su corazón te odia; posiblemente el casero al que le debes dos rentas o algo que compraste y te notificarán la cuenta.

El aviso del trabajo para el que te entrevistaste; el ‘te quiero’ tardío de quien alguna vez amaste; puede tratarse de una oscura noticia o el que empieza a investigarte la policía.

Puede ser la voz de tu madre, por ti muy preocupada; el tipo que se equivoca y al que no le importas nada; pudiera ser alguien que obscenamente te persigue o las felicitaciones extemporáneas por los años que cumpliste.

Puede ser tu jefe para recordarte tus obligaciones; quizás te llama para empezar a tener ciertas relaciones; igual y es un desesperado solitario sin llano que sólo quiere hablar o la persona que quisieras que ya no te llame más.

Qué tal si es el anuncio que cambiará drásticamente tu suerte; o el anuncio del terror acerca de tu propia muerte; una voz que en su angustia te consuela o la compañía de teléfonos haciendo pruebas.

Ese familiar que quiere hacerte daño; o el amigo que te habla cada 365 días; pudiera ser la persona que está loca por ti y quien tú deseas que siga así.

¿Quién será cuando el teléfono suena?

Es horrible sentir celos y no ser nada

“Es horrible sentir celos y no ser nada”, dijo triste el fantoche cuando tras prometerle varias veces el ‘mañana seré tuya, áun no es el momento’, le expedían la visa para la ‘zona de la amistad’, esa del ‘te quiero como hermano’, cuando siempre había estado claro para todos que sus ambiciones iban en otra dirección, hacia otro país más ‘comprometido’ y ‘carnal’. Al menos eso creía el triste fantoche de fantasía animada.

Pero a pesar del tiempo pasado y de la pesada experiencia, él decidió seguir allí. Total, igual más adelante ella aprendería a amarlo, él la convencería con su constancia, presencia y apoyo. La gota que agujera la roca, la fe que mueve montañas, la Roma que no se construyó en un día. Su amor Roma era verdadero, al menos eso creía.

Mientras ella se seguía enamorando y desenamorando de otros. Rosario sucesivo e interminable de amantes dementes, fríos glaciares, galanes salvajes y machistas atávicos. Tipos eventuales, cuyo interés radicaba en pasar con ella sólo un buen rato. Ella al final se sentía abandonada, pero tenía el hombro del fantoche, siempre presente, para llorar. Tenía a esa gran compañía para sobrellevar el desprecio y, aunque no confesado, curarse el herido ego.

El fantoche no entendía, seguía con su visa, siempre rechazado para lo que él quería. ¿Cómo despreciaba ella el amor verdadero? ¿Era tan ciega y tonta? Era un absurdo, pero él allí seguía. Paciente como el inglés herido en la Seguna Guerra Mundial. En el fondo humillado y ofendido. Pero ‘el amor todo lo puede’, se decía como mantra que no se desgasta.

El fantoche sentía celos y se sentía nada. No era amante, amor, ni siquiera amigo, el fantoche estaba en el limbo sentimental, en el espacio de las moleculas amorfas del corazón. Para ella era sólo una muleta que se usa cuando se comienza a cojear, en esos espacios intermedios en los que ella cogía y recogía parejas eventuales y pasajeras que le hacían mal. Seductores, don juan y don nadie. Un patrón siempre igual. Sin fin.

El fantoche esperaba con paciencia, mordiéndose las uñas, desesperado, sintiendo celos hasta del portero que le abría a ella las puertas del edificio, y obvio que más celos aún del Romeo al que ella le abría las piernas tras el primer guiño.

Hay muchos fantoches así. Algunos más pacientes que otros. No faltan aquellos que hacen de este ‘sentir celos siendo nada’ una forma de vida, miserable, pero al cabo ese es el sinsentido que les da motivos para seguir vivos.

Esos fantoches convierten las quejas y lamentos en el aire que respiran. Mártires voluntarios que aspiran al Sagrado Cielo del Ridículo.

Los fantoches de esa calaña esperan y se muerden las uñas.

Pasa el tiempo. Algún fantoche despierta, recoge su estrujado corazón del fango y su dignidad del excusado de bar a medianoche. Los lleva a la tintorería y sigue caminando, con un aprendizaje bien tatuado, que sin embargo a veces se le borra. La naturaleza manda, el instinto rige y el llamado de la selva siempre está tocando a la puerta.

‘Es horrible sentir celos y no ser nada’, son las últimas palabras en el lecho de muerte de los buenos fantoches, que ni al final de sus días tienen suerte como en los tiempos del cólera.

Hay un ‘pero’ que vale: el peor caso de todos, es el de aquellos que logran tener una relación de pareja con su amada. Despiertan de la peor manera, dándose cuenta de que ella no es lo que esperaban. ïdolo caído del nicho ruinoso, ilusión rota. Y todo estalla, el fracaso Titánico se hunde así, de repente, con un choque estrepitoso. Glu, glu, glu. Y luego rencor del más odioso. Para culminar con celos de nuevo, esos celos rencorosos, cancerosos, acumulados desde el primer día en que ella jugó con él.

De todo esto sólo destaca una verdad: “es horrible sentir celos y no ser nada”.

“La mujer y el pelele”, de Ángel Zárraga, 1909

S.O.S.

Aunque nadie dé una mierda por lo que digo, yo sigo hablando, sigo escribiendo.

Aunque Dios haya dejado descolgado su teléfono, le sigo llamando.

Pensando, soñando, viviendo.

Aunque la vida es sueño.

Deseando, descartando, resignándome.

¿Hay algo más qué hacer?

Ella es una, ella es varias, ovarios señalados.

¿Te gustan las curiosidades? ¿Te gustan las señales?

Date un festín con este escrito freudiano.

Sólo sé, que no sé nada.

Sólo sé que el que no sabe nadar se ahoga.

Y ahora, en el ágora, me asfixia tanta gente.

Igual hubiera sido mejor hundirme en el río de Corrientes.

La asfixia, la catafixia, malicia. No hay nada más que rime con Alicia.

Me maravillo en su país, con su sapiencia.

Lo que no se comprueba, NO es ciencia.

Créanme que cuando menos se me entiende, más digo.

El principe jodido que se disfrazó de mendigo.

Rima fácil, para maquillar imperfecciones,

dichos que son ríos que ahogan ilusiones.

Las profecías dijeron muchas cosas,

que espantan y que azoran.

Yó solo digo, que vale una pavada,

rima con chingada y yo sólo sé que no sé nada.