divagaciones, escritos

Como un grumete vejete

Quizás una de las metáforas más acertadas de la vida sea la de navegar.

A veces hay vientos favorables, otras hay calmas que no llevan a ningún lugar, en ocasiones hay tormentas y si tienes mala suerte hasta naufragios.

La mayoría de las veces se cree tener un rumbo (ay de ti si no llevas instrumentos o si no sabes leer lo que dicen las estrellas, metafísica aparte), pues es muy fácil perderse en la vastedad del océano, todo parece igual hacia cualquier lugar.

Suena mucho a la vida, ¿no?

Hay también grandes dosis de aventura. Se requiere de pericia y experiencia, pero nada está garantizado.

A veces se llega a buen puerto, otras te pueden considerar muerto.

Ok, hoy sueno a Forrest Gump con su maldita caja de chocolates. Pero lo que es el mar, los trenes y la magia son constantes de mi imaginación, y casi siempre les encuentro relación con la vida.

grumete

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divagaciones, escritos

Esta es mi película

“Luces, cámara e inacción”…

La película era suya, dirección y producción.

Experimental porque carecía de guión y se iba haciendo sobre la marcha. Esas cosas raras de los 60 revividas 40 años después.

“Es mi película, así que harás lo que diga”, dijo.

El resto del mundo eran los personajes secundarios y toda geografía mundana e inmunda era el escenario.

Monigotes entraban y salían, locaciones extravagantes, viajes desperdiciados.

El la improvisación dependía del humor que ella tuviera ese día. A veces era un drama, otras una comedia, las más de las veces era nada y todo pareció ser una montaña rusa sin sentido y que inspiraba náuseas.

“Corte, se repite”.

Va de nuevo, la escena que no salía, y que cada vez que se repetía era peor.

Se hacían breves ensayos sobre la marcha.

Los extras desfilaban, y los protagónicos perdían fuerza, se quedaban por ese amor al arte, ya mentado, pero el cansancio fue alimentándoles el desamor.

Los personajes se confundían, la víctima se mezclaba con la personalidad del verdugo y la verdura era más roca que fruta. “¡Aghhhh!”, era el grito de frustración.

No hubo reemplazos mientras estuvo vigente el tácito contrato que nadie firmó. Todo había sido por amor.

Ningún estudio quiso dar apoyo tras ver el fracaso asegurado y el abismo sin fondo en que se metió el último patrocinador que se ambaucó en el proyecto. “Corte y queda”, era la orden que menos se escuchaba durante la filmación.

Todos envejecieron y abandonaron el sueño.

El resultado fueron kilómetros y kilómetros de pietaje enlatado en alguna bodega perdida. No hubo estreno ni alfombra roja, mucho menos osos en Berlín, palmas en Cannes y Oscars en Hollywood.

El orgullo se perdió.

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Crónicas urbanas, escritos

Otro viejo saxofonista

Ardiente mediodía, en la sequía de un mundo que se va quedando sin agua, que va alterando su clima con un calentamiento asexual. Un saxofonista nonagenario, pidiendo limosna soplando tres notas en el vapuleado instrumento de viento… Tuuut, Tuuut, Tuuut, tonada aburrida, enfermiza, incapaz de sacudir la indiferencia de los citadinos. Ellos siempre con prisa de ir a todos lados (que es lo mismo que tener prisa para ir realmente a ningún lado).

Tuut, tuut, Tuut, ciertas edecanes de entalladas prendas, luciendo sus curvas para repartir publicidad en papel de una escuela privada, llaman la atención de todos los hombres acostumbrado a la objetivación femenina, encadenada, esa que pone a la mujer al mismo nivel que una lata de cocacola o de un papel higiénico suave, digno para trasero de oso. Las edecanes reparten papeles, cumplen su papel tradicional en esta suciedad y llaman la atención, llevándose de vez en cuando una guarra lisonjeada o quizá una descarada manoseada. Tuut, Tuut, tuut.

El saxofonista encorvado, sentado en la acera, cuasimodo adolorido y doblado por los años, cansado de la vida pero incansable para seguir con su necia tonada.

Y esos aztecas híbridos, mestizoa que en realidad no son más que gringos de tercera, obreros de cuello blanco, positivos creyentes del neoliberalismo, quienes juran que hay justicia laboral, que están acostumbrados a jornadas de 10 o 12 horas al día, horas extras en su oficina que no se recompensan monetariamente, pero dicen que así es esto, es lo que se tiene que hacer para ser alguien, y parecen bien pagados porque tragan café en Starfucks. Viles sombras tan efímeras como yo o como tú, que sienten que son algo, que sonríen como lo dicta el curso y el manual empresarial y de superación personal. Soñando en autos, en materializar sus sueños, y sí, sólo sueñan en cosas materiales. Tuuut, Tuut, Tuut.

Calle tapizada de publicidad, todo es marca aquí, marca allá, registradas en el espectacular arriba del edificio, en los carteles pegados en las bardas, en los anuncios con ruedas, en las ventanas y aparadores, en el piso, en la camiseta de algunos, en los calzones de otras, en las gafas de los terceros y en los tatuajes de los cuartos. Tuut, Tuut.

Calor abrasador. Rabia y odio sin objetivo preciso, democrático y bien compartido para con todos los semejantes, destilado frente a cada uno de los volantes que pasan conduciendo sendos autos por esta calle transitada. Todos los conductores quieren pasar primero, y esto ocasiona que nadie en realidad pueda pasar. Sí, esto es la jungla nena. Tuut, tuut, tuut.

Manicomio sin muros, todos enfermos sin esperanza, creyendo que viven y que son algo, dejando para mañana lo que es para mañana, olvidando que siempre es presente. Tuut tuut tuut.

El viejo da su último soplido, se desvanece y alguien, con un dejo de alma, lo deja allí tirado. El viejo muerto por sofoco no tardará en ser levantado, para descansar frío en una fosa común.

 

Imagino que comienzo a repetirme, o quizá antes era más cuidadoso con aparentar que no me repito. Esto que vi ayer, que escribí hoy, se parece tanto en muchos sentidas a algo que viví y escribí hace ya más de cinco años. coinciden: el anciano, el instrumento musical, la ciudad, la indiferencia y la actitud de mucha gente a ser como los estadounidenses, pero en región cuatro, versión tres o cuarta categoría. Éste es El “otro” saxofonista

 

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Cuidado

Jamás te enamores de un artista con convicción, porque lo más que serás es un segundo lugar en su vida. Jamás te hagas amigo de un ególatra, porque siempre quedarás en el papel secundario. Nunca caigas en las redes de una mujer fatal, porque no serás más que un accesorio. No es bueno ser el blanco de aquella que no tiene tino, o que lo tiene muy fijo, y compartido. Qué más, qué te puedo decir si no crees en la biblia ni en ninguna otra literatura sagrada, y menos crees en el sentido común. Todos tenemos cortos circuitos en la azotea. Todos tenemos la necesidad de ser reconocidos, y los que no, son sombras masificadas. No puedo decir muchas cosas en una noche de excesos moderados, no sé qué más opinar cuando esperas confesiones de quien sólo quiere salir. No te metas en el camino de quien sólo ve por sí mismo y únicamente le atrae lo nuevo, pues acabarás en un extravió peor que el de esa persona. Aquí ahora, y mañana en otro lado. No esperes de esa persona un puerto para las tormentas. De hecho no confíes en nadie. Confía en ti y en lo que brilla de verdad; la pirita no es oro, jamás.

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Consejos

La mujer recién divorciada se sentó frente a su amiga casada, quien atravesaba una crisis de pareja.

La mujer recién divorciada aconsejaba a su amiga, con frases ciertas aunque trilladas: “el matrimonio es una constante concesión de ambas partes”, “la pareja no debe nuna olvidar cómo comunicarse, hablar y escucharse”

¿Por qué la mujer recién divorciada se separó recientemente si es tan sabia en asuntos maritales?

Desde afuera todos somos expertos teóricos, los eficientes matadores de toros que sabem todo desde la platea, desde afuera todos vemos las cosas con claridad; pero adentro todo es borroso y visceral.

Lo mejor sería que guardáramos silencio, pues todo es y será siempre igual.

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Larga vida

Me consta. El tiempo pesa más que cualquier metal. El plomo flota si lo comparamos con las hojas del calendario. Lo que se gana en experiencia, se pierde en vigor y fuerza. Compensaciones de un destino que tienen amargo sabor a injusticia.
A pesar de todo, nadie está nunca satisfecho con lo que tiene.
Los jóvenes desprecian su juventud, comienzan a valorarla a partir de que la pierden.
Los viejos tienden a entristecerse por su realidad y por el extravío de sus sueños (aunque muchos ya ni siquiera pueden dormir).
Desearle a alguien “larga vida”, puede ser para muchos más que un buen deseo, una maldición.
Los viejos tienden a glorificar los tiempos pasados, como si realmente hubiesen sido mejores y más justos. La memoria es más selectiva que la evolución. Claro que hay viejos que no han sido del todo carcomidos por ese autoengaño, y en un rincón de su alma saben que mienten cuando ponderan los días idos.
Todo ha sido y será siempre igual para la humanidad.
En tiempos del rey Arturo la gente se quejaba de que la caballerosidad estaba extinta, en tiempos del rey Midas el dinero era insuficiente.
En alguna vieja película de Tarzán mencionan que los elefantes, longevos por tradición y maldición, presienten cuando van a morir y entonces se largan a un mítico paraíso de marfil, conocido como el cementerio de los elefantes.
El ser humano hace lo contrario, trata de evadir la muerte, procurando irse a donde hay sobrepoblaciones de su especie, para en medio del tumulto, sentirse más solo que en medio del Sáhara. Siempre pensando que la muerte le es ajena. Así cree prolongar su vida, perdiendo el vivo y sobreviviendo de forma automática. Curándose de enfermedades que en el pasado arrasaban con quienes podrían ser los hijos de los viejos de hoy.
Hoy se prolonga la decadencia, se maquilla la agonía siempre tratando de ganarle la partida a la muerte, pero ésta siempre resulta vencedora al final.
Entonces el hombre actual llega arrastrándose indignamente, cargando en sus espaldas el paso de los años y su propia historia, hasta el sitio que la muerte lo reclama.
Sí, cada vez venden más pañales para adulto en el supermercado. Seguro ni lo habías notado.

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divagaciones, escritos

Pensando en ti

Eres la más clásica belleza, la más bella de todas las clases, la más princesa de toda la nobleza y la más noble de la realeza. Eres la duermevela de mis madrugadas, inspiración de mis ensoñaciones. Eres la más dolorosa de todas mis derrotas, la más honrosa de todas mis victorias, la más salvaje de todas las tormentas y la única soportable de mis torturas. Eres la más sublime de todas las penas y la más deseada de todas mis caricias, la más auténtica de todas las verdades y el jardín de mis delicias. Eres el más pasado de todos mis presentes y el más futuro de todos mis pasados. La más grabada en mi mente y el más justificable en mis pecados. Eres la más triste de todas mis historias, la más feliz de mis memorias. La más real de mis fantasías y la más perdurable de mis alegrías. La más terrible de mis pesadillas, la más esperada de mis días. Eres el más imposible de todos los olvidos y el más bonito de mis delirios. Y con este bolero sin sabina me quedo solo, platicando en la cocina… pensando en ti.

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